Friday, March 13, 2009

RELACIONES LESBIANAS HABLANDO ACERCA DE NUESTRAS RELACIONES

RELACIONES LESBIANAS
HABLANDO ACERCA DE NUESTRAS RELACIONES
Kali Munro, M.Ed., Psychotherapist, 1998, 2001

En un tiempo u otro la mayoría de nosotras ha oído estas jugosas palabras “¿Adivina quién sale con quién?” o ¿Has oído quienes se han peleado?. Nuestros intereses van de arriba abajo a las relaciones de las otras, y nuestro deseo de saber no se limita a las lesbianas que conocemos, sino también a las de comunidades distantes. Y mientras muchas lesbianas rumorean o especulan sobre otras lesbianas ¿cuan a menudo hablamos de lo que realmente sucede en nuestras relaciones?. Realmente hablar, no solo de lo que es bueno, sino también de lo que es malo.


El mito de la Relación Lesbiana Perfecta

Es riesgoso ser honesta acerca de nuestras relaciones, dado que existe un mito no escrito de que todas las relaciones lesbianas son perfectas. Si la nuestra no cabe dentro del modelo ideal, entonces algo debe andar mal con nosotras.
Nuestra necesidad de proclamar y proteger nuestro amor en el contexto de una sociedad que odia a las lesbianas muchas veces se transforma en la presión de esconder las peleas en nuestra relación por miedo a que estas se usen en nuestra contra. Esta necesidad de defender nuestra relación y mostrarla como perfecta puede desembocar en negar o minimizar los problemas que existan.


Nosotras creamos nuestras relaciones

En relaciones lesbianas verdaderas puede haber una gran variedad de tratos. El modo en que construimos nuestras relaciones es una mezcla del reflejo del modelo de relación heterosexual unido a nuestra propia creatividad para crear una relación sin tener modelos. Con pocos o ningún modelo en el que basarnos, somos mas libres que los heterosexuales para crear una relación mas equitativa que una basada en los condicionamientos sociales y las expectativas.
La mayoría de las relaciones lesbianas no siguen para nada el modelo heterosexual, sino que operan con valores totalmente diferente. Pueden ser amorosas, no monogramas, ser polígamas, vivir en casas separadas por años, estar de acuerdo en resolver los problemas mientras están juntas “por todo el tiempo en que nos sintamos bien juntas” en lugar del tradicional “hasta que la muerte nos separe”, y considerarse la una a la otra como iguales, amigas y amantes. Estar en una relación lesbiana puede sentirse como comenzar a arañar, preguntándonos a nosotras mismas que clase de relación buscamos en lugar de sentirnos obligadas a seguir algún modelo de Hollywood.
Pero no es fácil ser inventiva. No vivimos en un vacío, tenemos en contra las presiones sociales. Para las lesbianas la homofobia puede presentar una carga de presión y lastimar nuestra relación.


La presión de la homofobia

Muchas lesbianas sufren bajo la mirada crítica de los familiares y parientes. Se preguntan si salir o no del closet, ante quienes y cuando ocurrirá. Incluso si están de acuerdo en no salir, puede haber diferencias entre dos mujeres acerca de cuanto esconder la relación. Si una de las integrantes de la pareja esta mas asumida que la otra, la constante negación por parte de su pareja sobre la relación puede hacer que se sienta herida, insegura y no querida. La que esta dentro del closet puede resentirse con su pareja por recordarle su propia inseguridad y sentimientos de culpa. Ambas mujeres se sentirán deprimidas, irritables e infelices y comenzará a discutir.
Sentimientos de dolor y enojo pueden derivar en peleas y preocupación por la estabilidad de la relación. En este situación, es de vital importancia para las dos mujeres hablar acerca de lo que sienten, y escuchar y entender los miedos e inquietudes de la otra.
Aún cuando las dos mujeres estén totalmente asumidas como lesbianas, la homofobia puede influir negativamente por causa del hostigamiento, miedo al hostigamiento, momentos en que asusta dejarse ver juntas entonces se mantienen aparte, rumores que empiezan a correr, las presunciones que se hagan acerca de una y mucho mas.
Repetidamente remarcado el problema es la homofobia, mas que lo inadecuado de la relación. Ambas mujeres deben ayudarse para dejar la culpa de donde proviene y en lugar de pelear sobre cómo manejar la situación es mucho mejor reconocer este problema y buscar la salida a él juntas.


Doble estigmatización

Cuando hay diferencias entre dos mujeres, basadas en cosas como la raza, cultura, edad e identidad sexual estas pueden ser obstáculos adicionales para cruzar. Agreguemos a esto que es real que las lesbianas nos volvemos críticas y no nos apoyamos en estas diferencias asumiendo que la relación nunca va a funcionar. Esto puede ser particularmente desvastante y aislante para una pareja, ser rechazadas por la mayoría y por sus propias comunidades.
A pesar de que una parte de las amistades acepten a la pareja y este número sea cambiante, todavía es muy duro para las parejas ser doblemente estigmatizadas. Una pareja en esta situación se siente que siempre debe presentar a la otra integrante como perfecta porque todo le mundo está esperando que la pareja falle. Es demasiado exigencia para ti misma. Encontrar gente que apoye la relación es muy importante, aún si esto significa acudir a terapia de pareja por un tiempo.


Tener tiempo propio

No es extraño que en el principio de una relación las parejas lesbianas tienda a pasar todo su tiempo libre juntas, apoyadas en el enamoramiento y en el descubrimiento mutuo. Las amigas dejan de verse y las actividades por separado cesan, y la relación se convierte en capullo. Esto puede hacer que las dos mujeres se sientan muy bien por un tiempo. Pero luego este total enfoque de la una en la otra decrece, usualmente cuando una de las mujeres expresa su necesidad de espacio propio.
Ella puede necesitar tiempo para estar sola, o buscar pasar mas tiempo con sus amigas. Si prospone este deseo por mucho tiempo, esta sensación de necesitar tiempo puede convertirse en desesperación. En la otra vía, su pareja puede oírla decir que necesita estar un poco alejada. Sintiéndose rechazada, esta última puede enojarse y cuestionar el amor de la otra o la mutua compenetración. La que busca espacio se sentirá incomprendida, sofocaba y controlada, y eso causará que sienta aún mayor necesidad de espacio propio. ¡Una combinación para nada favorable!.
Pequeños o grandes lotes de mutuo entendimiento y confirmaciones de este punto, la mayoría de las parejas terminan discutiendo. No importa cuanto quieran comprender la necesidad de apoyo en la necesidad de la otra de espacio separado, este espacio solo surge después de una pelea, lo cual no es satisfactoria para ninguna de las dos mujeres.


Negociando con nuestras diferencias

Negociando las diferencias puede ser un cambio real para las parejas. Como lesbianas, amamos que amabas seamos mujeres, nuestra semejanza nos hace sentir bien. Nosotras nos deleitamos en la otra, en su cuerpo, en las cosas que hacemos juntas, intercambiar ropa, compartir la comida, músicas, ideas y risas.
Pero, cuando hay un punto o muchos puntos de diferencia, estas diferencias se sienten incómodas, nos asustan o nos enojan. Desde las cosas menos importantes como cuando irse a dormir, a las mas importantes como sentir rechazo por las amistades de la otra o no disfrutar del mismo tiempo de actividades sociales, en algún momento descubrimos que las diferencias existen.
Nuestra dificultad como parejas lesbianas reside en que negociar estas diferencias puede conducir a la disconformidad con las separaciones que estas puedan causar, o el hecho de que estas diferencias cambian los supuestos sobre cómo las relaciones “deberían ser”. Pensamos que el sentir cosas por separado no está bien o que esto significa que existe un problema cuando en realidad es muy sano descubrir estas diferencias y esto puede ayudarnos a sentirnos mucho mas cercanas. De pronto nos sentimos incómodas con este privilegio y cómo este puede darnos poder en la relación.
Si nuestra identidad esta envuelta en la otra persona, podemos creer que nuestras diferencias significan que algo está mal entre las dos, pero las diferencias son solo eso….diferencias. No significan nada mas que el cambio de tener que aceptarlas y quizás regocijarse con ellas. Cada una puede aprender de las diferencias de la otra. Una mujer que necesita mucho espacio puede aprender como manejar esto de modo claro y sin herir a su chica. Una mujer que necesite menos espacio puede aprender el valor del tiempo propio cuando su pareja toma espacio para sí misma.
Nuestra inclinación tiende a suprimir las diferencias porque nos preocupa que estas signifiquen que algo está mal en la relación. Pero, suprimir las diferencias solo conduce a relaciones chatas y apagadas o en el caso opuesto, a constantes peleas. Desconocer o desvalorar las diferencias conduce a resentimientos, descenso del deseo sexual, desbalanceo del equilibrio de una pareja, frustraciones y amargas discusiones. Dejar que las diferencias surjan a la luz del día y no atacar nada de modo negativo significa darle vida a una relación. Nótese que hablar y apreciar las diferencias puede prevenir muchos problemas.


Negociando los conflictos

Cuando el resentimiento surge, la mayoría de las mujeres evita mostrarlo. La mayoría de las nosotras nunca pensó en medios para negociar con nuestro enojo o nuestros conflictos. Muchas mujeres tratan duramente de estar junto a su pareja como sea, minimizando las diferencias y suprimiendo los sentimientos de enojo o resentimiento. Pero, nuestro enojo no se va a ningún lado y generalmente crece y se expresa en formas indirectas que generalmente resultan hirientes para la otra persona y para la relación. Expresar los resentimientos es realmente importante y las mujeres tenemos que trabajar para poder hacer esto. Tomar tiempo para escuchar a los demás puede ayudar. Escuchar y entender los motivos de enojo de la otra ayuda. No se trata de que esta bien o que está mal sino acerca de entender los puntos de vista de cada una.
Muchas veces un buen remedio para una relación en problemas es hablar con una amiga de confianza acerca de lo que esta pasando dentro de tu relación. Nuestros conflictos no son muy diferentes a los de los demás y podemos aprender escuchando como otras lesbianas han manejado sus problemas….algo de lo que nunca oiremos lo suficiente.


Puedes leer mas artículos de Kali Munro en su web http://www.KaliMunro.com


ROSTRO OCULTO DE LOS PUEBLOS PRECOLOMBINOS
Eduardo Ramón López


Durante el descubrimiento de América, los colonizadores encontraron en estas tierras una gran diversidad de prácticas sexuales, desarrollándose todas en un ambiente de respeto y dignidad, pues los modelos de tradición histórica existentes en estas sociedades, no condenaban al individuo que nacía en su seno a un tipo de conducta única. Las crónicas escritas entre los siglos XV, XVI y XVII, dan fe de la presencia en suelo americano de todas las variantes de la homosexualidad, sin que estas fueran vistas con algún desprecio o repulsión.

En Centroamérica y las islas del Caribe, los homosexuales eran considerados como mágicos, dotados de poderes sobrenaturales y su cercanía era augurio de buena suerte, el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo nos cuenta, que fue testigo de como en busca de protección y ayuda divina los pobladores “traían por joyel un hombre sobre otro en aquel acto de Sodoma, hecho de oro de relieve”.

Durante la acción evangelizadora de fray Bartolomé de las Casas en México, este prelado observó que la orientación sexual de los hijos jamás fue un conflicto ni un motivo de remordimiento para los padres aztecas, en sus trabajos el religioso cuentan como en estas regiones cualquier varón que quisiese podía ser hija, y así, los padres “le vestían de mujer le enseñaban artes, le buscaban marido y le casaban”

En los pueblos precolombinos cada grupo indígena concibió a la sexualidad de acuerdo con los parámetros establecidos en su cultura, en el Reino de Nueva Granada los caudillos desnudos promovían las relaciones homosexuales entre sus seguidores, esto escandalizó al cronista fray Pedro Simón quien indignado sentenció a todas estas naciones por haber “caído en el pecado nefando”.

Al describir la organización de los Incas, el cura doctrinero fray Gregorio García nos informa de la existencia de prostíbulos masculinos dedicados a atender a hombres; así mismo la crónica de Pachacuti Yamqui comunica, que en tiempo del Inca Lluque Yupanqui “habían sido criados varios muchachos para que atiendan sexualmente a los soldados de guerra”.

En el imperio incáico, los prostitutos fueron muy populares y su servicios sexuales fueron muy bien pagados por los varones, se los conoció con el nombre de pampayruna que significa hombre puto.

La relación de Pachacuti narra que cuando nació Amaro Ttopa Inga todos los animales fieros y repugnantes fueron expulsados de la comarca del Cuzco, llenándose la ciudad de piedras hermosas que alumbraban de noche; al mismo tiempo, se mando a recoger a todos los enanos y jorabados para que se ocupen de tejer la ropa para el recién nacido; y a pesar de que no se sabe que vaticinaron los hechiceros sobre el futuro del nuevo heredero , la crónica nos informa, que para celebrar el acontecimiento desde las zonas boscosas del Tahuantinsuyo fue trasladado al Cuzco el dios Chuqui Chinchay “guarda de los hermafroditas e indios de dos naturas”.

La relación de Pachacuti es la que mejor da a conocer la fuerza que tenía en los Andes sudamericanos el concepto de un creador andrógino, pues este mismo autor en un gráfico con el que apoya uno de sus escritos, coloca a Viracocha en la cúspide del orden cosmológico, sugiriendo la dualidad sexual de este dios que incorpora a su naturaleza las fuerzas ocultas que cada género representa.

Una de las primeras actividades que desarrollaron sacerdotes y encomenderos en tierras americanas fue la evangelización de sus pueblos, con este acto se lograba, borrar la memoria histórica de las civilizaciones precolombinas y su inmediata asimilación a la cultura hispánica. La estructura cronológica e ideológica de la relación de Pachacuti en una de las que mejor muestran la importancia que para los colonizadores tuvo la evangelización de América, pues es evidente que hasta se trató de crear un nuevo evangelio, en el cual los Incas eran merecedores de los crueles castigos que recibieron de parte de los españoles en señal de justicia divina.

Los trabajos de Pedro Cieza de León entregan datos de un tipo de homosexualidad religiosa, cuando nos informa que “cada templo o adoratorio principal tiene un hombre, dos o más según el ídolo, los cuales andan vestidos como mujeres, y con éstos casi por vía de santidad y religión tienen su ayuntamiento carnal los señores y principales”.

La descripción de Cieza de León detalla como en las grandes fiestas religiosas, con estos santones gays sólo podían tener relaciones sexuales los hombres más ilustres y respetados, en una mezcla de religiosidad y reconocimiento social. En este punto la crónica es casi una copia textual de la narración que hace fray Bartolomé de las Casas sobres las prácticas homosexuales de los Aztecas.

Las descripciones que Cieza de León realizara sobre la homosexualidad sagrada de los Incas fue mejorada por Bernabé Cobo, quien describe el culto homosexual que se daba en Pachacamac y Apurímac dos de las más grandiosos y respetables santuarios del Tahuantinsuyo.

El santuario de Pachacamac se ubicó cerca de Lima y después del sobrecogedor Coricancha del Cuzco, este templo tenía el segundo lugar en grandeza, devoción, autoridad y riqueza. Al igual que sucede en los santuarios universales, a él venían en peregrinación las gentes de todo el imperio incásico.

Según los conquistadores, en Apurímac el ídolo al que se rendía culto hablaba, tenía senos y le vestían con enaguas. Por los infinitos poderes que le atribuían, todo hombre para visitar su santuario debía de vestirse de mujer, y al aproximarse a la deidad en señal de sumisión estaba obligado a cubrirse los ojos y generalmente tembloroso y lleno de emoción, se arrodillaba con la cabeza apoyada en el suelo y levantaba los glúteos, según Bernabé Cobo en “posición indecente y fea”.

Los cronistas Cieza de León y Gracilazo de la Vega señalan, que en la costa ecuatoriana la actividad homosexual fue “más evidente que en todas las demás naciones”, dándose el caso que en la isla Puná, su cacique Tumballá tenía a varios homosexuales en su harén, todos cubiertos de oro y piedras preciosas.

En esta América cobriza unos pueblos parecían el espejo de otros, y el caso del cacique de la isla Puná no fue excepcional, Gonzalo Fernández de Oviedo nos relata que en las islas del Caribe, otro rey, el cacique Goanacagari también cubría de oro y joyas a sus amantes varones y mujeres en una expresión típica de bisexualidad..

El historiador Garcilazo de la Vega recoge los mitos asombrosos que existían en todo el litoral ecuatoriano, en donde los protagonistas eran héroes gays; una tradición repetida generación tras generación narraba, que arrastrados por la furia del mar, llegaron a las costas ecuatorianas unos hombres gigantes todos llenos de gran valor y que luego de vencer en cruentas batallas a los de tierra construyeron en piedra edificios hermosos y soberbios, “pozos hondísimos obra por cierto digna de memoria”, esta misma relación señala que los restos de estos marinos de admirable grandeza se encontraba esparcidos entre Manta y Portoviejo y además que todos fueron homosexuales. Esta y otras crónicas permiten afirmar que en la costa ecuatoriana antes y durante dominación incásica, la homosexualidad estuvo magnificada.

A medida que se leen más crónicas, la narración que informa de la existencia de prostíbulos masculinos en todos los grandes templos crece, así, Domingo de Santo Tomas cuenta que entre los serranos las prácticas homosexuales estaban cobijadas por una especie de santidad. Y que a pesar de que algunos indígenas decían que lo aborrecían, sin embargo lo practicaban secretamente.

Igualmente, la homosexualidad femenina era muy conocida entre los precolombinos, la crónica de Felipe Guamán Poma de Ayala afirma que Kapak Yupanqui tenía “un cariño muy especial por ellas”.

Los Incas tuvieron mucha consideración por las mujeres cuya desenvoltura en el trato social fuera varonil, pues estas mujeres gozaban de muchos privilegios, podían participar en combates, tenían la posibilidad de mantener relaciones promiscuas y de participar en la toma de decisiones.

Por el historiador Agustín Zárate, conocemos la existencia de una provincia exclusiva de mujeres que sólo consentían hombres con fines reproductivos, cuando éstas tenían hijos varones, éstos eran enviados para ser educados por sus padres.

El segoviano Antonio de Herrera y Tordesillas asegura que en algunas etnias las mujeres asumían definitivamente papeles masculinos, así por ejemplo entre los naturales de Brasil, ” algunas mujeres dejan los ejercicios de mujeres, imitan a los hombres, se cortan como ellos los cabellos, van a la guerra y a la caza con arco y flechas”.

Los expertos en estudios etno históricos sugieren que el patrón de conducta de estas mujeres fue lo que originó en América, el mito de las denominadas amazonas.

La amazonas americanas se organizaron constituyendo pequeños reinos que habitaron todas las regiones del imperio incásico, en cuanto a su estructura social, estuvieron gobernadas por una reina, que se apoyaba y asesoraba con guerreras invencibles.

La crónica de Francisco López de Gomara asegura, que en una pelea una de estas guerreras pudo matar a ocho españoles.

Para vivir libres del control masculino, las amazonas vivieron dentro de fortalezas inexpugnables llamadas warmi pucará.

Las amazonas mantuvieron fuertes relaciones comerciales con todo el imperio, por esta razón fueron muy respetadas, su desenvoltura como si fuera hombres las convirtió en heroínas, que cautivaban y exacerbaban la imaginación de todos; una de las reinas más mencionadas en los relatos es Goboimilla que significa “cielo de oro” , quien pagaba tributo al imperio con ropa tejida.

Estudios antropológicos y lingüísticos han demostrado que los Incas utilizaron varias voces para llamar a las amazonas, pues las llamaban chanchak marmi, kakcha, warkana o komí, palabras que tienen el significado de lesbiana.

La homosexualidad femenina fue bien vista en los pueblosandinos, dándose el caso de que en los estratos nobiliarios del imperio incásico esta conducta sexual estuvo idealizada.

Conocemos que la homosexualidad hasta el siglo XIX fue conocida como pecado nefando, contra natura o el crimen sin nombre, y para el complejo ideológico moral de los colonizadores estos fueron los pecados más indignos, sin embargo curiosamente la homosexualidad femenina no fue condenada, ni considerada como una relación contra natura, ya que en aquellos tiempos no se sabía si la mujer con la excitación emitía o no su propio semen.

A más de las fuentes escritas antes mencionadas, el material arqueológico proveniente de aquel remoto pasado nos ofrece datos sobre la existencia de prácticas homosexuales de carácter mágico religioso. Así, las culturas Moche y Vicús del centro y norte peruano plasmaron artísticamente en vasijas de arcilla representaciones de la vida gay de estos pueblos.

El sueño homosexual y la relación homosexual con seres míticos fue tema de creación para los artistas estos pueblos, cuya actitud ante la homosexualidad hizo que los colonizadores los anatematizaran, calificándolos de culturas depravadas.

Los últimos estudios históricos y antropológicos, consideran que se debe tomar con mucha reserva lo afirmado por algunos cronistas, sobre los terribles castigos administrados por Aztecas, Incas y otros pueblos prehispánicos a los homosexuales, nuevos elementos de juicio permiten asegurar categóricamente que estas penas jamás existieron, y no fueron otra cosa que un agregado personal que los historiadores dieron a sus obras con fines moralizadores, puesto que estas historias oficiales fueron redactadas por encargo de la Corona o de la Iglesia.

Los datos referentes a las prácticas homosexuales de lospueblos precolombinos motivaron a los etnógrafos Patricia Alberts y Evelyn Blacwood, a realizar un trabajo de investigación entre las tribus norteamericanas tratando de descubrir que aspecto de lo narrado por los cronistas de Indias había sobrevivido a la rígida moral judeocristiana impuesta por los colonizadores. Estos profesionales descubrieron que entre los indios Crow habían hombres que se vestían de mujeres, practicaban el shamanismo y se dedicaban a conceder favores sexuales a los grandes guerreros. Conocidos como berdache, estos homosexuales eran tratados con grandes honores y se los consideraba un género aparte, de ahí que, ser servido por un berdache era algo que todo Crow anhelaba puesto que era un encomio a la hombría.

Respecto a las prácticas lésbicas los etnógrafos encontraron que estas estaban institucionalizadas en 33 sociedades indias norteamericanas, en estas sociedades se aceptaba transformaciones de género a las mujeres, por lo que estas pueden establecer relaciones afectivas y sexuales con otra mujeres y casarse formalmente.

Uno de los cimientos sobre cuales se fundamentó la conquista en América fue el de la evangelización, la misma que tuvo entre sus objetivos implantar creencias y comportamientos cristianos entre los indígenas. Desde este momento la iglesia y el estado se convirtieron en los controladores de la sexualidad con el fin de que los pueblos precolombinos borren definitivamente el nexo que los unía con su pasado de tradiciones propias.

Es evidente que en la historia de la humanidad la homosexualidad ha sido repudiada, tolerada o idealizada según la época. En América la apreciación de la homosexualidad por parte de la sociedad debe considerarse por lo menos en dos etapas, la primera sería antes y la otra después de la conquista española, pues de aquí en adelante estas tierras se convirtieron en teatro de toda forma de ultrajes hacia homosexuales, lesbianas, transgéneros y bisexuales.

Las memorias dejadas por los Cronistas de Indias nos permiten conocer la fatalidad que acompañó a los gays a principios de la colonización, estos fueron las primeras víctimas del nuevo sistema, centenares de santones gays murieron en la indigencia cuando fueron expulsados de sus tempos, otros y según relato de fray Bartolomé de las Casas perecieron destrozados por perros asesinos que trituraban los huesos de sus víctimas, quienes cayeron en las garras de la Inquisición Primitiva, fueron muertos a garrote vil, ahorcados, quemados vivos o condenados a remar en galeras de por vida.


FUENTES PRIMARIAS:

Cieza de León, Pedro: Crónica del Perú

Cobo, Bernabé: Historia del Nuevo Mundo

Fernández de Oviedo, Gonzalo: Sumario de la Historia Natural deIndias

García, Gregorio: Origen de los Indios del Nuevo Mundo e IndiasOccidentales

Garcilazo de Vega, Inca: Comentarios Reales

Herrera y Tordesillas, Antonio: Historia General de los Hechos de los Castellanos en las Islas y Tierra Firme del Mar Océano

Las Casas, Bartolomé de: Historia de las Indias

Poma de Ayala, Felipe Guzmán: Nueva Crónica y Buen Gobierno

Santa Cruz Pachacuti Yamqui, Joan de: Relación de antigüedades deste reyno del Pirú

Zarate, Agustín: Historia del Descubrimiento y Conquista de las Provincias del Perú


FUENTES SECUNDARIAS:

Ellefsen, Bernardo : Matrimonio y sexo en el incario.

Kauffmmann Doig, Federico: Comportamiento Sexual en el AntiguoPerú

BIBLIOTECAS CONSULTADAS:

Banco Central del Ecuador - Quito (Fondos Isaac Barrera y Jacinto Jijón y Caamaño)

Universidad Politécnica Salesiana - Quito

Pontificia Universidad Católica del Ecuador - Quito
Posted by tomas_e in 20:02:54 | Permalink | No Comments »

¿QUÉ DICE LA BIBLIA SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD?


Rafael S. V. Rivera


Algunos cristianos y judíos afirman basarse en la Biblia para condenar la homosexualidad. Cuando el último libro de la Biblia se escribió ni siquiera existía una palabra para decir “homosexual”.

¿Condena la Biblia la homosexualidad? A lo largo de los siglos la Biblia ha sido invocada como autoridad para justificar la esclavitud, la Inquisición, el racismo, oponerse al avance científico, condenar el heliocentrismo, sostener que la tierra era inmóvil y plana; actualmente muchos basan la discriminación de ia mujer y de los homosexuales apoyándose en argumentos bíblicos. Nuestra opinión es que en la Biblia se utiliza con frecuencia para justificar ideas preconcebidas no sometidas al menor sentido crítico.

Hay dos maneras de acercarse a la comprensión de cualquier texto o literatura antiguos, como es la Biblia: un acercamiento literal y uno históricocrítico. La interpretación literal finge limitarse a repetir lo que el texto dice, sin hacer interpretación; naturalmente cualquier lector interpreta el texto al leerlo, es inevitable: el entorno cultural del lector condiciona necesariamente la lectura. El método histórico-crítico trata de reproducir el contexto en que fue escrito el texto para comprender lo que entendían quienes lo leyeron por primera vez, es decir, trata de actualizarlo para hacer una comprensión lo más correcta posible. Al problema de la comprensión hay que añadir el problema de la traducción de los textos antiguos a lenguas modernas, que reflejan unos esquemas mentales muy distintos: con frecuencia traducción puede querer decir traición.

LA HOMOSEXUALIDAD EN LA BIBLIA HEBREA

El Antiguo Testamento contiene varias citas que se invocan como prohibiciones de la homosexualidad. Todas ellas se refieren a los varones, ninguna al lesbianismo, y vamos a ver que su sentido es muy distinto del que se suele explicar.

El pecado de Sodoma (Gen.19,1-11) y su texto paralelo en Jueces (Jue, 19,22-30)
Los sodomitas no fueron condenados por un “pecado sexual”, sino por faltar al deber sagrado de la hospitalidad ( obligación generalizada y común en numerosas civilizaciones antiguas). Numerosas citas bíblicas y escritos judíos y cristianos de los primeros siglos de nuestra era así lo atestiguan:

Gran canarioparatorpes


Hay numerosas citas bíblicas en las que no se relaciona Sodoma con el sexo homosexual, sino con “otros” pecados:
en Eclo. 16,8 la soberbia,
en Ez. 16, 49-50 “soberbia, gula y bienestar apacible, no socorrieron al pobre y al indigente”
en Jer 23,14 “cometen adulterio, viven en la mentira, apoyan a los malvados”.

En otras sencillamente no se hace referencia al tipo de pecado concreto: II Pedro 2,6-8, Is.1,10-20, Is.3,8-9. Muchos pasajes dejan claro que el pecado de Sodoma fue faltar a la hospitalidad contra los extranjeros, por ejemplo, Sab. 19,13-15 dice “Los de Sodoma no acogieron a los desconocidos que llegaban … los de Sodoma dieron hostil acogida a los extranjeros”.

Solamente a partir del siglo I dC. se empezó tímidamente a pensar que Sodoma fuera condenada por haber practicado la homosexualidad; pero de hecho esta confusión tardó mucho tiempo en imponerse; ciertamente hasta casi terminada la Edad Media se siguió pensando en “otros” pecados (por ejemplo, Plowman en el siglo XIV creía que sus pecados fueron la opulencia y la pereza). Lo más importante para los cristianos es que Jesús consideró que el pecado de Sodoma fue atentar contra la hospitalidad: así lo demuestran las palabras de Jesús en Luc 10, 8-12 o en Mat. 10, 5-15.

LA HOMOSEXUALIDAD

Denominamos “Código de Santidad” al conjunto de normas que regulan la pureza ritual de la religión hebrea. Su misión era mantener la cultura y la religión del pueblo hebreo (ibre del contagio de los pueblos vecinos. El Código de santidad prohíbe, entre otras cosas, la homosexualidad masculina -no la femenina- y algunas otras actividades sexuales como practicar el sexo durante la menstruación, y no sexuales: tocar sangre, tocar cadáveres, asistir a partos o enterrar cadáveres, comer marisco o carne de cerdo, cortarse el pelo, afeitarse, llevar puesta a la vez ropa de tejidos diversos, etc. Todas estas acciones y otras muchas aparecen calificadas en el texto original hebreo como “to´ievá”(1) , palabra que nuestras biblias suelen traducir como “abominación” o “sacrilegio”; ciertamente abominación y sacrilegio parecen cosas extremadamente graves, pero esto es un problema de mala traducción o quizás de mala comprensión del texto: el hebreo contrapone “to´ievá” a palabras como “`iawón”"zimmá” o “het”, palabras las tres que califican actos inmorales, éticamente incorrectos, que equivalen por tanto a nuestro término “pecado”. En cambio “to`ievá” califica a todo acto que transmita la impureza ritual: su traducción correcta, por tanto, es “tabú”. La traducción de los Setenta(2) traduce “to’ievá” al griego como “bdélygma” incluyendo bajo este concepto las transgresiones de la pureza ritual y la idolatría, en tanto que las acciones inmorales o injustas se denominan con el término “anomía”.

Los primeros cristianos se enfrentaron entre sí para decidir si los nuevos conversos no originarios del judaísmo (Ilamados “helenistas”) debían cumplir estas normas de pureza ritual. Finalmente, encabezados por Pablo de Tarso, decidieron que no. Solamente el prejuicio de ciertos moralistas sigue considerando hoy en día vinculante para los cristianos no mantener relaciones homosexuales, mientras que comer carne de cerdo, o mezclar en la misma comida la carne con el queso, o afeitarse o llevar puesta al mismo tiempo ropa hecha de tejidos diversos o tantas otras les parecen actividades inocuas.

PRACTICAS SEXUALES DURANTE LOS CULTOS RELIGIOSOS (Deu. 22 y Deu. 23,18-19)

En virtud de la Ley de Moisés, los judíos no podían participar en ningún culto pagano, pues todos comportaban idolatría. Sin embargo, los ritos de fertilidad, que incluían diversas prácticas heterosexuales y homosexuales, eran muy frecuentes en Canaán y los hebreos recién llegados de su destierro en Egipto sucumbieron al contagio; a lo largo de varios siglos oímos la voz de los profetas de Judá e Israel clamar contra los cultos extranjeros. Se prohíbe la prostitución sagrada de ambos sexos, es decir, se prohíbe practicar el sexo como idolatría en los cultos a diosas de la fertilidad, no la homosexualidad (ni el sexo heterosexual) fuera de estos cultos.

“Adam and Eve. not Adam and Steve” Con esta frase (inventada por los fundamentalistas norteamericanos) se pretende convertir el relato de la creación en un discurso ético que considere como única sexualidad válida la heterosexual. No era ésa la intención del autor sagrado, que eligió un individuo de cada sexo para simbolizar la totalidad de la raza humana y la reproducción, núcleo y sentido esta última de la institución matrimonial de los pueblos antiguos. Pero en cualquier caso, en el método científico, de la ausencia de argumentos positivos no se puede concluir un argumento positivo. Es pueril creer que porque en los primeros capítulos del Génesis no se mencione la homosexualidad ésta queda implícitamente condenada.

RELACIONES HOMOSEXUALES EN LA BIBLIA HEBREA

Tenemos dos claros ejemplos de relación homosexual: la del futuro rey David con Jonatán, el hijo del rey Saúl, relatada en el libro I Samuel (especialmente I Sam. 18,1-4, I Sam. 20, 30;20, 41-42 y II Sam.1,19-27); el amor de David y Jonatán no necesita explicación alguna, en la elegía fúnebre que canta David por Saúl y Jonatán, muertos en combate contra los filisteos, David dice:
“Qué angustia me ahoga, hermano mío, Jonatán! ¡Cómo te quería! Tu amor era para mí más dulce que el amor de las mujeres. (II Sam 1, 26).

La historia del profeta Daniel y el jefe de los eunucos del palacio real de Babilonia contada en el libro de Daniel (especialmente Dan. 1,9 ss} puede resultar menos evidente para el lector moderno, pero al antiguo no se le escaparía que las atenciones dispensadas por el jefe de los eunucos y alto cargo de la corte del rey Nabucodonosor de Babilonia a Daniel y a sus compañeros revelan un interés excepcional por Daniel. Se suele citar también la historia de Rut y su suegra Noemí (se cuenta en el libro de Rut, especialmente Rut 1,16-17), pero nosotros no vemos claramente un amor homosexual; no obstante la mencionamos porque fue puesta como ejemplo de amor incondicional en enlaces matrimoniales heterosexuales de la iglesia primitiva; creemos que el mero hecho de que la iglesia antigua pusiera como ejemplo de amor para los nuevos esposos el que se tuvieron dos mujeres basta para desautorizar cualquier condena contra el amor homosexual.

LA HOMOSEXUALIDAD EN EL NUEVO TESTAMENTO

Varias citas en el Nuevo Testamento se refieren, o se dice que se refieren, a la homosexualidad: las más representativas son: Rom 1,18-32, I Tim 1,9-11 y I Cor 6,9-10. Cada una de estas citas y algunas otras merecerán atención expresa.

Consideraciones generales
Para la comprensión de la sexualidad desde un punto de vista cristiano no debemos tomar citas aisladas, sino intentar hacer una comprensión global basando toda apreciación en criterios evangélicos:

- no excluir a ninguna persona o grupo en razón de ninguna diferencia: racial, lingüística, social, económica, religiosa, y naturalmente sexual. Jesús no excluyó a nadie.
- no convertir Ia ética cristiana en un legalismo sin sentido, lo cual sería volver a la Ley judía (Torá), que Jesús y las primeras comunidades abandonaron.
- basar toda ética en el precepto del amor al prójimo: no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti.

Debemos considerar que Jesús dio muy poca importancia a la ética sexual y familiar, nunca habló contra las prostitutas, relativizó la importancia de la familia como institución, perdonó a las adúlteras -única actividad sexual que parece considerar pecaminosa-. No habló nunca de la homosexualidad; era un tipo de relación que no afectaba a intereses sociales o humanitarios: no producía viudas o mujeres abandonadas sin sustento, no generaba huérfanos o hijos sin padre, ni tampoco provocaba otros problemas sociales. Convertir el sexo en el eje fundamental de la moral, como se hace con frecuencia, es una gravísima traición al mensaje liberador de Jesús.

ROMANOS 1,18-3 2

El texto de Rom.1,18-32 es el más difícil de comprender, aunque es importante porque para muchos es el único texto de la Biblia que menciona el lesbianismo, es al que se hace decir que la homosexualidad es antinatural, y es en e! que se apoyan los fundamentalistas norteamericanos para afirmar que el sida es un castigo de Dios a los homosexuales. Para la enseñanza tradicional en este texto dos referencias directas condenan la homosexualidad: el versículo 26 se refiere al lesbianismo y el 27 a la homosexualidad masculina.

El versículo 26 dice “théleiai autón metélaxan tèn physikén khrêsin eis tèn parà phýsin” la verrsión Cantera-Iglesias hace una traducción muy, muy literal como sigue: “sus mujeres cambiaron el uso natural del cuerpo por el contra la naturaleza”(3). La palabra physis aparece con frecuencia en el Nuevo Testamento, pero no con el sentido de naturaleza; veamos algunos ejemplos: en Rom 2,27 “he ek physeós akrobystía” “!a incircuncisión física”, “la incircuncisión corporal”; en Gál 2,15 “hémeis physei Ioudaioi” “somos por nacimiento judíos”, “somos judíos de nacimiento”; Rom 2,14 “physei tà toü nómou poiôsin” “instintivamente hacen las obras de la Ley”, “por inclinación natural cumplen la Ley”; Gál 4,8 “tois physei mè oûsin theois” “a los que por naturaleza no son dioses”, “que en realidad no son dioses”;

I Cor11,14-15 “oudè hé physis autè didáskei hymás hoti anèr eàn komâi atimía autôi? “¿no os enseña la propia costumbre que el que un varón Ileve pelo largo es una deshonra para él?”. De todas estas citas deducimos que “physis” nombra “lo característico, lo propio, lo esperable”; también en nuestra lengua empleamos la palabra “naturaleza” para referirnos al carácter de algo o alguien. El adjetivo derivado physikós significa “lo que responde o se ajusta al propio carácter de algo o alguien”. En cuanto a la preposición pará no significa en absoluto “contra”, sino “al lado de” , “además de”, “al margen de”(4) : ambas palabras juntas no se pueden traducir “contra la naturaleza”, sino “al margen de lo habitual”, “fuera de lo acostumbrado” o “de manera no esperada”. Ciertamente traducir “pará physin” “contra la ley natural” es suponer que Pablo había aceptado la hipótesis de la filosofía estoica que postulaba la existencia de una ley universal que gobernaba el universo; para los estoicos el principal imperativo ético consistía en ajustar la vida a la ley universal.

Ciertamente la filosofía popular impregnada de ideas estoicas (y también de otras escuelas filosóficas) estaba muy divulgada por todo el Mediterráneo, pero Pablo en el texto de Romanos que estamos estudiando dice (versículos 21-22) “aunque habían conocido a Dios, no le glorificaron ni le dieron gracias como a Dios corresponde, sino que se entregaron a sus razonamientos y su corazón necio se oscureció; aunque se decían sabios, se volvieron tontos”. Creemos que estos dos versículos contienen una alusión despectiva hacia el pensamiento filosófico griego; no parece razonable que unas líneas más abajo Pablo argumente su predicación con ideas tomadas del estoicismo; recordemos que él, antes de convertirse al cristianismo, era fariseo, no procedía de un movimiento helenista, sino de una doctrina muy enraizada en la tradición judía(5). A qué prácticas se refiere el versículo 26: no al lesbianismo, como se lee a veces; Pablo no puede añadir nada a la Ley judía, sencillamente el lesbianismo no está prohibido como tabú en el código de santidad, pero sí el tener relaciones sexuales durante la menstruación, tenerlas con hombres incircuncisos, coito anal u oral, la zoofilia, el coito en posturas desacostumbradas (por ejemplo, de pie).

En el versículo 27 Pablo vuelve sus dardos contra los hombres gentiles diciendo según la versión Cantera-Iglesias: “y lo mismo también los varones, dejando el uso natural (physikèn) de la mujer, ardieron en la concupiscencia de unos por otros, realizando la acción vergonzosa (askhémosynén) varones con varones y recibiendo en sí mismos la paga (antimisthían) adecuada a su extravío”(6) . El comienzo del versículo indica que va a continuar tratando de sexualidad, pero la especificación de que son “varones con varones” y que “ardieron en la concupiscencia de unos por otros” se debe a que el versículo anterior no trata de lesbianismo, en este versículo concreta para los varones otro tipo de transgresión. En cuanto al “uso natural” (physikén khrésin), ya hemos hablado arriba suficientemente: la traducción adecuada sería “el sexo habitual”, “el sexo característico”. La palabra “askhémosyné” se suele traducir como “acciones vergonzosas”, “vergüenza”; su sentido no es tan fuerte, pues sencillamente se refiere a cosas inapropiadas, impresentables o inconvenientes.

El versículo 26 comienza diciendo “por esto los entregó Dios a pasiones deshonrosas”; la Nueva Biblia Española traduce “pasiones degradantes”, y en general encontramos esas traducciones similares. sin embargo “atimía” es una palabra que no tenía connotaciones morales, atimía es sencillamente algo infravalorado, mal considerado socialmente, de mala nota, pero no contra la ética.

Observamos que el versículo 26 empieza con la palabra “diá toüto” “por eso”, es decir, lo dicho en los versículos 18-25 es la causa de que Dios los haya entregado a sus pasiones contrarias a la pureza ritual. Efectivamente los judíos de la época pensaban que los paganos desarrollaban su vida permanentemente en la impureza, pues no seguían la Ley judía; según Pablo nos dice en los versículos que estamos analizando, eso se debía a que, habiendo conocido al Dios único verdadero, prefirieron la idolatría. Pablo no está haciendo ninguna valoración moral sobre la homosexualidad masculina, ni sobe las otras formas de sexo prohibidas en el código de santidad (el lesbianismo ni siquiera se menciona), sencillamente las nombra como muestra de impureza ritual evidente a los ojos de los judíos a quienes se dirigen los primeros capítulos de la epístola. A partir del versículo 28 Pablo hace consideraciones morales: retoma lo dicho en los versículos 18-25 con las palabras “y como no se dignaron tener un conocimiento verdadero de Dios” y a continuación repite “los entregó Dios a una conciencia indigna que los lleva a hacer injusticias”; ahora sí, Pablo hace una lista de acciones éticamente negativas, entre la cuales, ciertamente, no se encuentra la homosexualidad. ¿Por qué Pablo, cuando quiere nombrar un tabú ritual hebreo escoge las prohibiciones sexuales? sencillamente por ser habituales y admitidas plenamente entre los paganos de Roma y ser especialmente desagradables a los judíos; de ese modo evita otros tabúes a los que las primeras comunidades eran muy sensibles, como la circuncisión y los alimentos impuros, ya que en época de Pablo habían dividido a las comunidades cristianas con gravísima controversia entre judaizantes, que pedían que los paganos conversos al cristíanismo cumpliaran la Ley judía en su integridad, y los que querían que el vínculo de las nuevas comunidades fuera solamente la fe en Jesús. Recordemos que Pablo en los primeros capítulos de esta Epístola a los Romanos se dirige a los judíos: busca empezar su enseñanza con cordialidad, partiendo de las ideas báísicas de ellos, ya que en un segundo momento ha de decirles no (Véase Rom 2,1); a partir de 11:13 se dirige a los pnganos: “A vosotros os digo, a los gentiles”. Este texto de Pablo no se inspira en absoluto en la filosofía griega, sino en la propia Biblia hebrea; el texto de Sabiduría 13,1-9, y en general los capítulos 13, 14 y 15 del libro de la Sabiduría son la inspiración de Pablo; dicho texto es paralelo a Romanos 1,18-32 y prueba hasta qué punto es erróneo atribuir precisamente a Pablo la creencia en la ley universal de los filósofos estoicos, él que buscaba liberar a los cristianos de la Ley judía. Es además un anacronismo grave.

Naturalmente la frase “recibiendo en sí mismos la paga adecuada a su extravío” no es ninguna profecía, ni referente al sida ni a ninguna otra cosa: solamente quienes convierten la Biblia en excusa de sus prejuicios podían concebir una idea semejante. Para empezar la palabra “antimisthía” no tiene en griego una connotación negativa, simplemente significa “paga”; el extravío o error (plané) a que se refiere Pablo no es la homosexualidad, sino la idolatría, tema auténtico del texto, como ya hemos explicado arriba.

Es paradójico que este texto de Pablo se haya entendido tan mal que haya producido precisamente lo que Pablo pretendía evitar: que no importa el legalismo, sino el amor y la fe en Jesús, que no hay actos ni personas impuros por sí mismos, que no debe haber en la Iglesia división entre “liberales” y legalistas, y que unos creyentes no deben ser apartados o discriminados por otros.

I CORINTIOS 6,9-10 y I TIMOTEO 1,9-10

Pablo en I Cor 6,9-10 y en I Tim 1,9-10 proporciona dos listas de pecados: en la de I Corintios figuran los que están excluidos del Reino, y en la de I Timoteo los que no han recibido la ley de Dios; en ambas listas de pecados los traductores modernos identifican la homosexualidad. En I Cor. aparecen los términos griegos “malakoí”y “arsenokotaai”, y en I Timoteo aparece solamente “arsenokoitai”: Los traductores actuales las traducen con una variedad de términos que van desde “sodomitas” a “corruptores de menores” pasando por “afeminados”, “invertidos”, “prostitutos”, “homosexuales practicantes” entres otras. Intentemos poner algo de orden.

La palabra “malakós”(8) es muy común en griego y significa básicamente “blando, débil, flojo”. En el Nuevo Testamento aparece frecuentemente en el sentido de “débil, flojo, enfermo”; en un contexto de tema moral tendría el sentido de “licencioso, libertino, disoluto”. Es gratuito suponer que esta noción se refiera expresa o exclusivamente a las personas homosexuales. De hecho en griego esta palabra no se usaba para hacer referencia a la homosexualidad. La tradición más enraizada desde Tomás de Aquino es entender esta palabra(9) en relación con la masturbación; esta idea ha llegado hasta bien entrado el siglo XX a través de traducciones protestantes. En las traducciones más recientes, puesto que muy pocos moralistas creen que la masturbación sea causa de exclusión en el Reino de Dios, tan dura condena ha sido desplazada a una actividad sexual menos frecuente y menos aceptada socialmente(10).La interpretación que hoy por hoy parece más correcto para “malakoi” es que designa la inmoralidad, la desidia ética en general.

El término “arsenokoítès” es muy extraño en griego; las dos primeras ocasiones en que aparecen son precisamente las dos citas del Nuevo Testamento que estamos tratando; posteriormente aparece en la patrística griega. Pero no es ninguno de los términos que la antigua lengua griega usaba para referirse a prácticas homosexuales: en primer lugar no existía un término genérico para la homosexualidad o los homosexuales, recordemos que esta palabra se ideó en el S. XIX (sí los había para determinadas prácticas). Boswell y McNeill creen que en su origen el término se refiere a la prostitución masculina; esta interpretación se ve reforzada por el contexto del Antiguo Testamento, donde se asociaban ciertas formas de prostitución con cultos idolátricos paganos. Helminiak aporta una explicación más actualizada: La lengua hebrea no tiene un término para expresar la idea de homosexualidad en sentido genérico; la expresión hebrea “mifkav zaxúr” servía para hacer referencia en la enseñanza sinagogal a la prohibición de Levítico 18,22 y 20,13; cuando los rabinos enseñaban o predicaban en griego usaban un calco griego construido sobre la mencionada expresión hebrea: “arsenokoítès”: la raíz griega “koi-” se corresponde con la hebrea “fkb-” ambas con el sentido de ” acostarse, tener relaciones sexuales”, y la raíz griega “arsen-” se corresponde con la palabra hebrea “zaxur”"masculino, macho”; “-tês”es un sufijo que construye nombres de agente masculinos, por lo que la palabra esté caracterizada como masculina. Si Jesús y las primeras comunidades cristianos abolieron la pureza ritual de la Ley hebrea, cabe preguntarse por qué aparece en estas epístolas; aparentemente es una flagrante contradicción. ¿Qué pensaban los moralistas del S. I dC. cuando hacían apreciaciones negativas de la homosexualidad? Pensaban en adultos copulando con preadolescentes, pensaban en niños y adolescentes raptados para el comercio de esclavos y destinados a la venta y con frecuencia a la prostitución; por ese motivo no es necesario mencionar el lesbianismo, que no da lugar a abusos semejantes. Cuando nosotros hoy en el S XX hablamos de homosexualidad nos referimos a una variación normal de la orientación sexual que inclina emotiva y genitalmente a algunas personas hacia adultos de su mismo sexo; es una variante definitiva e irreversible(13) . Por tanto concluimos que “arsenokoitai” hace referencia a un tipo de sexo abusivo o explotador. De hecho, si el autor hubiera querido calificar como intrínsecamente mala la homosexualidad, debería hacer referencia también a la homosexualidad femenina.

JUDAS 6-7

Queriendo ser exhaustivos, vamos a explicar una cita que no tiene que ver con la homosexualidad, pero que, por contener unas palabras un tanto extrañas, ha dado lugar a traducciones muy desacertadas. La expresión en cuestión es “sarkós hetéras” : héteros significa primeramente “el otro”, y de ahí deriva “diferente, distinto, ajeno, extraño”; “sarx” signíf ica “carne”, pero en un texto escrito por alguien de habla semítica, como es el caso de la Epístola de Judas, se puede rastrear un calco del hebreo y del arameo consistente en usar la palabra “carne” con el sentido de “cuerpo”, nociones que en lenguas semíticas se expresan con la misma palabra (por ejemplo, en hebreo “basar”(14) significa tanto “cuerpo” como “carne”). Por tanto el sentido de la expresión es “una carne extraña”, “un cuerpo ajeno” o “un cuerpo distinto”; nada tiene que ver con la homosexualidad. La expresión tanto en la Biblia como en la literatura hebrea no canónica hace referencia a las relaciones sexuales entre ángeles y humanos; así tenemos numerosos textos: Génesis 6,1-4, Libro de los Jubileos 7,20-21; 10,5 y ss.; 20,5-6, Testamento de Rubén 5,6-7, Testamento de Neftalí 3,5, Enoc 6-10; II Pedro 2,4-6 es un claro apoyo a lo que estamos diciendo(15) . Desde el punto de vista del amor homosexual esta cita de Judas es irrelevante, pero ciertamente proporciona un excelente ejemplo de la diferente visión del mundo que había en la época de Jesús y de cómo los traductores hacen decir a su versión cosas que realmente el original no puede contener.

HECHOS 8,6-39

Como en el Próximo Oriente algunos actos homosexuales masculinos eran expresión de burla, humillación y castigo a enemigo vencido(16) y suponían un grave menoscabo de la virilidad, no podían estar en absoluto bien considerados socialmente; la homosexualidad femenina, en cambio, resultaba indiferente(17) . Por otro lado la alianza de Dios se transmitía racialmente a través del pueblo de Israel , por lo que era muy importante transmitir la vida(18). Esta concepción de la sexualidad está por doquier en el Antiguo Testamento y condiciona la moral sexual de la nación hebrea. Pero el pueblo de Dios en la Nueva Alianza ya no se construye sobre vínculos de sangre, por lo que la necesidad de reproducirse pierde importancia. Al mismo tiempo la perspectiva de la resurrección y la vida del mundo futuro hace que el deseo de perpetuarse por medio de los hijos pierda fuerza. Esta nueva actitud evangélica se pone de manifiesto en Hech 8,26-39. El libro de Isaías profetizaba en Is. 56,3-5 la incorporación de los extranjeros y de los eunucos al pueblo de Dios; Hechos subraya la voluntad de Dios por una Nueva Alianza universal, por eso es el Espíritu Santo el que toma la iniciativa enviando a Felipe para que el extranjero eunuco, alto cargo en una corte extranjera, sea bautizado. Así los grupos que la Ley consideraba impuros en el viejo Israel son plenamente miembros del nuevo pacto: leprosos, samaritanos y los excluidos por razones sexuales: éstos son simbolizados por el eunuco. Recordemos que en el Nuevo Testamento la palabra eunuco (eunoukós) se refiere no solamente a los castrados, sino a todos aquellos que por razones varias no se casaban o no tenían hijos: así en Mateo 19,12 puesta en labios de Jesús se contiene la definición más cercana a lo que hoy entendemos como homosexualidad de toda !a Biblia.

CONCLUSION

La raíz de la homofobia no es la Biblia; hasta el siglo XII la homosexualidad fue admitida plenamente por las iglesias europeas(19) hasta el punto de celebrar liturgias de unión entre personas del mismo sexo(20) . Pero desde el siglo XII los detractores de los homosexuales buscaron justificación a sus ideas en todas las fuentes que tenían a su alcance, también en la Biblia y contribuyeron de este modo a generar la creencia de que la Biblia condena la homosexualidad. Afortunadamente hoy el método histórico-crítico devuelve a la exégesis bíblica la racionalidad que tanto tiempo le ha faltado y nos devuelve a los creyentes la Biblia como historia de una liberación comunitaria y experiencia de una liberación personal.

La Biblia no es un libro mágico, no es un amontonamiento absurdo de normas éticas contradictorias, no puede ser reducido a un almacén de citas aisladas para justificar los prejuicios sociales, religiosos, étnicos, sexuales raciales, etc. La Biblia es un patrimonio religioso, humano y cultural universal también de los homosexuales, consistente en la experiencia religiosa de 2000 años, desde que Abrahán salió de Ur abandonado a sus ídolos hasta que las primeras comunidades cristianas se organizan para dar testimonio de la resurrección de Jesús. Para nosotros los cristianos, Jesús de Nazaret es la cumbre de la Biblia y la luz que le da todo su sentido. Quienes condenan la homosexualidad, además de justificar la homofobia social, en la práctica excluyen a los homosexuales de la comunidad cristiana; para una persona homosexual no tiene sentido que le digan “la condición homosexual no es pecaminosa, su práctica sí lo es”, porque la sexualidad afecta a la raíz más profunda de la psique humana e involucra numerosas facetas de la personalidad de heterosexuales y de homosexuales: nadie puede separar condición de sentimientos. Quienes excluyen a los homosexuales excluyen también a Jesús, que anduvo en compañía de leprosos y prostitutas.


BIBLIOGRAFIA

En nuestras lenguas no es abundante la bibliografía sobre cristianismo y homosexualidad, menos aún sobre homosexualidad en la Biblia; no obstante desde hace algunos años lentamente van apareciendo traducciones: Para un planteamiento inicial del problema de los homosexuales en la Iglesia CatólicoRomana, especialmente desde un punto de vista psicológico, tenemos la obra del presbítero y psiquiatra francés Marc ORAISON “El problema homosexual”, Madrid1976 (Ed. Taurus); cabe añadir que no este libro ha perdido actualidad y consiguientemente interés. Haciendo también un planteamiento inicial, pero atreviéndose ya a proponer soluciones es mucho más interesante la obra de John J. McNEILL “La iglesia ante la homosexualidad”, Barcelona 1979 (Ed. 6rijalbo), este autor además hace un estudio completísimo sobre exégesis, tradición teología moral, etc., introduce a la psicología: su lectura es imprescindible. Quien quiera informarse de los últimos avances exegéticos en relación con la homosexualidad no puede prescindir del la lectura de la obra de Daniel A. HELMINIAK “What the Bible Really Says about Homosexuality”, San Francisco 1994 (Ed. Alamo Square Press); desgraciadamente no traducida a ninguna de nuestras lenguas esta breve obra concebida en perspectiva ecuménica hace un estudio histórico-crítico muy interesante de todos los textos bíblicos real o supuestamente relacionados con la homosexualidad y los explica ampliamente; no se necesita ser un experto en exégesis para entenderlo por su gran claridad y concisión. Algunos de los argumentos que da Helminiak aparecen recogidos de forma resumida en la obra de John BOSWELL “Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad”, Barcelona 1992 (Muchnik editores); Boswell es un historiador especializado en edad antigua y media que hace un estudio amplio sobre el origen de la homofobia en Europa y su relación con el cristianismo; llega a conclusiones sorprendentes que desmontan muchos lugares comunes. Del mismo historiador John BOSWELL “Las bodas de la semejanza”, Barcelona 1996 (Muchnik editores) trata sobre las ceremonias para la unión de personas del mismo sexo existentes en las iglesias primitivas; esta obra, aunque no investiga directamente el tema de la homosexualidad en la Biblia, es sumamente ilustrativa de cómo los prejuicios pueden ganar carta de naturaleza y pasar por ser lo originario, cuando en realidad son tardíos y han sustituido a la tolerancia cristiana original.

En especial queremos dar las gracias al presbítero de la Iglesia Española Reformada y experto en teología moral D. Antonio Andrés Puchades, por sus orientaciones valiosas e imprescindibles (especialmente en lo referente a la ética neotestamentaria), sin las cuales no habríamos concluido este artículo.

® Rafael 5. V. Rivera.
Licenciado en Filología Bíblica
por la Universidad Pontificia de Salamanca


NOTAS:

1. Véase SCHOEKEL Diccionario bíblico hebreo-español. Valencia, 1998 (editorial Institución San Jerónimo).
2. La Biblia de los Setenta es una traducción de la Biblia hebrea al griego hecha entre el 250 y el 150 aC. para los judíos de habla griega dispersos por toda la cuenca del Mediterráneo que ya no comprendían el texto griego. Es importante por su antigüedad y porque fue considerada por los cristianos prácticamente como un original.
3. La versión de la Casa de la Biblia traduce: “sus mujeres han cambiado las relaciones naturales del sexo por usos antinaturales”
4. Consúltese BAILLY Dictiónnaire grec français, París 1963 (editorial Hachette), o en su lugar, YARZA Diccionario griego español, Barcelona 1964 (reedición 1984), editorial Sopena.
5. De hecho el que algo sea “pará physin” no implica en absoluto inmoralidad. En el Rom 11,23-24 el que actúa “pará physin” es el propio Dios.
6. Consúltese el original griego.
7. Versión Cantera-Iglesias
8. En I Corintios 6, 9-10 aparece en plural: “maiakoi”
9. En latín molticies o mollitia.
10. Observemos cómo el cambio en la traducción no se basa en nuevos datos exegéticos o filológicos, sino en un cambio de mentalidad en la moral sexual.
11. En I Corintios 6, 9-10 y I Timoteo 1, 9-10 aparece en plural “arsenokoitai”
12. “-tês” en singular y “-tai” en plural
13. A este respecto pueden consultarse obras recientemente publicadas como MONDIMORE “Una historia natural de la homosexualidad”, Barcelona 1998, editorial Paidós (primera edición original Baltimore y Londres 1996) donde aparecen recogidas las últimas investigaciones científicas sobre la homosexualidad explicadas con un lenguaje asequible a no especialistas; y SORIANO RUBIO “Cómo se vive la homosexualidad y el lesbianismo”, Salamanca 1999, ediciones Amaru, donde se investiga principalmente desde el punto de vista psíquico, la obra es muy actualizada y asequible a no especialistas.
14. En hebreo
15. De hecho (al menos esta) las traducciones de este texto ya se están rectificando, por ejemplo la versión Cantera Iglesias dice: “fueron tras la carne de seres de otra naturaleza”
16. En concreto, el coito anal practicado con los vencidos en combate, pero también en otras circunstancias, simbolizaba la derrota del sodomizado y el paso a su violador de toda la autoridad, poder, o propiedades que pudiera tener antes de ser violado.
17. Esto no era así en las culturas occidentales, como Grecia o Roma.
18. En la mentalidad precientífica solamente los varones la transmitían; las mujeres eran el campo que el hombre sembraba; de hecho el hombre siempre emite semen, pero para los pueblos antiguos no siempre la mujer tenía capacidad para concebir.
19. Véase BOSWELL “Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad”. Barcelona, 1992 (Muchnik editores).
20. Véase BOSMIELL “Las bodas de la semejanza”. Barcelona, 1996 Muchnik editores)

¿Está a riesgo de contraer VIH una mujer que tiene sexo con otra?
El riesgo de contagio con VIH de las Mujeres que tienen sexo Con Mujeres (MCM), es el mismo que el de todos, depende de lo que hagan. Es posible que algunas de estas mujeres se inyecten drogas, tengan sexo con hombres, intercambien sexo por dinero o drogas, sean víctimas de abuso, tengan sexo con otras parejas o tengan inseminación artificial.
Cabe recordar que la identidad sexual y la conducta sexual no siempre van de la mano; por ejemplo, la mujer que se identifica a si misma como lesbiana puede estar teniendo relaciones sexuales con hombres y no toda MCM se identifica como lesbiana o bisexual. En esta hoja informativa el término “MCM” encierra todas las categorías anteriormente mencionadas, a menos que se use un término específico.
Entre las personas que usan drogas intravenosas, las tasas de VIH entre la MCM es mucho mayor a las que solo tienen sexo con hombres. Un estudio a usuarias de drogas intravenosas (UDIs) en 14 ciudades de los EEUU indicó que la mujer que tenía una pareja sexual femenina estaba más propensa que las heterosexuales a compartir agujas o jeringas, a intercambiar sexo por dinero o drogas, a carecer de un techo y a contraer el VIH. (1)
La mujer que se identifica a si misma como lesbiana o bisexual y que además tiene sexo con hombres puede tener un riesgo mayor de infección con VIH debido a la forma en que su pareja masculina escoge parejas sexuales y al poco uso del condón. En una encuesta a mujeres lesbianas y bisexuales en 16 ciudades pequeñas de los EEUU, de las mujeres que dijeron tener relaciones sexuales activas, el 39% reportó sexo con hombres gay o bisexuales y un 20% reportó sexo con UDIs. (2)

¿Es posible la transmisión de mujer a mujer?
Hasta el momento sabemos que el riesgo de transmisión del VIH asociado con la práctica sexual entre mujeres es bajo y sin definición. (3) El VIH está presente en el flujo vaginal y en la sangre menstrual, aunque la cantidad de virus no se ha medido con exactitud. El sexo de mujer a mujer incluye un sinnúmero de actividades, lo que se desconoce es el nivel de riesgo que encierra cada una de estas. Se cree que el sexo oral, por si solo, presenta un riesgo relativamente bajo, (3) mientras que aquellas actividades que dañan las paredes vaginales ya sea por compartir juguetes sexuales sin el uso de un condón o al introducir dedos con heridas o con uñas largas o puntiagudas presentan un mayor riesgo.
Hasta hoy, no han habido estudios rigurosos que examinen los riesgos de transmisión del VIH en cuanto a actos sexuales cunnilingus de mujer a mujer, sin embargo ya se han reportado algunos de estos casos. (4) Solamente ha habido un estudio de parejas lesbianas discordantes (una en la pareja esta infectada y la otra no). A pesar de haber seguido muy de cerca a 10 parejas por un corto período de tiempo, no hubo seroconversión (nadie se infectó). (5)

¿Cuales son las barreras en la prevención?
El factor económico, social y ambiental puede constituir una barrera para la prevención. Las MCMs de bajo nivel económico, drogadictas, sin el entrenamiento adecuado para desempeñar algún trabajo, sin un hogar estable, o sometidas a la violencia, pueden estar recurriendo a la prostitución o estar teniendo sexo como un método de supervivencia. (3)
Las expectativas en torno a la heterosexualidad y las actitudes negativas que la sociedad y la cultura imponen a la homosexualidad pueden estar contribuyendo al incremento en las conductas de riesgo entre algunas MCMs. En un estudio a jóvenes lesbianas de San Francisco, CA, se descubrió que estas usaban alcohol y drogas, tenían relaciones sexuales sin protección con hombres y experimentaban la sexualidad con jóvenes gay como una forma de responder a las presiones sociales. (6)

¿Qué se está haciendo?
El “Lesbian AIDS Project” (LAP) del GMHC de la ciudad de Nueva York ofrece múltiples servicios a las mujeres VIH+ o VIH- que tienen sexo con mujeres. El LAP organiza grupos, ofrece talleres sobre sexo seguro y una línea de asistencia telefónica. Las lesbianas que forman parte del personal y que poseen alto riesgo de infección con VIH y las VIH+ están a cargo de educar a la comunidad, incluso en las cárceles y en centros de rehabilitación. (7)
En San Francisco, CA, el Lyon Martin, un Centro de Salud para mujeres, adiestró a mujeres lesbianas/bisexuales para que diseminaran información sobre sexo seguro en los bares de mujeres, clubs de baile y clubs de sexo. Cariñosamente conocidas como las “SLUTS del sexo seguro” las educadoras están empeñadas en abrir los ojos de estas mujeres por medio de dramatizaciones, ofreciendo consultas a nivel individual, y repartiendo condones y lubricante. (8)
Un programa de alcance comunitario en Hollywood, CA, dirigió sus esfuerzos a los UDIs gay, bisexuales, lesbianas y transexuales que operaban desde la calle. Basado en el modelo de reducción de riesgo, el programa ofreció grupos de apoyo, consejería impartida por miembros del mismo grupo, servicios de referencia y paquetes preventivos con equipo de higiene. (9)
En Guatemala, se abrieron las puertas de un local que sirve como centro de libre expresión libre de alcohol, drogas o sexo para lesbianas, transvestis, y hombres gay/bisexuales. La Casa de la Cultura patrocina talleres de creatividad, clases de artesanía, fotografía, literatura, clases de Inglés y Francés. Se realizan conferencias y mesas redondas sobre temas tales como la violación de los derechos humanos, la actitud de la iglesia católica ante los gay y las lesbianas, como mantenerse VIH-, y los aspectos legales del SIDA. (10)

¿Qué queda por hacer?
Es necesario desarrollar estudios sobre prácticas y riesgos sexuales, escogencia de parejas, y sobre las características demográficas de las MCMs. Para que la intervención sea eficaz se deben tomar en cuenta la identidad y el comportamiento sexual y el tipo de actividad en cuanto a las drogas. Tomar en cuenta la identidad sexual de las mujeres que tiene sexo con otras al diseñar mensajes de prevención puede ser un elemento crucial.
Los proveedores de servicio y el personal de salud tienen que ser sensibilizados ante las necesidades de las MCM y ser capacitados para asesorar las conductas de riesgo no solo desde el punto de vista heterosexual. Muchos proveedores de servicio asumen que las mujeres VIH+ son todas heterosexuales. (11) Si una mujer dice haber tenido sexo con un hombre, la mayoría no pregunta si han tenido sexo con una mujer. Asimismo, si una mujer reporta uso de drogas intravenosas, la mayoría no procede a preguntar sobre el comportamiento sexual, asumiendo el uso drogas como riesgo principal. Esto no solo afecta el cuidado médico y la educación que las MCMs puedan recibir sino que además se documentan erróneamente los comportamientos de riesgo. Por lo tanto las tasas de VIH entre las MCM son incorrectas.
Como grupo, las MCM han estado invisibles en el sistema de clasificación del CDC. Mientras que en las categorías de grupos de riesgo masculinas se incluyen a los hombres que tiene sexo con hombres, el uso de drogas intravenosas y el contacto heterosexual entre otras, la categoría MCM aún no existe. Actualmente se están haciendo esfuerzos para identificar más claramente a las MCM dentro del sistema de vigilancia del CDC. (12) Al obtener información actual de los casos de SIDA entre las MCM se va a poner en claro la necesidad de aplicar programas de prevención en esta población.
Todavía no se sabe cual es el mensaje más efectivo para las MCM. Algunos grupos opinan que es necesario centrar el enfoque en la causa del riesgo de infección de la mayoría de las MCM-el uso de drogas y el sexo con hombres-en vez de un enfoque en los riesgos de transmisión de mujer a mujer. La educación y el alcance comunitario deberán centrar sus objetivos en la limpieza de las agujas o en el uso de nuevas agujas y en el uso del condón y lubricante al tener sexo anal con hombres, además de establecer un mensaje más claro sobre las relaciones sexuales entre mujeres. (13)
Es inconcebible que a 15 años del flagelo del VIH, aún no exista información acertada sobre los riesgos que indiquen lo que se debe o no hacer sexualmente entre parejas femeninas. Un programa de prevención completo utiliza muchos elementos para proteger del VIH a la mayor cantidad de personas posible. La mejor forma de proteger a las MCM radica en asesorar adecuadamente los factores de transmisión para poder reportar los casos de manera adecuada.

¿Quién Lo Dice?
1. Young RM, Weissman G, Cohen JB. Assessing risk in the absence of information: HIV risk among women injection drug users who have sex with women. AIDS and Public Policy Journal. 1992;7:175-183.
2. Norman AD, Perry MJ, Stevenson LY, et al. Lesbian and bisexual women in small cities-at risk for HIV? Public Health Reports. 1996;111:347-352.
3. Mays VM, Cochran SD, Pies C, et al. The risk of HIV infection for lesbians and other women who have sex with women: implications for HIV research, prevention, policy, and services. Women’s Health: Research on Gender, Behavior and Policy. 1996;2:119-139.
4. Kennedy MB, Scarlett MI, Duerr AC et al. Assessing HIV risk among women who have sex with women: scientific and communication issues. Journal of the American Medical Women’s Association. 1995;50:103-107.
5. Raiteri R. HIV transmission in HIV-discordant lesbian couples. Presented at the 11th International Conference on AIDS. Vancouver, BC. 1996. Abstract #Tu.C.2455.
6. Gómez CA, Garcia DR, Kegebein VJ, et al. Sexual identity versus sexual behavior: implications for HIV prevention strategies for women who have sex with women. Women’s Health: Research on Gender, Behavior and Policy. 1996;2:91-109.
7. Hollibaugh A. LAP Notes. Lesbian AIDS project at GMHC. 1994;2:12.
· Contacto: Io Cyrus, Lesbian AIDS Project (212) 337-3531.
8. Stevens PE. HIV prevention education for lesbians and bisexual women: a cultural analysis of a community intervention. Social Science in Medicine. 1994;39:1565-1578.
· Contacto: Lani Ka’ahumanu (415) 821-3534.
9. Reback CJ, Watt K. Street drugs, street sex: community-based outreach to gay, bisexual, lesbian and transgender drug users. Presented at the 11th International Conference on AIDS. Vancouver, BC. 1996. Abstract #ThC4670.
· Contacto: Cathy Reback (213) 463-1601.
10. Martinez LF, Mayorga R, Lorenzana A, et al. The Guatemalan Gay/bisexual and Lesbian Culture House: alternative activities fostering self-esteem, behavioral changes, and AIDS prevention. Presented at the 11th International Conference on AIDS. Vancouver, BC. 1996. Abstract #ThD363.
· Contacto: (en Guatemala) L.F. Martinez (502-2) 23335.
11. Warren N. Out of the question: obstacles to research on HIV and women who engage in sexual behaviors with women. SIECUS Report. 1993;October/ November:13-15.
12. Centers for Disease Control and Prevention. Report on lesbian HIV issues meeting. Decatur, GA; April 1995.
13. Gorna R. Lesbian safer sex: alarmist or inadequate? Presented at the 11th International Conference on AIDS. Vancouver, BC. 1996. Abstract #ThD244.
· Contacto: (en Inglaterra) Robin Gorna, Terrence Higgins Trust (011) 44-171-831-0330.

Preparado por Cynthia Gómez, PhD y Pamela De Carlo, Traducción Romy Benard-Rodríguez
Septiembro 1997. Hoja Informativa 24S.

Alentamos la reproducción de este documento; aunque, no se admite la venta de copias y UCSF deberá ser mencionada como fuente de esta información. Para obtener copias, llame por favor al National AIDS Clearinghouse al 800/458-5231. Estas hojas informativas están disponibles en ingles. Cualquier comentario o pregunta acerca de esta hoja informativa puede ser electrónicamente dirigido al FactsSheetM@psg.ucsf.edu. ©Septiembro 1997, University of California.
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Notas de lesbianas

Notes on lesbian ( 1996)
Laura Cottingham
(Texto publicado en el libro Art and feminism
de Helena Reckitt y Peggy Phelan. Phaidon, 2000).

Todo intento de construir una historia lesbiana, sea sociológica o histórica, conlleva enfrentarse a la erradicación de las lesbianas que se ha hecho mediante silencios, falsas representaciones y prejuicios, lo que presenta obstáculos importes para una investigación y escritura histórica. ¿Cómo se puede reconstruir una historia a partir de la evidencia de que va a ser parcial, está ausente, oculta, negada, manipulada, trivializada y por tanto suprimida?

La metodología tradicional de la investigación histórica y, por extensión, el sistema de valores que se utiliza para evaluar la calidad de los textos escritos en nombre de la historia, se encuentra necesariamente sobredeterminado por la priorización de las fuentes primarias. ¿Pero qué sucede cuando esas fuentes primarias no existen porque el gobierno no las ha cuantificado y por ello no ha documentado a los sujetos históricos protagonistas de esa historia, o porque la persecución política y social de tales sujetos los ha llevado a autosilenciarse , o porque el prejuicio ha permitido que las familias y las biógrafos destruyan documentos tales como cartas y diarios cuyo contenido serviría de base para constituir testimonios o evidencias?.

Es comprensible que algunas historiadoras del lesbianismo crean que existe más información de las lesbianas en el pasado de la que conocemos y a la que tenemos acceso en la actualidad y que por ello se conocerán en un futuro cercano más fuentes primarias y documentos para llevar a cabo una historiografía tradicional. Pero también sería fácil asumir que existen menos pruebas escritas y que éstas no están a disposición de la historiografía si lo comparamos con lo que han sido las lesbianas y el lesbianismo en la historia norteamericana y europea de los siglos XIX y XX.

Aunque las prácticas históricas tradicionales de excavación y recontextualización llevadas a cabo por investigadoras tales como Lillian Faderman y Barbara Smith en Estados Unidos, Ilse Kokula en Alemania y el Grupo de Historia Lesbiana en Gran Bretaña nos han dado valiosas aportaciones para entender y construir una historia lesbiana europea y norteamericana, los textos publicados por ellas y otras personas siempre comienzan mencionando los problemas que trae consigo el visibilizar a las lesbianas, al constatar cómo el patriarcado ha conseguido invisibilizarnos de forma deliberada y eficaz. Incluso el hecho que ha ocurrido con más frecuencia, que las sociedades patriarcales no han permitido a las mujeres la posibilidad de ser lesbianas, por lo que es extremadamente difícil producir y dejar rastro de documentos lesbianos.

La introducción a un trabajo reciente del Grupo de Historia Lesbiana con base en Londres Not a Passing Phase: Reclaiming Lesbians in History, 1840-1985, señala algunos de los problemas específicos con los que las historiadoras lesbianas tienen que enfrentarse: “es difícil escribir la historia de las mujeres porque en una sociedad patriarcal (es decir, una que está organizada para el interés de los hombres) existen pocas fuentes en relación a las mujeres y las que hay se han ignorado o se han alterado con frecuencia como “carentes de importancia”. La tarea de las historiadoras feministas consiste en primer lugar en rescatar a las mujeres del olvido para a continuación interpretar la experiencia de las mujeres dentro del contexto de la sociedad de su tiempo.

Esto mismo puede aplicarse a la historiadora del lesbianismo. En su caso, sin embargo, el problema de las fuentes se multiplica por mil. En primer lugar porque existe muy poca información específica sobre las vida de las lesbianas en el pasado, aunque probablemente mucha más de la que conocemos en este momento. Segundo, porque mucho material importante ha sido suprimido al ser tachado de irrelevante, o los historiadores que buscaban una teoría diferente lo han dejado de lado. El material puede haberse omitido al ser considerado “privado” o susceptible de avergonzar a las familias o alienar a los lectores. Mucha de la evidencia con la que contamos ha sido distorsionada por los historiadores que, bien a caso hecho, bien por ignorancia han convertido la vida de las lesbianas en vidas heterosexuales “normales”. Se puede ignorar a las mujeres pero hay que expurgar a las lesbianas.

Las lesbianas no dejan normalmente documentos acerca de sus vidas. Las que dejan tales documentos pueden no incluir detalles que las identificarían como lesbianas sin ningún género de dudas”.

En resumidas cuentas, uno de los problemas centrales de la historia tanto como constructo filosófico como disciplina académica, es el que ésta sólo puede escribirse, es decir que sólo existe a partir de lo que ya ha existido y todavía existente. Además, la historia no sólo depende de la preexistencia de un mundo material de experiencias (ya) vividas, sino que también depende de la existencia y exactitud de los documentos que tratan de lo ya vivido, así como de la interpretación de dichos documentos. Si consideramos que la historia que conocemos es una narración de la supremacía masculina al margen de la forma subversiva o productiva en la que decidamos interpretarla o utilizarla. ¿Cómo esperar que la evidencia documental de la que se ha dejado constancia otorgara una información lesbiana que pudiera corresponderse o reflejar la experiencia lesbiana desde un punto de vista teórico?.

La historia lesbiana siempre se enfrenta al profundísimo enigma de la premisa básica de la historia, porque su objeto de estudio no es sólo aquello de lo que se ha dejado o no se ha dejado constancia mediante restos documentales (y de sobre cómo decodificarlos a través de las distorsionadas lentes del presente), sino que además tiene que enfrentarse la asimilación de mujeres a la heterosexualidad que el patriarcado ha realizado con éxito y preguntarse por qué esto ha sucedido. Porque para entender a las lesbianas en el pasado y en el presente, tenemos que reconocer que la lesbiana funciona dentro de unos parámetros históricos en los que la heterosexualidad es una narrativa que se ha impuesto políticamente y de la que ella se ha podido escapar con mucho tesón. La persistencia en utilizar términos poco precisos como “preferencia sexual” enmascara la función coercitiva de la heterosexualidad al establecer una premisa falsa que equipara los afectos a personas del mismo género con los afectos a personas del género opuesto (aunque el término de “preferencia sexual” normalmente solo se utiliza para etiquetar a gays y a lesbianas). El término preferencia sexual también impide de forma deliberada una comprensión global de lo que son las lesbianas y el lesbianismo al relegar nuestra historia y nuestros cuerpos al limitado espacio de la relación sexual. Incluso cuando el lesbianismo se enuncia en la representación textual y visual, los lectores de forma evidente y consciente, las críticas y los espectadores con frecuencia permanecen determinados a ignorarlo.

Uno de los ejemplos que Barbara Smith da en su introducción a Home Girls: A Black Feminist Anthology debería ser conocido por la mayor parte de los lectores estadounidenses de este ensayo, ya que concierne a la ganadora del premio Pulitzer y del American Book Award de 1982 y que posteriormente en 1985 se llevó al cine, obteniendo nominaciones para el Oscar de la Academia: El Color Púrpura de Alice Walker. Smith escribe al analizar las fuerzas que impiden mencionar el lesbianismo y más específicamente el lesbianismo negro que “la novela de Alice Walker. “El Color Púrpura” es maravillosa porque presenta los orígenes del feminismo negro estadounidense en la vida de nuestras madres, en este caso la vida de las mujeres pobres del sur rural. También representa un logro haber roto una barrera en el contexto del negocio editorial y la literatura negra, por su retrato original y positivo de una relación lesbiana negra. No resulta sorprendente que en las críticas positivas escritas tanto por blancos como por negros se nieguen a mencionar consistentemente el verdadero tema del libro”.(2)

Se podían mencionar ad infinitum parecidos ejemplos más recientes acerca de no ver y no mencionar a la lesbiana. En un libro de fotografías de Berenice Abbott que se ha vuelto a publicar en 1990, la introducción de Muriel Rukeseyer se esfuerza por llamar la atención al lector de los retratos que hizo Abbott a James Joyce, André Gide y Jacques Cocteau pero no menciona el hecho que Abbott fotografió al grupo de lesbianas de la alta cultura de la margen izquierda del Sena en los años 20 y que el fantástico círculo lesbiano queda retratado uno a uno en sus retratos de Jane Heap, Sylvia Beach, la princesa Eugene Murat, Janet Flanner, Djuna Barnes, Edna St Vincent Millay y -por sus expresiones y atuendos- muchas de las otras mujeres fotografiadas en este libro (3). El no reconocer el lesbianismo de Abbott supone no entender ni su arte ni sus temas. Tal negación también funciona para negar el acceso de las lesbianas a nuestra historia cultural, permitiendo de esta manera al régimen heterosexual reivindicar a estas mujeres para el mismo de manera fraudulenta. Así, la vida y el arte lesbiano de la fotógrafa Claude Cahun, comtemporáneo del de Abbott, se expuso por primera vez en una gran retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de París en 1995. Al trabajo de Cahun que consiste en su mayor parte en autoretratos realizados durante los años treinta y cuarenta, en los que mira directamente con una actitud desafiante e irónica, no se le ayuda a que se entienda ni se le explica lo suficiente en los escritos heterosexistas incluidos en los recientes catálogos sobre su trabajo (4). La historia del arte necesita tener algún conocimiento de la subcultura lesbiana de París con anterioridad a la segunda guerra mundial para tener una herramienta útil a la hora de comprender la obra de Cahun (o la de Abbott) así como algún conocimiento del francés, en especial si tenemos en cuenta que Cahun colaboró en muchos de sus fotomontajes con su amante Suzanne Malherbe.

Las particularidades de la vida lesbiana de la que se hace historia y que se basa en la vida social, todavía no se aceptan como algo apropiado y mucho menos necesario como herramienta para la historia del arte. ¿Cuántas veces l*s historiador*s y crític*s de arte se me han acercado después de haberse bebido unos vasos de vino para preguntarme si creo que realmente es importante que una o un artista sea lesbiana o gay?. Dejadme que os conteste que para much*s de nosotr*s es muy importante, y que por supuesto que es importantísimo el hecho de que los gobiernos del pasado y del presente sigan promulgando leyes y prohibiciones contra nosotr*s.

Aunque quizás, como sucede en el caso de El Color Púrpura, el problema de no mencionar el lesbianismo en el arte de Abbott, Cahun y otras está relacionado con el imperativo ideológico heterosexual de que no se puede mencionar ni mostrar el lesbianismo con aprobación. Se diría que el hecho más innombrable no reside en mencionar el lesbianismo si no en hacerlo de manera positiva. Porque los retratos de las amigas y las amantes de Abbott, los autoretratos de Cahun y la ficción de Walker muestran el lesbianismo y las mujeres que lo viven con dignidad y aprobación.

El desconocimiento de las artistas y escritoras lesbianas y de las producciones artísticas y literarias lesbianas, es cómplice de la desaprobación con la que el lesbianismo se encuentra en la vida social y política. Y en la vida académica. Como ha observado Marilyn Frye en “A Lesbian’s Perspective of Women Studies”, los departamentos de estudios de la mujer a lo largo de Estados Unidos están encerrados en el supuesto de que las mujeres aceptan activamente la heterosexualización de las mujeres como lo normal y la marginación de las lesbianas como lo normal e inevitable. Frye sugiere que se reconsidere lo que podría ser la política sexual en la universidad si no hubiera una política heterosexista.

“Imaginémonos el reverso de la enseñanza heterosexista que nuestros programas de estudios conllevan. Imaginémonos a 30 miembros del claustro de profesor*s de una gran universidad ocupados de manera seria y cotidiana en animar a las mujeres de forma enérgica y vigorosa a ser lesbianas, ayudarles a aprender las ideas y destrezas necesarias para vivir como lesbianas, a enseñarles la conexión entre el lesbianismo y el feminismo y entre el heterosexismo y el sexismo, edificando una comprensión de lo que hacen los hombres individuales para mantener a las mujeres individuales a raya en beneficio del patriarcado.
Imaginaros que nosotras abierta y activamente les aconsejemos a las mujeres que no se casen, no follen, que no se ligen a ningún hombre. Imaginémonos enseñando mucha literatura, poesía, historía y arte de lesbianas en los cursos de estudios sobre la mujer y enseñando unas políticas que vienen marcadas por una percepción y sensibilidad lesbiana.”(5)

Escribir sobre las lesbianas y el arte lesbiano desde una posición que afirma y aprueba una existencia lesbiana constituye un acto asertivo en sí mismo, ya que el número de artículos y ensayos monográficos y la cantidad de dinero que se concede en Estados Unidos y Europa a los artistas varones es una forma de aprobación política y cultural. A no ser que haya más lesbianas dispuestas a defender activamente la necesidad de nuestro derecho a existir y nuestro derecho a tener una herencia cultural, nuestra historia así como nuestro presente y futuro continuarán estando perdidos y siendo negados, trivializados y por tanto dañados.

Es imposible que la historia lesbiana cuente con un espacio cultural reconocible hasta que las lesbianas no sean más visibles en su/nuestro propio tiempo.

Hasta que no insistamos en nuestro yo lesbiano, hasta que no nos articulemos visiblemente como tales en el presente, la historia seguirá borrándonos sin lugar a dudas y a las historiadoras lesbianas del futuro sólo les quedarán fragmentos y rompecabezas no mucho mejores que los que tenemos nosotras hoy en día. El liberarnos nosotras mismas de la autocensura que se nos ha impuesto es quizás una de las preocupaciones centrales con las que las lesbianas contemporáneas tenemos que enfrentarnos. Una sólo necesita encontrarse con material tan diferente por demás como las memorias de Marguerite Yourcenar y la entrevista que le hizo el New York Daily News a la actriz Ellen Degeneres para ser testigo de lo generalizada que está la necesidad de borrarse a sí mismas (6). Y todavía no he encontrado una institución o situación académica en Estados Unidos donde no haya lesbianas que están asustadas y se silencian y ocultan, mujeres que no están dispuestas a vivir una vida heterosexual pero que todavia no están dispuestas a enunciarse públicamente como lesbianas.

Desde un punto de vista histórico los años setenta constituyen un punto de inflexión importante para la historia lesbiana de Estados Unidos porque el lesbianismo se elegía, se celebraba y se enunciaba culturalmente dentro de las organizaciones para la liberación de la mujer de la segunda oleada de feminismo. Aunque antes de esta época había lesbianas que se habían definido como tales a nivel individual, fue dentro del discurso público del movimiento de liberación de la mujer donde el lesbianismo se verbalizó, se estetizó, se colectivizó y por ello se manifestó fuera de los confines de lo personal, lo privado, del club y del bar. Fue durante el Movimiento de Liberación Feminista y a pesar de los esfuerzos en contra del autodefinido heterosexismo del feminismo dominante donde el lesbianismo se convirtió simplemente en un tema importante e intentó escapar de las taxinomias referentes a la idiosincrasía personal, al escándalo, al cotilleo o a algo de lo que había que retractarse, categorías con las que el lesbianismo había funcionado tan mal anteriormente.

Por ello no es de extrañar que la historia de las lesbianas haya surgido en la investigación académica sólo desde los años setenta, después de un momento en el que las lesbianas aparentemente por primera vez en la historia se enuncian como un grupo que se reconoce a sí mismo, como unas personas que por lo tanto podrían tener una historia. Dado que la misma idea de historia se basa en la aceptación de un imperativo categórico, de la suposición de un sentido de continuidad a través de los acuerdos formales de las personas o las cosas, bien sea el concepto de nación (los Estados Unidos de América), de cultura, (la japonesa), de religión, (la cristiana), o una producción que se lleva a cabo mediante objetos o formas relacionados, (la pintura abstracta), no podría existir una historia de las lesbianas si las lesbianas no se declararan como una entidad de forma decisiva, como unas personas que existen a lo largo del tiempo y del espacio (y, relevante para el paradigma de la identidad lesbiana, a través de fronteras culturales y nacionalizadas) y como personas a las que se les acepta como relevantes que cuentan con una identidad colectiva a pesar de las diferencias que existen entre los miembros de todo grupo reconocido. Las energías lesbianas individuales y colectivas ejercidas a favor del lesbianismo a lo largo del movimiento de liberación de la mujer de los años setenta también ayudó a producir un aumento del número de mujeres deseosas y capaces de vivir como lesbianas (7).

Asimismo, parece que todavía hay much*s que no consideran suficiente la declaración cultural general hecha por las lesbianas en los Estados Unidos durante los años setenta para justificar nuestra inclusión en la historia o en la conciencia popular. O quizás se deba a a que como precisamente el lesbianismo se enunció de una manera tan fuerte durante los años setenta, las narraciones históricas posteriores han buscado y siguen buscando reducir su importancia. Y esto lo afirmo por el empeño con el que se ha borrado o minimizado a las lesbianas y al lesbianismo de las narraciones históricas de los años setenta, lo que aquí me preocupa en particular es la heterosexualización del movimiento de arte feminista.

El movimiento feminista en el arte que emergió en Estados Unidos durante los años setenta está todavía por teorizar y por ello no se le reconoce dentro de las titulaciones de investigación académica u otras formas de atención cultural equivalente en la práctica artística estadounidense, si consideramos el impacto real que ha tenido el movimiento para el posterior desarrollo de una práctica artística estadounidense.

Mas que profundizar en esta opinión, me gustaría comentar algunos ejemplos de atención cultural que se le ha prestado al arte feminista de los setenta para situar el problema de la supresión de las lesbianas dentro del contexto de la historia del arte contemporáneo tal y como ha sido articulado a través de varias producciones recientes.

Hasta el año 1996, sólo se han organizado dos exposiciones en museos en Estados Unidos que hayan expuesto de forma específicas (y nombradas como tales) obras producidas por el movimiento de arte feminista de los setenta: “Division of Labor: “Women’s Work” in Contemporary Art”(1995), organizada por el Museo de Arte del Bronx y que después se mostró en el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles y “Sexual Politics: Judy Chicago’s Dinner Party in Feminist Art History” (1996) organizado por el Museo Armand Hammer de la Universidad de California, Los Ángeles. Ambas exposiciones se abstuvieron de circunscribir la energía artística de los años setenta como movimiento artístico e incluyeron el arte de los años ochenta y los noventa, una decisión de las comisarías de la exposición que minimiza la posición generativa de los años setenta. Al alargar la influencia del feminismo durante tres décadas se evita enunciar la primera década como el movimiento que fue y por ello se reduce el arte feminista a una mera tendencia.

Paralelamente, sin embargo, la exposición reconoce la posición formativa de los años setenta en las producciones visuales posteriores sin darse cuenta, por el mero hecho de que la primeras fechas de las listas de control de la exposición son de finales de los años sesenta y principios de los setenta. La exposición Sexual Politics cartografía una trayectoria de la historia del arte muy complicada y cuestionada al erigir como centro el Dinner Party de Judy Chicago (1972-1979), una obra feminista de finales de los años setenta y al situar a docenas de mujeres artistas de los setenta, los ochenta y los noventa alrededor de esta obra. El carácter central tanto curatorial como físico que se le dio a Judy Chicago obligó a un buen número de feministas de los setenta a negarse a participar en la exposición (8). Tanto la expresión “política sexual” como “división del trabajo” heterosexualiza abiertamente el movimiento de arte feminista de los setenta a través de la omisión y la contextualización incorrecta del arte hecho por y sobre el lesbianismo. El eclipse del lesbianismo aparece en cada uno de los apartados de la exposición.

“División del trabajo” inmediatamente sugiere una visión heterosexualizada en la que se representa a las mujeres como servidoras domésticas de los hombres, gobernantas y amas de casa, una connotación corroborada por el énfasis curatorial en el arte que se interrelaciona con la tradición de la artesanía doméstica. Al incluir el arte de los años ochenta y noventa realizado por hombres con obra inspirada en la artesanía, “División del Trabajo” se situaba en una posición curatorial que proponía un diálogo masculino-femenino, mientras que no reconocía ni el diálogo ni las disputas entre las mujeres lesbianas y las no lesbianas.

Harmony Hammond fue la única artista lesbiana incluida en “Division of Labour”. A pesar de su trabajo público promoviendo la visibilidad lesbiana como artista, escritora y profesora (9), la obra de Hammond que se exhibió, Floorpieces, sólo se analizó en el texto de las comisarias dentro del contexto del minimalismo ¡Con referencias especificas a Carl André! (10) (Verdaderamente, en la medida en que l*s historiador*s y l*s crític*s insistan en analizar todas las obras de arte en relación al arte (más) famoso de los hombres artistas (blancos), las posibilidades de entender el arte lesbiano y en realidad todo tipo de arte continuará viéndose fuertemente restringida). Para la exposición de “Sexual Politics”, la heterosexualización del título es en sí mismo una forma de colonización cultural, ya que “Sexual Politics” toma el título del libro más conocido de Kate Millett, una obra que es en sí misma una dura crítica contra la heterosexualidad. Al ser cómplice de la reivindicación general de la frase sexual politics y convertirla en un término generalmente neutro (“¿Quiere decir algo sobre el género, verdad?”) más que en un término de crítica a la heterosexualidad, la exposición no reconoce ni la autoría lesbiana ni las implicaciones lesbianas del libro del mismo título.

En realidad, ambas exposiciones relegan al lesbianismo y a las lesbianas a consideraciones marginales. Aunque “Sexual Politics” incluye a más artistas lesbianas (participan Tee Corrine, Nicole Eisenman y Cheryl Gaulke), las obras no aclaran la instalación de la exposición, atrapada en los opacos confines de la idea de la autodenominada diferencia. Y quizás de forma más significativa ambas exposiciones se niegan a evaluar lo que el lesbianismo feminista de los años 70 y sus artistas supusieron para el patriarcado y sus mujeres heterosexualizadas. La práctica de ofrecer sólo ilustraciones o descripciones, es decir, incluir obras de arte generalmente marginadas pero obviando su contexto, parece que es uno de los recursos más frecuentemente utilizados para impedir las implicaciones reales de todas las políticas identitarias. De este modo, la gente guiña un ojo al lesbianismo sin reconocer la persecución a la que se ve sometido, utiliza la palabra género para no tener que hablar sobre el sexismo, o escribe la palabra raza cuando el tema a debatir es el racismo.

Gran canarioparatorpes

El único texto de la historia de arte en general sobre el arte feminista de los años setenta que se encuentra hoy en día impreso, The Power of Feminist Art, editado por Norma Broude y Mary D. Garrard, se refiere a las lesbianas nombrándolas en solo 11 de las 318 páginas con las que cuenta el libro (11). “Todas las referencias explícitas aunque fugaces que se hacen sobre las lesbianas están hechas por las cuatro lesbianas participantes (entre las que me encuentro) de un total de 18, así como por una de las editoras del libro. Uno de los 17 textos podría y tendría que haberse dedicado al lesbianismo, ya que el lesbianismo como teoría y práctica fue uno de los temas más explosivos, radicales y divisorios que se debatieron entre las feministas activistas y artistas de los años 70. Las editoras, así como las críticas participantes lesbianas y no lesbianas, son conscientes del papel central que el lesbianismo desempeñó en la organización social del feminismo de los setenta (especialmente en California, que es el centro geográfico primordial del libro), dado que todas las participantes en el libro (excepto la que subscribe este artículo) participaron en el movimiento feminista de los años setenta y por ello tienen una experiencia directa sobre el controvertido ciclo de enunciación y represión que enmarcó las manifestaciones de la cultura lesbiana en ese periodo. Pero las diferencias estratégicas de representación empleadas por las artistas visuales son incapaces de sacar a la luz narraciones históricas que se niegan a investigar el papel hegemónico más allá de mencionarlo, que se queda al nivel de guiños superficiales a la hora de tratar las complejas historias que conllevan y sugieren palabras tales como lesbiana (o mujer o negra). Parece que el lesbianismo, uno de los compromisos más críticos del arte y el activismo feminista de los años setenta, resulta todavía algo sobre lo que no se puede pensar, debatir ni publicar veinte años más tarde. Por supuesto, un problema clave para l*s crític*s, historiador*s e intelectuales que han estado comprometidos con materiales culturales considerados irrelevantes y carentes de valor por la cultura dominante es que nuestros esfuerzos no se ven fácilmente recompensados con los medios necesarios para llevar a cabo nuestro trabajo. Se espera que trabajemos más, que encontremos imágenes y documentos que no aparecen en libros y que sepamos dónde está el material de archivo todavía sin catalogar, y también se espera de nosotras que demos por hecho que recibiremos menos dinero para llevar a cabo nuestra investigación. Y cuando se nos anima a hacer aquello que sabemos hacer mejor y estamos dispuestas a aceptar que los medios con los que contaremos para hacer nuestro trabajo no serán más que el aire que respiramos y el poder contarnos entre los seres vivos, aún así, se sabotea nuestro trabajo con frecuencia.

No habrá un cambio importante en las circunstancias que constriñen la vida y la experiencia lesbiana hasta que las circunstancias políticas que normalizan la misoginia y otras formas de explotación no se alteren de forma significativa. Una de las formulaciones más malintencionadas realizadas por la corrupción de la identidad política consiste en invitar a mujeres afroamericanas, chicanas y lesbianas a que presenten sus cuerpos culturalmente marcados para una sesión fotográfica, una mesa redonda académica, la portada para el catálogo de una universidad u otras representaciones teatrales. Nuestras imágenes se utilizan para enmascarar la realidad de nuestra subordinación. Sabemos hasta qué punto se nos utiliza cuando intentamos hablar y nadie escucha y cuando nadie se molesta en mirar o hablar del mundo que hemos producido.


1.- Lesbian History Group, Not a Phasing Phase: Reclaiming Lesbians in History. 1840-1985 (London: Women’s Press, 1993) 3.
2.- Barbara Smith, ed., “Introduction” Home Girls: A Black Feminist Anthology: Kitchen Table Women of Color Press, 1982) 1. Aunque se publicó hace más de una década, sigue siendo un ejemplo espectacular de cómo se borró el lesbianismo, teniendo en cuenta la gran popularidad que tuvieron a principio de los 80 tanto el libro como la película.
3.- Muriel Rekeyser, “Foreword”, Berenice Abbott/ Photographs (New York: Smithsonian Institution / Tenth Avenue Editions, 1990) 11-13.
4.- La exposición está documentada en el catálogo Musée d’ art moderne de la Ville de Paris La Photographie de Claude Cahun (Paris: Jean- Michel Place, 1995). Ver también François Leperlier, Claude Cahun, l’écart et la metamorphose (Paris: Jean-Michel Place, 1992).
5.- Marylin Frye: “A Lesbian Perspective on Women’s Studies”, Willful Virgin: Essays in Feminism 1972-92 (Freedom, California Crossing Press, 1992) 52.
6.- Ver Marguerite Yourcenar: Dear Departed: A Memoir, trans. Marie Louise Archer (New York: Farrar, Straus, Giroux, 1991); and Tabitha Soren, “Ellen’s New Twist on TV”, New York Daily News, 24 November 1995, USA weekend section 4-6.
7.- Incluso si miramos el número de mujeres que se “hicieron” lesbianas durante la época del Movimiento de Liberación de la Mujer y posteriormente, nos encontraremos con que el diálogo sobre el lesbianismo que tuvo lugar dentro del movimiento tuvo un efecto directo al hacer posible que muchas mujeres se identificaran como lesbianas. Aunque una historia oral del movimiento en Estados Unidos nos daría una información considerable, sólo una mirada a las mujeres conocidas nos ofrece un indicador. Consideremos por ejemplo, que Kate Millett, Kate Morgan y Adrienne Rich estaban casadas y se consideraban heterosexuales antes de la llegada del movimiento.
En términos del efecto que el Movimiento de Liberación de la Mujer ha tenido para una posterior posibilidad de autoidentificación de las lesbianas en Estados Unidos, sugiero que las mejoras relativas en el estatus económico que el movimiento consiguió para las mujeres hizo posible para más miembros de la siguiente generación escoger vivir sexual y económicamente con independencia de los hombres (especialmente, aunque no exclusivamente para aquellas de nosotras que somos blancas, de clase media y con educación universitaria).
8.- Algunas de las artistas feministas de los 70 a las que las comisarias les pidieron participar en “Sexual Politics” y que se negaron a ello son Mary Beth Edelson, Harmony Hammond, Joyce Kozloff, Miriam Shapiro, Joan Snyder y Nancy Spero.
9.- Hammond estaba en el consejo editorial de número “Lesbian Art and Artists’ de Heresies: A Feminist Publication on Art and Politics, 3 (1977). Tambien fue la comisaria de “A Lesbian Show” en el taller de 112 Greene Street de Nueva York en 1978. Para una análisis sobre una selección de artistas lesbianas contemporáneas y su trabajo, ver el libro de Hammond “A Space of Infinity and Pleasurable Posibilities: Lesbian Self-Representation in Visual Art”. in New Feminist Criticism, de. Joanna Frueh et al. (New York: HarperCollins, 1994) 97-131.
10.- Ver Lydia Yea. “Division of Labor. “Women’s Work in Contemporary Art”, en el catálogo sobre la exposición del mismo nombre (New York : Bronx Museum of the Arts. 1995) 17.
11.- Norma Broude and Mary D. Garrard, The Power of Feminist Art (New York: Harry N. Abrams, 1994). Laura Cottingham, “Notes on Lesbian”, College Art Journal (Winter 1996) 72-77; se ha reeditado una revisión de Laura Cottingham, Seeing Through the 1970s: Essays on Feminism and Art (Amsterdam: The Gordom Breach Publishing Group, 2000) 175-187.

Traducción: Mª José Belbel Bullejos

Políticas sexuales e identidad

Políticas sexuales e identidad en la psicoterapia
Consideraciones sobre el “coming out of the closet”
Pablo Gagliesi
Médico psiquiatra

“I am out, therefore I am”
(Impresión sobre una remera de Act Up, vista en una calle de N.Y.)
Pido disculpas de ante mano, ya que, posiblemente, este trabajo termine siendo una especie de enchapado, un aglomerado de finas capas de madera superpuestas con sus vetas en diferentes direcciones, quizás porque fue gestado inicialmente como una conferencia.
No existe ninguna psicología políticamente neutral. Ninguna. No hay teoría de la subjetividad políticamente neutral. Básicamente porque no hay posibilidad alguna de que esto ocurra en las ciencias humanas. Fatídico pero cierto. Si toda teoría de la subjetividad es una construcción y dicha construcción es el resultado, a veces exhaustivo, a veces mezquino de la interpretación, es obvio que no hay posibilidades de deslindar una variable que está en su génesis. Quizás por ello Guide cree que la psicología es una distracción de la política y Focault dice que es su guardiacárcel.
Los cambios fundamentales ocurridos en la centuria pasada han diseminado y profundizado la crisis sobre las definiciones sexuales y la identidad, dramatizando la incoherencia y contradicción de cada una de las formas discursivas e institucionalizadas del sentido común. El mundo occidental entró en procesos taxonómicos que indudablemente favorecieron el desarrollo de las narrativas científicas y los discursos positivistas que explotaron en el actual mundo tecnológico. Pero, al mismo tiempo, inventaron modos diversos, médicos, - forénsicamente psiquiátricos -, legales y psicológicos, que clasificaron la conducta humana y la privacidad. Si fechamos la invención de una nueva especie de la que hablaré, la especie homosexual, a fines del XIX, debemos ingresar en estos anales las nuevas narrativas generadas por los nuevos discursos.
El espacio a llenar es aquel ya saturado del discurso psicoanalítico; y éste está poblado de paradojas encriptadas y de la lógica dicotómica de los sexos, donde se es uno/a o lo/a otro/a una extraña metafísica del sexo o género en una teoría que se sostiene en la gestación cultural de la subjetividad -, las identificaciones y sus reversos, el Edipo positivo o negativo, los mapas de inversión, entre otras dicotomías. Es decir el espacio dónde, a través de esas manufacturas ideológicas, se la pasan algunos intentando delimitar los bordes y consolidar los márgenes (González, 2000) y, finalmente la pregunta etiológica del psicoanálisis sobre la sexualidad muere, paradójicamente, de muerte laberíntica.

El sendero perfila su rumbo por otros horizontes. La profunda inestabilidad generada por esos discursos dónde la homosexualidad estabiliza la heterosexualidad y desestabiliza el género, mostrando las limitaciones de estas lógicas bináricas, ha hecho que una profusa crítica naciera, otra vez, naturalmente.

El contexto de esta crítica es el siguiente, veamos:
1- Mi abuela admitía cabizbaja que las enredaderas de espinas eran difíciles de disciplinar con las camisas de alambre y las estacas. Al final del verano éstas mostraban con fulgor su desordenado crecimiento. A pesar de cierta tendencia dentro del ámbito psi de disciplinar a ciertos intelectuales como Focault y el naciente feminismo en camisas discursivas perimidas, estos movimientos desnudos florecen actualmente en forma contestataria y desautorizante sobre las ciencias que osen teorizar el género y la sexualidad, un ejemplo de ello es la Queer Theory (Butler,J 1990).

2- La Asociación Americana de Psiquiatría hace 27 años despatologizó la homosexualidad y, actualmente revisa criterios del Sadomasoquismo para eliminarlo de los manuales de diagnóstico.

3- Dentro de las organizaciones psicológicas más y más terapeutas gays y lesbianas enriquecen en una especie de coming in los re-pliegues de la teoría desde una tarea singular de reflexión: a) sobre el sí mismo dónde dicen en congresos y seminarios: “Señores esto no es así, porque a mí”, b) sobre preguntas como ser terapeuta gay o lesbiana con consultantes queer en general, c) o sobre, reflexionar sobre lo que me gusta describir como “Ventajas y Desventajas de Ser un Boxeador Zurdo” (Isay, Roughton, Drescher, González, Miller, Magee, entre otros).

4- Los pacientes están avisados de la homofobia imperante en el discurso psicológico y cuestionan la práctica.

5- El discurso postmoderno en el ámbito destaca la riqueza de la problematización de la sexualidad y el género; y festeja el “no saber sobre ello”.

6- El discurso moderno propone evidencias para sostener teorías y, confesémoslo, tenemos poquísimas para mostrar, por ejemplo del “Edipo Invertido”, o toda una suerte de epistemología de la homofobia: narcisimo, desviación, perversión, inversión, detención del desarrollo psicosexual, hostilidad fóbica al sexo opuesto, incapacidad de amor maduro, desafiantes del género, disfuncionalidad objetal, entre otros.

7- La exploración en la sexualidad y la generidad de algunos individuos y comunidades, como lo trans- y lo sado, es vigorosa y pujante. Y elípticamente, con un celebrable salto con garrocha, sortean y dejan atrás a los teóricos.

8- Cada vez hay más visibilidad en el concierto queer y no se habla “de ellos” ya que han empezado a hablar por sí mismos. Las voces de sólidos intelectuales trangenéricos como K. Bronstein es una de ellas.
Pero antes de seguir, me gustaría comentar la siguiente anécdota. Jerome Bruner daba dos seminarios sobre teoría narrativa simultáneos, uno en un instituto de psicología y otro en un instituto de literatura. A ambos alumnados les apasionaba los temas psicológicos y los temas literarios. Los dos tenían interés en lectores, escritores y les interesaban los textos. Pero uno de los grupos, el de los psicólogos, se dedicaba a trabajar, como refiere Bruner, “de arriba hacia abajo”, y el otro “de abajo hacia arriba”. Los partidarios de la primer direccionalidad de trabajo parten de una teoría del relato, sobre la mente, sobre los escritores, y ésta se puede anclar en cualquier parte: la lingüística estructural, la filosofía o el psicoanálisis. Es decir: Empuñando la hipótesis buscan ejemplos (y en los momentos más lúcidos los contra-ejemplos) de lo que esperan que será la explicación correcta. Los otros se mueven de acuerdo a que el texto es una porción de realidad, buscan la teoría implícita. Leer a Flaubert por sus significados y poner de manifiesto el arte de su autor. Sin hacer oídos sordos a las guías de la crítica literaria o incluso del psicoanálisis. Pero no habría una teoría para probar o refutar.

Sin duda que hay dos modalidades de pensamiento en juego aquí: una dónde el relato puede estar construido por argumentos que convencen por su verdad y, otra dónde un relato puede estar construido por su semejanza con la vida (Bruner, 1997).
Desde esta perspectiva es que resulta interesante desandar algunos caminos en relación con las formulaciones teóricas respecto al género y la sexualidad vigentes.
Posiblemente tengamos que escuchar o leer desde una perspectiva particular la experiencia de aquellos consultantes estigmatizados por las teorías y las políticas que estas engendran (¿O era viceversa?). A dichas experiencias es que denominamos narrativas. Las narrativas gays, lesbianas, bisexuales, intersexuales y transgenéricas, son narrativas singulares, y para conocerlas, es posible que, intencionalmente, debamos deconstruirlas. Definamos este término como una forma de subvertir realidades construidas y las prácticas dadas por descontadas o implícitas. Básicamente esas “verdades” divorciadas de las condiciones y del contexto de su producción, esas maneras descarnadas de hablar que ocultan prejuicios y familiares prácticas del yo.

Los métodos de deconstrucción vuelven exótico lo doméstico y de ese modo permiten una reapropiación del yo. Para White (1994) esto incluiría tres pasos: la deconstrucción del relato, la deconstrucción de las prácticas modernas de poder y las prácticas discursivas que generan[1].

Ricour (1983) dice que los relatos son modelos para describir el mundo. Esto significa que trabajar con la metáfora narrativa de las personas está en la dirección de lograr que ellas vivan en conformidad con sus historias. En este sentido operan como desafíos para que nos imaginemos nuevas maneras de teorizar las construcciones de estas “ficciones apasionadas” como nos sugiere Teresa de Laurentis.
Descubriendo que la psicoterapia debería ser, entre otras cosas, una secuencia y superposición de ambas prácticas tecnológicas, es indudable que la tarea aquí, con las identidades sexuales y genéricas, es narrar historias y la deconstrucción de las mismas. Un viaje intrépido sin tantos mitos tranquilizadores.

En las historias que cuentan las personas gays, lesbianas, transgéneros, bisexuales, intersexuales hay un proceso, que por dificultades e imprecisión de la traducción llamaremos coming out of the
closet
(lit. salirse del ropero). Este relato tiene cierta similitud con la vida. - Curiosamente, desde las escuelas dónde la teoría sale a buscar sus ejemplos, nada se ha escrito sobre esto -.

Veamos un ejemplo, Marcelo me cuenta: “A los nueve años yo tengo el recuerdo de que tuve una pelea a los golpes con M. Lo quería tanto que lo hubiera besado. Yo creo que siempre fui gay, recuerdo que me di cuenta que yo era diferente. Sabía que no debía hablar con nadie de eso. Pero el telegrama lo recibí a los 11. Lo archivé pero sabía. A pesar de convertirme en el jugador de fútbol más hábil del club, a pesar de ser el pendejo más exitoso en los bailes. No quería saber. Una tarde mi padre estaba hablando con uno de sus amigos en la cocina y se comentaban las andanzas de un compañero de trabajo que había sido encontrado en un baño con otro haciendo vaya-uno-a-saber-qué, porque eran putos. Esa palabra definía la relación entre los dos tipos. Yo supe que era puto. Tenía una tremenda vergüenza”.
Este es un complejo sistema de reatribuciones y podría sistematizarse de la siguiente manera (modificado de McDonald GJ 1982):

· Conciencia (despertar) de la atracción hacia personas del mismo sexo (Etapa del “Ajá” según Isay, 1991).
· Participación en el acto sexual con personas del mismo sexo.
· Identificarse como gay-lesbiana.
· Involucrarse en relaciones homoeróticas.
· Compartir o revelar esto a otras personas (visibilidad).
· Participar de la sub-cultura gay-lésbica.
· Auto-percepción de una Identidad Positiva Gay-Lésbica.
Las personas pueden consultar en diversos estadios de este coming out que, a veces, ni siquiera son secuenciales ni caminos inexorables. Creo que son tareas esenciales en la consulta facilitar un atravesamiento exitoso y aliviar el dolor psíquico que producen. Por otro lado, esto se sustenta porque el proceso por el cual algunas personas llegan a identificarse como homosexuales concuerda sorprendentemente entre diferentes sujetos (Mondimore, 1998).

El proceso de “Ajá” no es tan sencillo (Isay, 1991). La persona reconoce algo que la hace diferente y, que esa diferencia no es socialmente aceptada. Esto genera una intensa disonancia cognitiva que, en general provoca sufrimiento subjetivo. Las descripciones de estos procesos van desde la más temprana edad hasta el comienzo de la edad adulta y van acompañados de intensa disforia Disforia “natural” dentro de esta narrativa.
Me permito aquí traer a colación una anécdota. Hace dos años en un congreso de la American Psychiatric Association se conmemoraban 25 años de la despatologización de la homosexualidad en los Manuales Estadísticos de Diagnóstico (DSM). Jack Drescher, un eminente psiquiatra y psicoterapeuta, estaba dando una conferencia sobre las contiendas políticas de esos años. Alguien del público le preguntó sobre la existencia de una psicoterapia gay diferente a una psicoterapia straight (heterosexual). El Dr. Drescher bajó sus bifocales, y respondió: “Estimado colega, hace un tiempo que me pregunto que diferencia hay… La verdad es que me acordé, mientras Ud. hablaba de una película argentina llamada “La Historia Oficial”. Si hay algo que diferencia cualitativamente estas “dos” terapias (gay & straight) es que en términos narrativos hay diferencias…, las y los pacientes gays y lesbianas tienen una Historia Oficial y La Otra Historia”.
Esta narrativa gay-lésbica, lo más parecida a la vida, es una forma de atribución de significados. Un o una consultante recuerda eventos, emociones o pensamientos, más o menos velados, más o menos reprimidos o, mejor dicho disociados[2], que se unen en cadenas cobrando una iridiscencia parecida a las revelaciones.

Habría entonces, un poco artificialmente, una salida del closet subjetiva o interna, más íntima, relacionada con los diálogos en el sí mismo (soy / no soy parafraseando a Hamlet); y una más
externa
(le digo / no le digo), relacionada con los diálogos que se tiene con la gente, es decir, con el reconocimiento del otro. Digo, artificialmente, debido a que si bien se pueden contar dos novelas (en primera y tercera persona), lo cierto es que se puede terminar de leer en primera del plural: La negociación de significados.

La verdad del closet es que hay un traslado de los impulsos dentro del lenguaje heterosexual. Es decir, no hay “soy / no soy” sin el discurso dominante del otro a quien “le digo / no le digo”, que es heterosexual prima facie, aún si es homosexual.

Los vínculos del closet (saber / no saber, implícito / explícito) son potencialmente reveladores de los hechos y de los discursos. Son en definitiva, performadores [3] de subjetividad.

No hay división binárica posible de hacer entre lo que uno dice y lo que uno no dice, nosotros debemos tratar de determinar las diferentes maneras de no decir tales cosas. No hay uno sino varios silencios, y son una parte de las estrategias que están subterráneas y hacen permeable los discursos. El closet es una performación entre los actos del habla y el silencio, silencio no particular, sino uno que cobra forma, una gestalt, por las palabras que lo rodean. Como esos perfiles en los camafeos(Ksofsky Sedgwick,1990).

Es decir, el closet se configura por las líneas que dibuja lo que no se dice. En un sentido esto genera un estado de alienación. Sin duda finalmente se encarna, forma parte del cuerpo. De algo desconocido, el closet configura lo conocido escindido. O mejor aún, una interfase.

Algunos y algunas relatan su percepción de diferencia como posterior al sentimiento homoerótico (“Yo deseaba eso, y después me vine a enterar que no se podía”) o como una percepción encarcelada ya en el lenguaje binárico (“ser homosexual es ser un poco menos hombre o más mujer”).

Es así que, el amor que no tiene nombre[3], no tiene nombre.

O lo tiene. Las personas relatan, así mismo, los interminables caminos de las operaciones mentales con sus mapas de posibilidades desplegados e inventando unos nuevos, para en principio silenciar para luego olvidar, disociar o intentar cambiar el signo de ésa percepción.

Ya que los presupuestos impuestos son:

1. Presunción de heterosexualidad.
2. El reconocimiento de un estigma (ser alguien fallado o dañado).
3. El presupuesto de la homogeneidad (todos los homosexuales son iguales).

La verdad es que sólo se cuenta este cuento como un ecléctico sobreviviente. Narrar la historia del descubrimiento y del curso de la noticia. Los caminos externos, llenos de cuchicheos, intriga, chismes y ruidos y los internos, llenos de la misma sustancia. La tensión, después de todo, como resultado de una ley física, es la característica de las interfases.
Retomando: La existencia de esta percepción es alienante. Algo aparece en un entuerto de operaciones mentales, muchas de ellas inconscientes. Pero la verdad es que muchas de ellas no lo son tanto. En este sentido, dichas operaciones están destinadas a compensar el malestar generado por la percepción, que rara vez es sentida cómo intrusiva o externa, más bien reconocida como fermentada en el sí mismo. Esa actividad cognitiva es realidad una batalla campal, en el terreno de la conciencia, de un sí mismo despierto, atento y aterrado. Posiblemente la palabra elección sexual finalmente no sea tan errada y, Proteo, como todos los mitos que finalmente existen, deambula por las calles. El enunciado sería “yo me construyo, yo me transformo”.

Las investigaciones en las inmediaciones del closet, nos obligan a rescatar aquellos desarrollos que proponen estados de conciencia un poco menos racionales o, menos mecanicistas. Las teorías de la subjetividad vigentes con algunos de sus modelos nos han obligado a pensar el sí mismo como una unidad, con leyes de cierta lógica basada en analogías (leyes de la física newtoniana o de la topología) que, y clausuran retóricamente (Gergen, 1991). Creo que el closet es un buen modelo para cuestionar aquellos supuestos. Por ejemplo aquí los discursos subjetivos requieren de atención selectiva de qué y cómo se piensa, una especie de negación y renegación vivaz y activa, y de disociación (en este sentido muchas mentes). El closet suplanta el desconocer por el conocer escindido.
Y también está el mundo, que quiere saber. O no quiere saber. Pero que sostiene la histérica distancia entre la ignorancia y el descubrimiento. Como los discursos en torno a la Zona Roja en Palermo. Después de todo observemos que el amor que no se puede nombrar llena las bocas de todos.

Otra vez la distancia entre el lenguaje que se habla y el lenguaje que se evita. Aquí el closet externo, la segunda tarea: la comunicación progresiva de éso que se es. Que lo sepan los otros, los significativos y los no significativos. Se generan entonces diferentes círculos de intimidad, y la escisión se perpetúa en la ecología (los que saben / los que no saben). Hay mucho para decir respecto a este proceso, curiosidad sociológica si las hay.
Aquí haré algunos comentarios de entre casa. Quería recordar a una conocida psicoanalista, con aspiraciones de gay friendly[5], que en una reunión de grupo de estudio sobre “diversidades sexuales” cometió un acto fallido muy singular. Estábamos discutiendo este constructo teórico, el coming out, y lo reemplazó por acting out. Muy curioso. La verdad es que proporcionó ayuda a los aburridos debates en donde todos están de acuerdo. La pregunta era: ¿La diferencia es el precio que se paga?.

Por otra parte a una consultante, C., que trabaja en el área de la salud mental en un hospital y en una prestadora de obra social, algunas colegas amigas le recomendaron tener cuidado con la visibilidad, ya que había concurso para ocupar un cargo en uno de sus lugares y despidos en el otro. Problemas conocidos por todos nosotros. C. tiene una larga y comprometida pareja lesbiana de 10 años. Le recomendaron hablar poco de su sexualidad, no aparecer en público con su pareja, en definitiva silencio. Se le sugirió discreción. Razonable.

Ella se preguntaba dos cosas:

Una, “El silencio otorga?”, con los problemas que lo enigmático genera, por ejemplo la posibilidad de actividad periférica (chismorroteo o lo que fuera).

Y dos: Si ella, en medio de una conversación donde todos sus colegas hablaran de sus últimas vacaciones con su pareja, o del auto nuevo que compraron o de los hijos o sobre las dificultades de la convivencia o del divorcio o, simplemente de una ida al cine con X; ella, a pesar del extenuante trabajo de desgenerizar[6] (e impersonificar) cometiera un desliz y, dijera: “Hemos comprado un perro”. Semejante fallido, riesgoso por cierto, que terminaría por hacerla visible, ¿Sería finalmente un acting out?. Sin duda es la diferencia lo que se paga.

C. descubrió que el closet es el pan ácimo de cada día. La identidad sexual de las sexualidades no normalizadas es un continuo proceso de closet y contra-closet. Es esa presencia afilada que corta todos los escenarios. La verdulería, el hospital, el examen de idioma dónde la profesora propone hablar de la vida privada, las entrevistas de algunas instituciones psicoanalíticas, un lobby de hotel dónde se deciden la disposición de las camas y de los cuerpos. En las consultas con C. nos ha llevado mucho tiempo comprender que el dolor no necesariamente es enfermedad[7].
Para terminar quería traer a colación el siguiente recuerdo:

Hace cierto tiempo vi una exitosa película inglesa: “Trainspoting”. En dicho film el joven personaje, en una disco reflexiona sobre el día en que todos seamos iguales (en clara alusión a las diferencias de género y preferencia sexual). A la salida, la mayoría de mis conocidos celebraron esa frase. Yo disiento: La verdad es que más que parecidos, nos estamos volviendo más específicos. Es decir que pareciera que cada cual atiende a su juego con mayor claridad. Creo que nunca existieron tantas tribus diversas, tanta visibilidad que permite comunitariamente multiplicar las exploraciones tan preconizadas por Focault. Clubes de Osos, de S\M de fistfucking o club-of-leather-butches-on-the-road-riding-a-harley y porqué no clubes de trikkies y de jardinería[8]. Quizás hoy, más que nunca antes, podemos surfear por este océano sin preguntarnos por la fijeza de la normalidad; pero, definitivamente, lo más fabuloso, lo más increíble, es la diversidad, la cantidad de mundos posibles de ser habitados[9].
Notas
[1] Para más detalles, y en forma reducida, el primer capítulo de “Medios Narrativos Para Fines Terapéuticos” puede ser esclarecedor. Cito “Si aceptamos que las personas organizan su experiencia y le dan sentido por medio del relato, y que en la construcción de esos relatos expresan aspectos escogidos de su experiencia vivida, se deduce que esos relatos son constitutivos; modelan las vidas y las relaciones”.
[2] Por disociación a lo largo de este texto me refiero a las descripciones de Sullivan HS sobre el tema en Personal Psychopathology, Norton, New York, 1972.
[3] Performatividad: Término proveniente de la teoría Queer. Teoría Queer: Estas nuevas líneas de pensamiento desarrollaron otras perspectivas sobre los conceptos de género, identidad y orientación sexual cuestionando la “compulsión a la definición”. Jagose describe a la teoría queer como: “.. los gestos o modelos analíticos que dramatizan las incoherencias en las relaciones estables e histórico-culturalmente sostenibles entre sexo cromosómico, género y deseo sexual. Resistiendo ese modelo de estabilidad - que reclama como origen a la heterosexualidad, siendo mejor dicho su efecto - Localizado entre esos términos explota, y saltan las incoherencias desestabilizando la heterosexualidad, cuestionándolo todo a su paso, incluso lo que referimos como hombre o mujer y haciendo imposible cualquier demostración de que existe una sexualidad “natural”.” En este sentido es que pierden valor las teorías que intentan consolidar la idea que se podría estabilizar el self al modo de los principios psicológicos que definen una Identidad. Para mayor información: Jagose, A: Queer Theory - An Introduction, New York University Press, New York 1996.
[4] Cita bíblica de las cartas de San Pablo en el Nuevo Testamento.
[5] Personas, restaurantes, instituciones etc. políticamente correctas que tiene actitudes positivas frente a gays y lesbianas (Lit. Amables para con gays).
[6] Hábito muy difundido en la subcultura gay-lésbica de decir palabras que se refieran a alguien evitando indicativos de género: persona, pareja, etc.
[7] Lista de algunos grupos o tribus humanas contemporáneas. Por Club de Osos comprendemos un grupo de hombres que son o prefieren otros hombres grandes de tamaño corporal, habitualmente velludos. Por S/M, sadomasoquismo, light o heavy o cualquier sexo que no sea el vainilla. Fistfucking es literalmente coger con el puño. La traducción de club-of-lether- sería algo así: club de mujeres marimachos con ropa de cuero que andan en motos Harley-Davidson por las rutas (“carreteras”). Trikkies: Fanáticos de la serie televisiva Viaje a las Estrellas. Y jardinería
[8] Este comentario de A. es idéntico al de uno de los pacientes descriptos en el libro citado de Drescher, página 240, capítulo VIII.
[9] Esta cita es una transformación de una frase de R. Neimeyer y retomado por la Lic. Sara Baringoltz (1998).
Bibliografía
1. Baringoltz S.Constructed Psychotherapy and the Therapist: Some Considerations. Constructivism and the Human Science, Vol III N°2, 1998.
2. Bersani, L. HOMOS. Harvard University Press, Cambridge, 1995.
3. Bruner J. La educación, Puerta de la Cultura. Visor, Madrid, 1997.
4. Bruner J. Actual Minds. Possible Words. Harvard University Press, Cambridge, Mass, 1986.
5. Coleman E. Developmental Stages of The Coming Out Process. Del libro Homosexuality and Psychotherapy, Gronsiorek (ed.) The Haworth Press, New York, 1985.
6. De Laurentis T. The Practice of Love: Lesbian Sexuality and Perverse Desire. Indiana University Press, Bloomington, 1994.
7. Drescher J. Psychoanalitic Therapy and The Gay Man. The Analytic Press, Hillsdale, New Jersey, 1998.
8. Gagliesi P. Apuntes para una Psicoterapia con Pacientes Gays y Lesbianas. VERTEX n° 38 pág 300, Dic1999 En/Feb 2000.
9. Gergen K The Saturated Self. Dilemmas of Identity in Contemporary Life, Harper Collins Publishers, 1991.
10. González, F. Psycho-Analytics Off the Strait and Narrow: Therapeutics, Queer Theory and Future Possibility. American Psychoanalytic Congress, Chicago 2000. (en prensa)
11. Isay R. Being Homosexual. New York, Hathering Company, 1991.
12. Ksofsky Sedgwick E. Epistemology of The Closet. UCLA Press, Berkeley, 1990.
13. McDonald GJ. Individual Differences in the coming out process for gay men: implications for theoretical models. J Homosex 8:47-60,1982.
14. Mondimore F. Una Historia Natural de la Homosexualidad. Paidós, Buenos Aires, 1998.
15. Orozco, Y. La Homofobia. 2000, (en prensa).
16. Ricoeur P. Time and Narrative. Chicago, University of Chicago Press, 1983.
17. White M, Epston D: Medios Narrativos para fines terapéuticos, Paidós, Barcelona, 1993.
18. White M. Guías Para Una Terapia Familiar Sistémica. Gedisa, Barcelona, 1994.
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¿PODEMOS ENTENDER?


INTRODUCCION

A menudo es un choque para los padres el enterarse que su hijo o hija es homosexual. Sea usted madre o padre, tenga usted un hijo/a, haya usted sospechado hace tiempo algo sobre eso, o haya sido una sorpresa total, enterarse con seguridad puede ser un choque. Los sentimientos que lo sacuden son muy fuertes y confusos. Al principio es posible que usted no pueda casi hablar sobre eso sin lágrimas en los ojos, o sin sentir ira. Cada familia es diferente y cada caso es singular: un padre puede haberse enterado por casualidad, a otra puede habérsele dicho cara a cara, un tercero pudo haber recibido una llamada telefónica o una carta; el/la hijo/a puede ser adolescente o adulto/a, aceptándose a sí mismo/a o trastornado/a con lo que él o ella es; los padres puede que estén listos para escuchar o que reaccionen alejándose de la situación. Todos ellos, sin embargo, tienen preocupaciones y preguntas básicas.

PRIMERAS REACCIONES

¿Por qué tuvo él o ella que decírnoslo?
Muchos padres piensan que ellos serían mucho más felices sin enterarse. Usted debe tomar en cuenta, sin embargo, que si usted no lo supiera no conocería realmente a su hijo/a. Una gran parte de la vida de él o ella sería un secreto para usted y usted nunca llegaría a conocer a ese ser humano en su totalidad. El hecho de que él o ella se lo haya dicho, es una señal de su amor y del apoyo o comprensión que él o ella necesita de usted. Después de todo, ¿quién debería saber sino usted? ¡A ningún otro grupo minoritario se le exige que esconda a sus padres aquello que los hace “diferentes!”.

¿Por qué nos hizo él o ella esto?
Muchos padres sienten un amargo resentimiento hacia el hecho de la homosexualidad de su hijo/a. Este sentimiento está basado en el falso entendimiento de que ser homosexual es algo elegido, que ésta fue una decisión consciente, y que quizás, incluso, fue hecha para herirlos a ellos. De hecho, los homosexuales no eligen su orientación sexual. Ellos simplemente son lo que son: la homosexualidad es su verdadera naturaleza. La única alternativa que tienen la mayoría de las lesbianas y los gays es ser honestos sobre quienes son, o esconderlo. Esconderlo impone una tremenda carga. Significa vivir una mentira día tras día. ¿Qué padre o madre podría querer que un/a hijo/a suyo tenga que vivir de esa manera? .

Gran canarioparatorpes


¿Qué hicimos de malo nosotros?
La mayoría de los padres se sienten culpables cuando se enteran por primera vez. La psicología y la psiquiatría nos han dicho durante años que la forma en que un/a hijo/a resulta ser es “culpa” de los padres. De hecho, ningún padre tiene tanto poder sobre un/a hijo/a. Los homosexuales se encuentran en todo tipo de familias, con todo tipo de antecedentes. Nadie sabe hasta ahora qué “causa” ningún tipo de sexualidad, pero es ampliamente aceptado que la orientación sexual de un/a niño/a ya está establecida a una temprana edad, o al nacer.

PREOCUPACIONES DE LOS PADRES POR LOS HIJOS

¿Estará él o ella sujeto/a al ostracismo, tendrá él o ella problemas para encontrar y mantener empleo, o incluso a ser atacado/a físicamente?
Tenemos que responder que sí, desafortunadamente, estas cosas son posibles. Esto depende de dónde él o ella decida vivir, que tipo de trabajo desee y cómo decida comportarse. Pero nos consta que las actitudes hacia los homosexuales han ido mejorando y son más positivas en muchos lugares. También hay un creciente número de grupos - incluyendo el de Padres PFLAG - que están trabajando hacia esos cambios y que están listos para ayudar a aquellos que tengan momentos difíciles.

¿Estará él o ella solo/a en su vejez si no tiene su propia familia?
Quizás sí, pero debemos recordar que esto sucede muy a menudo con todos nosotros. Esposos mueren, matrimonios se disuelven, hijos a menudo viven lejos y muchas parejas jóvenes no tienen hijos del todo. Muchos de nosotros tenemos que adaptarnos a menudo a la soledad de nuestra vejez. Por otro lado, muchas lesbianas y gays desarrollan relaciones duraderas y la comunidad gay presta un cálido apoyo a sus miembros. Cuando más se les facilite “salir del closet (armario),” o sea, reconocer su orientación sexual a ellos mismos y a los demás, más homosexuales tendrán la oportunidad de vivir por toda su vida como parte de una comunidad. Las lesbianas y los gays incluyen bajo su concepto de “familia” no solo a su familia consanguínea, sino también a sus compañeros de muchos años o de toda una vida. Existe ya una organización (en los Estados Unidos) para homosexuales de edad avanzada: SAGE, 208 West 13th Street, N.Y. NY 10011, USA.

¿Debemos enviar a nuestra/o hija/o a un siquiatra para que la/lo “cure”?
Hoy en día es generalmente reconocido por la comunidad psiquiátrica que la homosexualidad no es, como era previamente considerada, una enfermedad que pueda ser curada. En diciembre de 1973 la Asociación Psiquiátrica Americana (en los Estados Unidos) declaró que la homosexualidad en sí no es un desorden mental o una enfermedad. La Asociación Psicológica Americana ha tomado la posición oficial de que no sería ético tratar de cambiar la orientación sexual de un homosexual. Sin embargo, mucha gente que es homosexual está tan imbuida en los prejuicios de nuestra sociedad, que no puede aceptar como normal su orientación sexual. En estos casos es a menudo beneficioso obtener ayuda psiquiátrica o psicológica con el propósito de aceptarse a sí mismo. Hay que tener mucho cuidado, sin embargo, en seleccionar un psicoterapista que no esté él o ella mismo/a imbuido/a en esos prejuicios.

PREOCUPACIONES DE LOS PADRES CONSIGO MISMOS

¿Debemos decírselo a la familia?
Los padres aún tienen dificultad en aceptar la homosexualidad de sus hijos se preocupan a menudo de que los demás vayan a enterarse. ¿Cómo pueden ellos responder a las preguntas que los familiares les hacen con frecuencia: “¿Tiene novia?” “¿Cuándo se casa?” Nuestro consejo en tales situaciones es: primero y ante todo no debe usted confiar en nadie a menos que tenga el consentimiento de su hijo/a. Es la vida de él o de ella que usted discute, y él o ella tiene el derecho a decidir quien debe saber y quien no. Segundo, no debe usted decírselo a nadie a menos que usted mismo/a haya alcanzado el punto en que no se siente a la defensiva al respecto. Lleva tiempo aprender a aceptar a su hijo/a y a menos que la actitud suya sea positiva, comunicará su infelicidad o duda a los demás. Cuando se sienta usted listo/a se le hará más fácil discutirlo con una persona a la vez.

¿Qué dirán los vecinos?
Esta es una preocupación muy real, entre las familias que viven en pequeñas comunidades, donde sus vidas sociales dependen de la buena voluntad de la gente que los rodea. La respuesta a esa pregunta es muy parecida a la anterior. Cuando esté seguro/a de sus propios sentimientos e informado/a sobre la materia, entonces podrá hablar sobre la orientación sexual de su hijo/a con los demás y ayudarlos a ellos a comprender que el prejuicio contra la homosexualidad está basado en el temor y la ignorancia.

¿CÓMO PODEMOS ENTENDER A TRATAR CON ESTO?

Quizás la mejor manera de contestar esta pregunta es dejando que otros padres hablen por sí mismos. He aquí la historia de una madres que descubrió que su hijo era gay:

Historia de una madre.
Nosotros tenemos tres hijos, dos de los cuales son homosexuales. Cuando el mayor tenía dieciocho años él nos dijo que era gay. La respuesta de mi esposo fue sencilla: “¿Estás seguro?” Y por mi parte tuve un gran sentimiento de culpa y fracaso, preguntándome en qué habíamos fallado. Nosotros hemos sido siempre una familia unida y cariñosa y sentí temor de que nuestra relación con nuestro hijo mayor sufriera como el resultado de su homosexualidad. Me preocupaba además su felicidad y bienestar futuros, también a mi esposo. Al poco tiempo me di cuenta que nuestro hijo era el mismo que siempre quise y conocí pero que a través de la honestidad ahora lo conocía mejor; la comprensión la logramos más tarde, después que nuestro hijo nos dirigió hacia el grupo de “Padres de Gays”. Yo dejé de sentirme sola, nuevas ventanas de comprensión se me abrieron al hacer preguntas, escuchar y leer. Fue una etapa difícil pero positiva en mi vida que tomó tiempo y paciencia. Me siento feliz de decir que hoy nuestra familia está tan unida como siempre, pero nuestra relación es más sincera y abierta que antes.

Historia de un padre.
¿Qué sentí yo cuando supe que mi hija era lesbiana? Es difícil de decir. Fue una mezcla de sentimientos. Mi primer sentimiento - la vida va a ser difícil para ella. Ella es diferente y por lo tanto sufrirá las consecuencias de ser diferente: sospecha, temor y rechazo a manos del tal llamado “mundo normal”. Ella llevará una etiqueta: “peligrosa y contagiosa, no se le acerque, protéjase”. Esto me hizo sentir triste al principio, luego enojado, luego protector. ¿Cómo podría yo ayudar a mi hija? Decidí aprender más acerca de la homosexualidad. ¿Por qué sucede? ¿Puede ser curada? Más tarde me enteré que la primera pregunta hasta ahora no tiene respuesta y la segunda es ilógica, ya que no es una enfermedad.
Yo leí mucho y eso me confundió. Las opiniones expresadas por varios autores, en algunos casos diferían drásticamente, estaban basadas en sus experiencias y en lo que estaban tratando de probar. Fue mi hija quien me dirigió a mí y a mi esposa a “Padres de Gays”. Fue allí donde me di cuenta que no estaba solo. Los mismos sentimientos de culpa, de insuficiencia y de pesar, eran compartidos con muchas personas. Había, sin embargo, un sentimiento que no compartía. Muchas personas estaban enojadas con sus hijos/as por ser homosexuales, pues sentían que esto les había traído vergüenza. Desde que nuestra hija nos dijo que era lesbiana, mi esposa y yo hemos aprendido más sobre la orientación sexual, nos hemos sentido mucho más allegados a nuestra hija. Antes de esto había veces que ella parecía alejada, infeliz e incluso impaciente con nosotros. Esto ha cambiado del todo. Yo podría continuar con muchos más detalles pero creo que las palabras dichas por mi hija recientemente lo resumen todo: “Papá, yo nunca había estado tan feliz y tranquila como lo estoy ahora, porque ustedes saben y comprenden.”

Hemos aceptado la situación, pero, ¿por qué tienen que hacer alarde de ella?
Muchas veces aún los padres que han aceptado la homosexualidad de su hijo/a se quejan del comportamiento abierto. Se incomodan y enojan al ver demostraciones de atracción sexual en público entre personas del mismo sexo. Nosotros sugerimos que esto es un resultado normal de la manera en que todos hemos sido criados y de los que se nos ha enseñado sobre el sexo en general, particularmente sobre la homosexualidad. A pensar de que esto es completamente comprensible, debemos verlo como nuestro problema, y no el problema de los homosexuales. Si los heterosexuales pueden demostrar afecto abiertamente en público, no hay razón lógica por la cual los homosexuales no puedan hacerlo también. Si usted siente que la conducta sexual debe ser algo privado, entonces esto debe aplicárselo a todos.

PREGUNTAS DE INTERES GENERAL

¿Es un pecado?

Esta es una de las preguntas más difíciles para las personas religiosas. Muchas religiones nos enseñan que la homosexualidad es condenada. No obstante, en ningún lugar de la Biblia hay mención de aquellos cuya verdadera naturaleza es homosexual. Ni los Diez Mandamientos ni el Evangelio mencionan la homosexualidad. Los estudiantes de la Biblia nos dicen que las prohibiciones frecuentemente citadas - fuera de contexto - en Levítico 18:22 y 20:13, y en la Epístola de San Pablo a los Romanos 1:26′27, se refieren a la prostitución masculina en los templos: prácticas sexuales por heterosexuales. Le pedimos a usted que escuche a sacerdotes, ministros y rabinos que han estudiado la pregunta, y han obtenido otras respuestas.

Católico:
Debido a las condiciones diversas de los humanos sucede que algunos actos les son virtuosos a algunas personas, tan apropiados y adecuados para ellas mientras que esos mismos actos le son inmorales a otras, tan inapropiados para ellas. (Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae.
La homosexualidad no tiene necesariamente nada que ver con el pecado, la enfermedad o el fracaso. Es una manera diferente de satisfacer el plan de DiosSupuestamente el pecado por el cual Dios destruyó a Sodoma fue la homosexualidad. Ese es el gran mito. Yo descubrí a través de mi investigación docta, que esto no era verdad. El pecado de Sodoma y Gomorra fue la inhospi- talidad a un extrañoEn Mateo, Jesús le dice a sus discípulos: “Vayan y prediquen el Evangelio, y si llegan a algún pueblo y ellos no los reciben bien, si son inhospitalarios, sacúdense la arena de las sandalias y será peor para ese pueble de lo que fue para Sodoma” Los cuatro evangelios no mencionan nada sobre el tema de la homosexualidad.

(John J. Mitchell, S.J., en entrevista con Charles Ortleb en la revista Christopher Street, octubre de 1976.)

Protestante:
¿Creo yo que la homosexualidad es un pecado? La homosexualidad, al igual que la heterosexuali- dad, no es ni una virtud ni un logro. La orientación homosexual es un misterioso don de la gracia de Dios comunicado a través de un conjunto extremadamente complejo de factores químicos, biológicos, cromosomáticos, hormonales, ambientales y de desarrollo, los cuales están totalmente fuera del control de mis amigos homosexuales. Su homosexualidad es un don, no una virtud ni un pecado. Lo que ellos hagan con su homosexualidad, sin embargo, es, sin duda alguna, su responsabilidad personal, moral y espiritual. Su comportamiento como homosexuales puede ser pecaminoso - brutal, alusivo, egoísta, promiscuo y superficial. Su comportamiento como homosexuales, por otra parte puede ser bello, lleno de ternura y de consideración, leal, desinteresado y profundo.

Con esta interpretación del misterio que debe ser atribuida a ambas orientaciones, la heterosexual y la homosexual, yo claramente no creo que la homosexualidad sea un pecado.

(Obispo Melvin E. Wheatley, Jr. Metodista jubilado 11/20/81)

Judío:
Ante todo, el judaísmo siempre ha enfatizado la importancia y la santidad del individuo. Los rabinos antiguos semejaban cada vida humana al mundo entero. “¿Por qué creó Diosa cada ser humano distinto, no estampándonos como tantas monedas?” se preguntaban los rabinos. “Para mostrarnos que cada persona es única,” contestaron ellos. El judaísmo siempre ha celebrado la vida humana y siempre ha estimado la libertad como el vehículo a través del cual cada individuo único puede desarrollar su potencial.

Es por esta razón, y puesto que nosotros los judíos hemos aprendido directamente cuan sofocante y destructiva es la opresión, que el movimiento de Reforma Judaíca en todas sus gamas, ha hecho un llamado para que se proponga legislación para los derechos de los gays. Aún cuando todas las ramas del judaísmo no estén de acuerdo, el judaísmo liberal reconoce que las censuras religiosas en contra de la homosexualidad fueron un producto de su tiempo y lugar, una época antigua durante la cual la existencia misma dependía en que cada miembro de la sociedad tuviese hijos para poblar las fronteras y abastecer el ejército. Eso fue ya hace mucho tiempo, antes de que la ciencia moderna y la psiquiatría nos trajesen a un nuevo entendimiento de la naturaleza humana. Nosotros los judíos hemos incorporado los últimos conocimientos a nuestro judaísmo, esa adaptabilidad es por la cual hemos sobrevivido, y por la cual tantas prohibiciones Bíblicas son pasadas por alto. Los judíos pensantes de hoy día al igual que todas las personas pensantes rehusarán invocar reglas homofóbicas de entre todas esas leyes que han sido olvidadas desde hace tanto tiempo. Después de todo, aún el más ortodoxo ya no apedrea a los niños desobedientes hasta matarlos, ni los cristianos fundamentalistas nos piden que sigamos los rituales KOSHER, siendo estas solo dos de las reglas encontradas en la Biblia. ¿Si nosotros los judíos, que siempre hemos sido víctimas por el hecho de ser diferentes, no logramos aceptar, quien entonces en nombre de Dios lo hará?

(Rabino Charles L. Lippman, 1985.)

¿Es la homosexualidad innatural?

La homosexualidad no es innatural puesto que existe en la naturaleza. Es tan natural para una persona el ser heterosexual como lo es para otra el ser homosexual. No sabemos porqué las personas son homosexuales, pero sí sabemos que siempre hubo, hay y habrá homosexuales. Se estima que el 10% de la población de los E.E.U.U. y a través del mundo es lesbiana o gay; al menos una persona en cada cuatro familias. Para ellos su homosexualidad es su verdadera naturaleza. Pedirles que se comporten de otra manera sería pedirles que se comporten innaturalmente.

¿Y sobre el SIDA?

El SIDA no es una enfermedad “gay”. Las lesbianas, por ejemplo, están en uno de los grupos de menor riesgo en nuestra sociedad. Esta es una enfermedad transmitida sexualmente, la cual puede ser también transmitida por agujas o jeringas no esterilizadas. En Africa la enfermedad ha atacado a los heterosexuales predominantemente; en los E.E.U.U. por razones desconocidas se propagó inicialmente entre los homosexuales del sexo masculino. Estudios recientes han mostrado que actualmente se está igualmente progagando entre los heterosexuales. La infección afecta a los drogadictos en los E.E. U.U., a través de jeringas y agujas no esterilizadas, y en los países del tercer mundo sucede debido a la esterilización inadecuada cuando se recibe atención médica.

El SIDA no es nada del cual sentirse avergonzado.
Este no es necesariamente el resultado de haber llevado una vida promiscua y el hecho de que alguien la halla adquirido no dice nada sobre qué tipo de persona es. El hecho más importante no es el saber como una persona fue infectada, sino el hecho de que esa persona está enferma y necesita ayuda.

El SIDA es difícil de adquirir.
No hay nada que indique que el SIDA sea transmitido de ninguna manera sino por aquellos medios ya indicado, por lo tanto no existe razón alguna para evitar contacto con miembros de su familia que tengan SIDA. Por último, la manera que un padre o una madre se enfrente al SIDA debe depender de las personal con la enfermedad. Algunas querrán decírselo a los demás, otras querrán mantener la información en privado. Algunas querrán tener cerca a sus padres, otros no, y algunos querrán hablar con usted sobre el tema, mientras que otros evitarán el tópico. Más tengan presente, que todas las personas con SIDA necesitan amor y cuidados. Mostrar nuestro apoyo y cariño es más importante que nunca.

CONCLUSION

Aceptar la homosexualidad de su hijo/a y educarse a si mismo/a sobre el tema lleva tiempo. Los/as hijos/as a menudo esperan que sus padres los/as comprendan de inmediato, pero para muchos de ellos no es posible. No se impaciente consigo mismo/a. No importa cuanto tiempo le lleve. Si realmente desea aprender y comprender, usted lo logrará.
Una adaptación del inglés de “Can We Understand?”, una guía preparada por los Padres y Amigos de Lesbianas y Gays de la Cd. de Nueva York. © Federation of Parents of Lesbians and Gays, Inc., Washington, D.C. (EUA).

PRACTICAS HOMOSEXUALES



Aunque para los heterosexuales sus prácticas suelen ser algo misterioso, lo cierto es que sólo se diferencian en que en los homosexuales el coito pene-vaginal no se da. En estudios se ha podido ver que los homosexuales están mas relajados y se involucran más en el juego previo que los heterosexuales.
Las lesbianas tienden a abrazarse y a dar mayor importancia al contacto corporal que al contacto genital y al orgasmo. Sus prácticas más comunes son: masturbación mutua, sexo oral genital (cunnilingus) y tribadismo (una mujer encima de otra, realizando movimientos pélvicos, estimulándose así el clítoris y la vulva).
En las practicas de homosexuales aparecen los besos, contactos oro-genital, coito anal y estimulación genital mutua.
Se piensa erróneamente que los homosexuales mantienen un rol fijo en sus relaciones sexuales: pasivo, activo o mixto. En realidad su rol varía de un momento a otro, o de una pareja a otra. Por lo que es muy difícil apreciar cuál es el pasivo o activo de una pareja.
Los estilos de vida de las lesbianas son menos extravagantes que los de homosexuales y promiscuos. Aceptan mejor su homosexualidad y tiene menos presión social. Se mantienen más tiempo con pareja estable debido a que ellas no buscan en sus parejas la simple atracción, como es más frecuente en los homosexuales. Para ellas es más importante la relación afectiva que la sexual. Por lo que aun alcanzando unos grandes niveles de excitación sexual, es común que muchas parejas de lesbianas dejen de mantener relaciones sexuales a los tres o cuatro años de relación.


PATRONES

Un importante estudio de Bell y Weinberg, identificó seis tipos de vida homosexual:

HOMOSEXUALES EN PAREJA CERRADA
Relación de características semejantes a un matrimonio heterosexual, donde hay un alto grado de compromiso y fidelidad. Están satisfechos con su orientación sexual y están integrados en la sociedad.
Esta relación es más común entre las lesbianas
.
HOMOSEXUALES CON PAREJA ABIERTA
Viven una relación de pareja, pero esto no les priva de buscar otras relaciones con un interés sexual. Su vida sexual es intensa, pero no están tan satisfechos como los que tienen una pareja cerrada. Estas relaciones son más típicas de los gays.

HOMOSEXUALES FUNCIONALES
No están emparejados, tienen muchos compañeros de alcoba y están satisfechos con su orientación. Suelen ser jóvenes y tienen mayor número de altercados y discusiones, que los anteriores.

HOMOSEXUALES DISFUNCIONALES
No están satisfechos con su condición. Tienen problemas para aceptar su homosexualidad, suelen buscar ayuda psicológica, para hacer frente a los problemas que les atormentan.

ASEXUALES
Tienen poca actividad tanto social como sexual, son reservados y disfrutan viviendo en soledad.

HOMOSEXUALES CASADOS
Mantienen una doble vida; por una parte un matrimonio heterosexual y al otro lado sus deseos homosexuales, todo ello provoca que sientan culpa, generando ansiedad. Todo les causa tanta tensión y sufrimiento que acaban por acudir a un profesional.

CAMBIO DE SEXO

RAZONES
En estos individuos se observa una persistente insatisfacción con su sexo, desean abandonar los caracteres de su sexo, para adoptar los del otro.
Existe un convencimiento a temprana edad de que su cuerpo, no correlaciona con su mente. Esta contradicción genera en el individuo problemas psicológicos y una gran desazón. En ocasiones se le proporciona al sujeto tratamiento psicológico. Y otras muchas se le trata con hormonas y/o quirúrgicamente.

PREPARACION
Antes de plantearse la cirugía hay que valorar la preparación que tiene el individuo para acomodarse a su nuevo sexo.
Si el paciente no está seguro del paso que va dar o se le ve incapaz de afrontar las presiones sociales a las que será sometido no se sigue con la idea de la intervención.
Se le enseña antes de la operación a adoptar comportamientos, gestos, habla y conductas propias del sexo que quiere adoptar. Ser hombre y mujer incluye también estos aspectos que muchos transexuales no conocen, y van por el mundo como caricaturas del sexo que quieren adoptar.
La cirugía se pospone un año o dos hasta que el paciente ha aprendido a adoptar el rol del que será su sexo en el futuro.

En la siguiente etapa se les administran hormonas:
- A los hombres estrógenos; estos provocan un aumento de las mamas, el crecimiento del pelo en el cuero cabelludo suele ser más rápido y su textura más blanda. La barba suele requerir depilación eléctrica. La piel se vuelve mas tersa y menos musculosa. La grasa comienza a distribuirse siguiendo los cánones femeninos. Con los estrogenos se reduce la frecuencia de erecciones.
- A la mujer se le administra testosterona, aumentando el peso corporal y la masa muscular. Aumenta el vello facial, la voz se vuelve mas grave, inhibe la menstruación y aumenta el tamaño del clítoris.

POSTOPERATORIO
Pasar por quirófano en el varón significa aumento de las mamas, amputación del pene y testículos, construyendo una vagina artificial.
Para las mujeres significa ser mastectomizadas e histerectomizadas, intentando una faloplastia. Esto ultimo consistiría en colocar un pene artificial, mediante una sonda confeccionada a partir de piel del abdomen o la vagina. Este proceso es muy complicado y aunque se ha intentado que mediante un artilugio mecánico insertado en el pene, se consigan erecciones, lo cierto es que no es posible la eyaculación ni las sensaciones táctiles. Por lo que muchas mujeres prefieren la extirpación de los ovarios, la terapia hormonal, la mastectomia, histerectomia.
En la actualidad estas operaciones parecen ser un éxito, sacando óptimos resultados. Pero el mayor problema después de la operación es el reajuste psicológico, un gran numero de pacientes que estaban convencidos de necesitar este cambio, es incapaz de adaptarse a la nueva vida que se les plantea después de la operación.
Todo tratamiento para cambiar de sexo tiene su precio, el tratamiento hormonal al que se ven siempre sometidos, provoca en los hombres: alteraciones en la circulación sanguínea y alteración en los estados del ánimo
En la mujer: el acné y la retención
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MATERNIDADES


Por María Luisa Peralta

Un día de marzo de este año, nos pidieron que alguien de Lesbianas a la vista fuera a hablar en un panel sobre no discriminación, que era parte de un seminario para jóvenes. Fabiana, mi compañera en el grupo y en la vida, fue la encargada de tomar ese lugar.
Primero habló una abogada, especialista en bioética, que dio una larga charla sobre “no discriminación” y “tolerancia”, durante la cual, en ningún momento, mencionó la orientación sexual. Después vino el turno del panel, que estaría integrado por una cantidad de personas que viven realidades específicas y experimentan en cuerpo propio la discriminación. Hubo demasiadas ausencias y sólo estaban Fabiana y un muchacho indígena. En un momento de su exposición, mi compañera mencionó, entre varias iniquidades, el hecho de que las lesbianas no tenemos garantizado por ley el acceso a la inseminación artificial (como tampoco lo tienen las mujeres solteras heterosexuales y bisexuales). Tales sus textuales palabras. Llegado el momento de las preguntas, la primera en pedir la palabra fue la abogada especialista en bioética, que le reprochó a mi compañera el haber usado la expresión «inseminación artificial» y le dijo, plena de dignidad ofendida, que las especialistas en bioética consideran mucho más respetuoso hacia el cuerpo de las mujeres el uso de la expresión «fecundación asistida», y acto seguido le soltó una breve lección sobre el poder del lenguaje (algo que mi compañera ya había remarcado con suma claridad mientras exponía).
Como lesbiana de 26 años que considera la posibilidad de tener hijas/os en algún momento, suelo pensar bastante en torno de la combinación lesbianismo/maternidad. Por eso me quedé pensando en lo que dijo la abogada, que me había chocado profundamente y al principio sin saber muy bien por qué. Luego pude darme cuenta.
Decidir convertirse en madre en esta sociedad hétero-patriarcal no es un hecho ingenuo o inocente, sino uno cargado de significados e implicancias. Todas fuimos criadas en una sociedad con expectativas hacia nosotras como nenas y mujeres, que incluyen la expectativa de que nos convertiremos en madres, algo que se nos presenta todavía hoy casi como un destino ineludible. Y de hecho lo es en cuanto a reconocimientos, apoyos, y hasta parámetro del éxito de nuestras propias madres como reproductoras de fuerza de trabajo e ideología. Y, aun cuando muchas heterosexuales y la mayoría de las lesbianas eligen no ser madres, todavía somos bombardeadas permanentemente con mensajes acerca de que “la maternidad es lo natural” y el no ser madre es una excentricidad antinatural, una rareza, un egoísmo vergonzoso, una infracción demasiado grave al orden establecido de las cosas.

Gran canarioparatorpes

Uno de los aspectos más interesantes de la maternidad lésbica es, desde mi punto de vista, esa posibilidad de resaltar la maternidad no como un deber de y hacia la naturaleza, sino como una elección. Que las lesbianas hablemos de y reclamemos el derecho a acceder a la inseminación artificial (o más en general, a la fecundación artificial, puesto que la inseminación es sólo una de varias alternativas disponibles), pone de manifiesto esta visión de la maternidad como una elección y no como un deber o una imposición de la naturaleza. Y eso fue lo que tanto me molestó de la abogada: su perentoria corrección de nuestro discurso borró de una pasada lo artificial (como si hubiera un temor a eso, a lo no necesario, lo único propiamente humano de los seres humanos, lo único que verdaderamente nos diferencia de los demás animales a los que nos unen la naturaleza y lo necesario), re-naturalizando la maternidad, y puso en juego la palabra «asistida», que les devuelve a los hombres el papel central en los asuntos reproductivos que las tecnologías modernas amenazan con quitarles, dándole una pátina de imperfección y defecto a la procreación sin pene. Los hombres pueden respirar tranquilos con la Iglesia y una apreciable cantidad de mujeres, monitoreando de esta forma que sus privilegios no sean expropiados.
Lo más subversivo del hecho de que muchas lesbianas elijan tener hijas/os por fecundación artificial, es la apropiación creativa de unas tecnologías que no fueron desarrolladas pensando en nosotras y en las nuevas familias que podemos crear -contrariando el modelo de familia nuclear heteropatriarcal-, sino, muy por el contrario, para permitirles a algunas parejas heterosexuales con complicaciones biológicas pasar por una serie de engorros y gastos de dinero para ajustarse lo mejor posible al ideal que el sistema les impone (y si no lo logran, por lo menos lo intentaron denodadamente, lo cual les confiere casi la misma aceptación social y libera a esas mujeres de toda sospecha).
Y esto nos permite pensar en las razones de la actual controversia en torno de la maternidad lésbica: ¿por qué, si siempre ha habido mujeres que amaban a mujeres (aunque por razones históricas no se identificaran a sí mismas como lesbianas) que han parido y/o criado hijas/os, ahora se genera un debate tan agitado en torno a la cuestión? Si siempre hubo mujeres, de cualquier orientación sexual, que por las más diversas circunstancias de la vida han criado solas a hijas e hijos (biológicos y adoptados) o a niñas y niños con los que tenían algún otro lazo de parentesco sin que nadie lo cuestionara jamás (al contrario, era su deber como mujeres hacerse cargo de esas criaturas sin importar las razones por las cuales los padres se habían desentendido de ellas), ¿por qué ahora se lanzan admoniciones semi-apocalípticas acerca de esas criaturas criadas por parejas de lesbianas, sin padres, presentando la situación como una de las peores que le podrían tocar a una nena o a un nene? ¿Por qué todo este alboroto en torno a la declinación de la «familia tradicional» y ese reclamo desgarrado por un retorno a los supuestos «valores familiares» cuando todas/os sabemos que esas familias están basadas en las jerarquías y la opresión, que son el espacio donde se produce la mayoría de los abusos sexuales a las nenas y los nenes, que tienen como función principal mantener la supremacía de los varones y actuar como unidades de consumo en las economías capitalistas? Porque ahora se pone de manifiesto la elección de ser lesbianas y de ser madres. Recién ahora se pone de manifiesto que no es inevitablemente necesaria la participación del cuerpo de un hombre para la concepción, dado que ahora disponemos de tecnologías eficaces, a pesar de que todavía sean muy costosas. Si hasta ahora los hombres hicieron lo posible por controlar la gestación (un proceso que involucra exclusivamente al cuerpo de las mujeres) penalizando el aborto y demás, ahora ven que también se les escapa de las manos el control absoluto de la concepción. Ya no se trata de negarse a usar un preservativo, ahora es más serio: directamente pueden no estar involucrados más que como donantes de esperma (algo muy meritorio y muchas veces generoso, aunque haya algunos que lo hagan por dinero o por un deseo de saber continuados sus genes con un mínimo de molestias para ellos y sin la carga de la paternidad).
Esto, a su vez, marca una diferencia entre las generaciones de lesbianas. En nuestro país, prácticamente todas (no puede asegurarse que todas) las lesbianas que actualmente son madres han concebido, gestado, parido y criado total o parcialmente a sus hijas/os dentro de relaciones heterosexuales, en general matrimonios. Esto ha tenido sus ventajas y desventajas. Entre las desventajas, las más claras son los trastornos y angustias ocasionados por los juicios de divorcios y tenencias de las/los hijas/os. Entre las ventajas podemos mencionar que estas lesbianas no se ven tan expuestas como lesbianas: siempre existe un padre que puede ser presentado ante la escuela, el médico, el club, las familias de las/los amiguitas/os de sus hijas e hijos y ante sus propias familias de origen. Estas lesbianas primero fueron madres y luego se asumieron como lesbianas y/o decidieron vivir como lesbianas (algunas, en los tiempos pre-tecnologías reproductivas, se casaban aún sabiéndose lesbianas justamente para poder tener hijas/os). Creo que este orden en la historia personal es lo que se pone de manifiesto en su autoidentificación como madres lesbianas (como parece que se identifican hasta ahora todas las lesbianas de nuestro ámbito que tienen hijas/os).
Distinto es lo que sucederá cuando algunas de las más jóvenes de edad (paradojas de la vida lésbica: muchas de nosotras llevamos viviendo como lesbianas más años que algunas madres lesbianas veinte o treinta años mayores que nosotras) decidamos tener hijas/os. Para reflejar el orden de nuestra historia personal deberíamos llamarnos “lesbianas madres”, lo cual, además, implica que, como opción política, primero nos identificamos con las lesbianas y luego con el ser madres. Cuando en nuestro país haya una masa crítica mínima de lesbianas en esta situación, pueden suceder algunas cosas todavía inéditas aquí: habrá una especie de visibilidad forzada frente a las instancias que se mencionaron antes porque no existirá el padre, por lo que se hará inevitable que se manifieste la existencia de esa familia lésbica. La emergencia de estas familias, junto con las familias gays, representará un cambio histórico e ideológico de importancia, porque implicará una identidad de familias lésbicas (y gays) todavía inexistente o muy embrionaria.
Sin embargo, lo que todas las lesbianas que tienen y las que queremos tener hijas/os tenemos en común es nuestra experiencia como lesbianas que nos hace diferentes a las madres no lesbianas. Ponemos en cuestión el significado mismo de familia, el qué constituye una familia. Como lesbianas que son o que seremos madres, desafiamos las presunciones tradicionales acerca de los roles de género, acerca de quién puede hacer qué en una familia. En nuestras familias, todos los roles, responsabilidades y funciones son (o serán) llevados a cabo por mujeres. En nuestros hogares, el poder no está basado en el género. O al menos así podría ser y así decimos que debería ser, idealmente. Y de esto depende la respuesta a la gran pregunta que como comunidad tenemos que hacernos: las familias lésbicas (y gays) ¿son inherentemente asimilacionistas o progresistas? El deseo de formar familias lésbicas ¿es un signo de madurez como comunidad y un gran desafío a la sociedad heteronormativa, o el primer paso hacia la asimiliación y, en última instancia, la invisibilidad?
Si se utiliza la maternidad de algunas lesbianas para oprimir en cualquier forma a aquellas lesbianas que no desean ser madres, si dejamos de cuestionar el significado de «familia», su definición y su función dentro de la sociedad heteropatriarcal, si nuestros reclamos políticos no van más allá de obtener algunos privilegios de los que disfrutan las parejas y familias heterosexuales, si no cuestionamos a la escuela y sus contenidos de enseñanza, si nos adecuamos al ideal de familia del sistema para sentir que somos más aceptadas dentro de la cultura mayoritaria, todo lo que hemos logrado hasta ahora se habrá perdido y la combinación lesbianismo/maternidad no habrá sido otra cosa que una expresión más de lesbofobia y heterosexismo internalizados, algo conservador y reaccionario, y habremos perdido la gran oportunidad histórica que las lesbianas de fines del siglo XX tenemos en las manos gracias a todas nuestras predecesoras (amazonas, mujeres que amaban a mujeres, amigas románticas, lesbianas de décadas anteriores, feministas no lesbianas, etc.) de lograr un cambio verdadero en los cimientos mismos de esta sociedad.
Si, en cambio, vemos a la maternidad lésbica como una opción más dentro de la gran diversidad existente dentro de las comunidades lésbicas, si valoramos y defendemos esa diversidad no oprimiendo ni permitiendo que se oprima a algunas miembras de nuestras comunidades, si demandamos nuestro derecho a decidir si queremos o no tener hijas/os, cómo y cuándo y a tener acceso a toda la información disponible acerca de tecnologías reproductivas, si celebramos la enorme diversidad de familias lésbicas (y gays, o en ocasiones mixtas) que somos capaces de crear, incluyendo a nuestras familias de elección no unidas por vínculos de sangre, si reclamamos y proclamamos nuestro derecho a actuar, pensar, vestirnos y comportarnos según nuestro deseo (cualquiera que sea) y no según lo que perturbe menos al sistema, si somos capaces de cuestionar radicalmente la opresión y la violencia que son piedra basal de esta sociedad sanguinaria, si no transamos en sacralizar la familia para que sean más aceptadas nuestras propias familias, entonces habremos logrado empalmar en la mejor cultura de cuestionamiento y agitación social que recibimos de nuestras predecesoras, habremos convertido a la maternidad lésbica en una afirmación más de nuestro orgullo lésbico, en una posibilidad más de visibilidad, en una creación de nuestras comunidades capaz de cuestionar una de las instituciones que conforman el sustento más indispensable del heteropatriarcado. Habremos hecho un aporte revolucionario más. Depende de nosotras.

Publicado en NX Nº 70 (septiembre, 1999)

Bibliografía:
· Dike life: from growing up to growing old, a celebration of the lesbian experience. Karla Jay (editor). 1995. Publicado por BasicBooks
· The lesbian couples’ guide. Judith McDaniel. 1995. Publicado por HarperCollins
· The cultural necessity of queer families. Jillian

Mitos Lesbicos


Rocío García

La masturbación produce ceguera, los penes más grandes dan mayor placer, la primera vez que se hace el amor no hay riesgo de embarazo… Las creencias “populares” tienen una serie de dogmas, la mayoría de ellos falsos. Del mismo modo, las lesbianas no descubren su sexualidad tras una relación insatisfactoria con un hombre, ni tienen el pelo corto, son rechonchas y llevan camisa y pantalón vaquero.

“Nosotros llamamos a eso <>”, dice Susana, una de las fundadoras del colectivo lésbico compostelano BOGA. De todas formas, las mujeres homosexuales no visten de forma provocativa, pero se debe sólo a un deseo de no resultar atractivas a los hombres. “Te expones a muchas bromas de mal gusto cuando le dices a un chico que eres lesbiana”, comenta Alexandra.

Se calcula que el número total de homosexuales es del 15 al 17% de la población, aunque muchos de ellos no lo reconocen. “Sobre todo la gente de 40 años, que tuvo que soportar mucha presión social. A las fiestas que organizamos suelen venir más de 200 lesbianas”. Resulta muy difícil asumir la sexualidad: “Normalmente, te das cuenta de que eres lesbiana entre los 10 y los 16 años, cuando te empiezan a gustar tus amigas, pero no lo asumes hasta los 18″.

Y es que pese a la actitud de gente como Martina Navratilova, Ellen Degeneres o Anne Heche, la presión social sigue siendo muy fuerte. Pero es no es todo: “Cuando te enamoras de alguien, o es heterosexual, o bisexual, y acaba dejándote por un tío”.

BOGA (“Sin punto; no son siglas”) nace en diciembre de 1997, fundado por un grupo de lesbianas de 19 a 30 años, en su mayoría universitarias. Surge para romper con el radicalismo del Colectivo de Lesbianas Independientes, que contaba con una comisión de acogida que obligaba a las futuras integrantes a aceptar unas bases determinadas. Organizan fiestas, a las que acude todo tipo de gente, pero orientadas a lesbianas que quieran conocerse.

Iconos sexuales

Resulta difícil saber con certeza si una mujer es homosexual. Los gays tienen un lenguaje corporal muy definido, las lesbianas no tanto. Ambos se valen de iconos. El arco iris de seis colores (rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta) es símbolo de la homosexualidad; el triángulo invertido de color negro y el hacha doble, del lesbianismo. El color lila indica femeneidad.

No está claro el origen de estos símbolos. El triángulo lo usaban los nazis en los campos de concentración para marcar a los homosexuales. El hacha se refiere a la castración. La reacción de la gente resulta a veces dura.

“Los amigos suelen ser los primeros en enterarse, y se lo toman bien. La familia es más problemática”. Y es que decir a tus padres que eres homosexual puede resultar muy difícil. Aún así, no todos reaccionan igual. “Mis padres siempre me dicen que lleve a mi novia a casa”, comenta Susana. Otros se niegan a asumirlo, pese a los claros “indicios” de sus hijas.

Las relaciones sexuales también están mitificadas. Aunque las lesbianas no son tan espirituales como piensan muchos, sí es cierto que les gusta conocerse y sentirse amadas. E el momento de hacer el amor, no suelen estar demasiado concienciadas para evitar el SIDA. “El riesgo de contagio es bajísimo, casi insignificante”. De todas formas, y por si acaso, utilizan cuadrados de látex, o plástico de cocina para prevenirse durante el sexo oral.
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Movimiento Lésbico


Una Barca en la Mar

Las lesbianas solemos hacer balances personales de nuestra actividad militante y esta falta de compromiso escrito hace peligrar nuestra historia. Que muchas organizaciones se comuniquen por e-mail donde poco se habla de actividades o análisis serios, también hace que se fugue una energía valiosa. La intención de La Zona es generar un debate acerca del movimiento de lesbianas, hoy fragmentado y anquilosado por personas y grupos que gozan mirándose el ombligo sin intenciones serias de elaborar materiales que puedan ser leídos por las próximas generaciones.

Mi tía la feminista

En el activismo lésbico hay un fuerte peso o bagaje de los postulados del feminismo, que permitió a algunas construir una subjetividad de valoración de género, en contraposición al patriarcado. Las lesbianas crearon algunas pequeñas comunidades ideales donde el enemigo (porque siempre tiene que haber uno, y que esté afuera) era el hombre -hétero, gay o travesti-, desde una concepción esencialista. El hétero por su machismo, el gay por su misoginia y las travestis porque tomaban lo más estereotipado de la “mujer”.

Se entendía al género como algo dado, esencial: «las lesbianas somos doblemente oprimidas. Somos oprimidas como mujeres y como lesbianas». «El lesbianismo implica no solo la relación erótica entre mujeres, sino también un compromiso emocional y político con otras mujeres». Estas ideas se manejaban a principios de los ‘90 en varios grupos de lesbianas, tales como Cuadernos de Existencia Lesbiana, Grupo de Reflexión Autogestiva de Lesbianas, Las Lunas y las Otras - Grupo de Lesbianas Feministas, y Mujeres de la CHA.

Gran canarioparatorpes


La mayoría de los grupos se habían construido con lesbianas que provenían del movimiento feminista. En 1987 se hace visible en la marcha del 8 de marzo -Día de la Mujer- el grupo Cuadernos de Existencia Lesbiana -una de sus fundadoras es Ilse Fuskova-. Este grupo nació en 1986 en un taller de las jornadas anuales que realiza la ATEM (Asociación del Trabajo y el Estudio de las Mujeres).

El feminismo dio una identidad a las lesbianas; ellas podían circular en los grupos de mujeres sin romper esa alianza para mantener el equilibrio. En abril de 1990, en la Primera Asamblea Nacional de Mujeres Feministas que se realizó en Mar del Plata, el lesbianismo aparece en el Taller de Sexualidad y es tomado como una forma más de placer; se lo asocia al erotismo. A fines de 1990 se realiza el V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, en San Bernardo, donde participan alrededor de 3.000 mujeres. En este espacio no se había previsto ningún taller de lesbianas. Las que tenían interés en hacerlo, en forma independiente, lograron mantener, durante los cuatro días que duró el encuentro, un taller en el que circularon 500 lesbianas, donde no solo se habló de sexualidad, sino de derechos civiles, pornografía, relaciones masoquistas consensuadas, vih, enfermedades de transmisión sexual, etc..

Desde el feminismo, las lesbianas eran confinadas al espacio de lo erótico como una variante más de la heterosexualidad. La visibilidad de estas lesbianas se expresaba dentro del movimiento feminista, pero no ante la sociedad, porque esta era patriarcal y había que destruirla, no integrarse.

La referencia, «la otra»

Los grupos de lesbianas feministas servían para “limpiarse” de la sociedad patriarcal y construir nuevos valores entre las mujeres. La referencia expresaba la necesidad de mirarse en la otra, en una “igual”, para generar conciencia de género. Esta «otra» era una lesbiana feminista, políticamente correcta, y estática. Se establecía un código o una «ética» feminista, una identidad donde mirarse. Las relaciones sexuales debían ser igualitarias. Las lesbianas “masculinas” eran discriminadas porque caían en el estereotipo de aparentar ser hombres, y otro tanto les sucedía a las muy femeninas, por mimetizarse con las mujeres heterosexuales. Las lesbianas debían ser iguales… iguales al ideal feminista lesbiano.

Muchas feministas idealizaron el amor entre lesbianas feministas por el respeto y la igualdad de roles que en ellas reinaba. La ética lésbico-feminista prohibía los roles sexuales (activa-pasiva), juguetes eróticos (consoladores, dildos, vibradores, lencería, etc), el travestismo, el sadomasoquismo y la pornografía.

«La serpiente gay merodea de nuevo»

Desde hacía tiempo, las mujeres de la CHA, con Mónica Santino como referente pública, establecen que el lesbianismo es un derecho humano que hay que conquistar, y asienten en que hay que cambiar la sociedad pero integrando a los varones. «(…) intentamos, mujeres y varones, modificar los tabúes que durante siglos nos impidieron ser sujetos, personas» (Documento presentado en el Encuentro de Nacional de Mujeres de Neuquén, en 1992). Los Encuentros Nacionales de Mujeres permitieron cierta integración de las lesbianas con mujeres de diversos orígenes, pero la identificación con las mujeres se mantenía. Los grupos de lesbianas funcionaban colectivamente dentro del Frente de Lesbianas de Buenos Aires, tanto las lesbianas feministas como las de la CHA. En 1993 escriben un informe de situación, y asumen la organización del IV encuentro de Lesbianas Feministas.

«El lazo entre el deseo y la realidad -dice Foulcaut- es lo que posee fuerza revolucionaria». El separatismo lésbico que había primado en muchas, ahora era algo que ahogaba, en varios sentidos. La radicalidad se expresó en el IV Encuentro de Lesbianas Feministas que se desarrolló en Chapadmalal, donde lesbianas radicales criticaron fuertemente a Mónica Santino (en ese momento presidenta de la CHA) y a Rebeca Sevilla (Secretaria de la ILGA) cusándolas de enemigas por “colaborar con la ONU” para la Conferencia Regional Preparatoria de la V Conferencia sobre la Mujer en Beijing. El debate se daba entre lesbianas “cooptadas” (elegidas) por el sistema, aquellas que luchaban por los derechos civiles y la visibilidad, y lesbianas «autónomas», aquellas que deseaban una sociedad sin opresiones. Pero en realidad, en la Conferencia de la Mujer, se desarrolló una gran disputa con sectores radicales, pero del catolicismo. Entonces, se produce un quiebre no solo en el activismo sino también en el Frente de Lesbianas, que deja de existir a partir de 1994.

En 1993 se realiza en Chile el Primer Encuentro Sudamericano Gay y Lésbico, y comienza a haber una socialización de lesbianas con los varones gays. «No nos pegaron trompadas ni nosotros las arañamos… La relación fue buena. En el plenario hubo dos oportunidades donde se planteó la cuestión y se debatió… ¡y cómo! Surgió por el informe de un taller en el que, para las mujeres, las lesbianas habían sido invisibilizadas y también por el viejo mito de la violencia de las lesbianas.

Una, ya lo dije, es un mito a desterrar. La otra es más delicada… tengo sentimientos contradictorios. Ya no puedo pronunciar la palabra “gay” si no va acompañada -antes o después- por la palabra “lesbiana”. Pero no todo el mundo lo hace y no es porque sean machistas o patriarcales; simplemente no lo han incorporado aún. Hay que preparar a la gente para eso.» Esto declaró Carlos Jáuregui a la revista Confidencial, como balance del Encuentro. La delegación estaba también acompañada por Mónica Santino, por la CHA, y Alejandra Sardá, de Las Lunas y las Otras.

Si sólo voy a bailar, ¿dónde está el orgullo?

Para las lesbianas feministas el deseo era uniforme, un dogma igualitario que no tenía en cuenta a las personas. Muchas lesbianas rompieron la horma: unas tomaron pastillas, otras se golpearon entre sí, otras se acostaron con varones, gays o héteros, algunas pocas quisieron ser hombres, algunas tenían sida, otras se enamoraron de travestis, o de transgé-neros, también muchas decidieron trabajar en conjunto con grupos de varones gays y travestis. Se visibilizaron en la TV, en las marchas, y lucharon por derechos civiles en la Ciudad de Buenos Aires. Al romperse esta referencialidad, se rompe el estatismo y esto genera violencia. La violencia de las lesbianas que aún hoy se expresa entre los grupos, la falta de debates honestos y claros, la desle-gitimación y subestimación de las lesbianas entre sí, todo tiene que ver con la imposibilidad de interpelación y la lesbofobia, la imposibilidad de ver a la otra como una persona, porque el cues-tionamiento genera miedo y desestruc-tura, produce pánico y silencio.

A partir de los encuentros en el bar Tasmania, en 1995, comienza a plasmarse un activismo lésbico que revisa el pensamiento feminista, y cuyo eje central es el orgullo, la visibilidad y la lucha pública. Las travestis pudieron ser resignificadas y asumidas como mujeres diferentes, gracias a los Encuentros GLTTTB.A principios del ‘95 lo transgenérico aparece de la mano de Mauro Cabral en el Encuentro de Rosario, y comienzan a resignificarse conceptos como hombre-mujer, masculino-femenino, activo-pasivo, etc., tomados como componentes culturales construidos históricamente.

Las lesbianas fuimos socializadas como mujeres. Al oponernos a la orientación sexual que está culturalmente preparada, nos apartamos del género. Como lesbianas, muchas no nos sentimos mujeres, aunque reivindiquemos consignas de las mujeres que resisten, como también consignas de los sectores que trabajan por los derechos humanos.Pero entonces, ¿las lesbianas somos un género? Las lesbianas fuimos socializadas desde las concepciones del movimiento feminista. Pero aquellas lesbianas que tenemos un compromiso emocional y político con gays o con travestis o transgéneros o con las/os bisexuales ¿dejamos de ser lesbianas? Aquellas mujeres feministas que echaron de una reunión a las travestis porque “no eran mujeres”, ¿entran dentro de nuestro compromiso emocional y político? Si nos oponemos a la naturalización de definiciones como hombre-mujer, también debemos oponernos a naturalizar identidades como “lesbiana” o “gay”, porque no nos apartan de la binaridad de género sino que la refuerzan, siendo el negativo de la identidad heterosexual. La escala de valores de la pirámide sexual que la cultura armó es: hombre, mujer, gay, lesbiana, travesti, transgénero, etc.. Si la identidad refuerza esta escala y no se planta criticándola de raíz, entonces la diversidad será un relato de cuerpos muertos, estáticos y ordenados en fila.

En la medida en que recreemos grupos donde la referencia se idealice dentro del grupo, no sea cuestionadora de la escala de valores de la pirámide sexual, no sea diversa, movible y visible, la diversidad no será un patrimonio de las lesbianas. Será una identidad estática siempre a punto de estallar, un caldo de cultivo para nuevas frustraciones y violencias.



Este articulo apareció publicado en la revista Mgay, numero 42, edición de diciembre del 2000.

El Amor Lésbico Comprende Muchas Facetas:
La mujer lesbiana vive y siente el amor de manera muy diferente a como lo vive y siente la mujer heterosexual. La sexualidad de la mujer es algo especial; tenemos una capacidad muy amplia para dar y recibir placer que no tiene nada que ver ni con la procreación ni con la participación del pene.

El amor lésbico abarca muchas facetas; su base y su fuerza la encuentra en la amistad y comprensión, en la confianza y en el respeto.

La Esencia del Amor Lésbico es la Pura Sensibilidad:
La lesbiana no persigue el placer sexual como finalidad física en la relación con la compañera; esto es, su objetivo no es tanto el sexo, sino que busca más bien niveles profundos de comunicación, esferas de ternura, cariño y delicadeza. La esencia del amor lésbico es la pura sensibilidad. Casi se podrá decir que la lesbiana sexualiza la amistad, pues la relación sexual nace de un sentimiento profundo que tiene su base en el amor.

La Relación Lésbica es Afecto:
La lesbiana valora y disfruta de la sensibilidad y la ternura, sintiendo, viviendo y compartiendo en cada milímetro de la piel de su amante la plenitud de ser ella misma. La relación lésbica es cariño, es la caricia suave, el sexo lento, el saboreo, el conocerse a fondo para una excitación mutua; es la voluptuosidad, la humedad, el beso, las manos, la lengua, el orgasmo físico y mental, es la unión entre dos mujeres que conocen sus cuerpos y los disfrutan plenamente; es una relación de igualdad, sin dominante ni dominado, sin principio ni final; una delicia del tiempo que pasa sin prisa; es vivir el amor en toda su plenitud.

¿Pareja o no Pareja?:
Hablar de una relación de pareja, para mucha gente significa hablar de posesión, de dominación, del encierro físico y mental y la anulación de la personalidad, especialmente y de manera muy dramática, para la mujer.

La pareja esta en crisis, la pareja no funciona, es preciso buscar otras formas de relación, son frases que constantemente se oyen decir. Lo cierto es que, si la pareja no funciona, tampoco hemos visto florecer otro tipo de relaciones más abiertas que puedan sustituir satisfactoriamente a la pareja. Tal vez lo que esta fallando es una comunicación real entre las personas.

La dificultad está en el hecho de que es más fácil recibir que dar, esperar comprensión que ofrecerla, querer nuestra libertad que aceptar la de los demás. Hasta que esto no se comprenda, fallará cualquier relación, incluida la de pareja.

La lesbiana liberada que ha superado los estados de ansiedad y que puede encontrar una compañera que se halle en la misma situación puede considerarse afortunada. Para muchas el problema de la soledad es aún realmente grave. El ideal de un amor libre que sobrepase la pareja y que, para muchas feministas, tiene su respuesta en el lesbianismo, no está a la vuelta de la esquina.

Largos años de lucha reivindicativa nos aguardan para que este ideal sea realizable. Pero entonces, sin embargo, en el seno de una nueva sociedad, tal vez las personas hayan aprendido ya a vivir y a relacionarse más que como seres con sexo, como seres humanos.
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LESBOFOBIA

«La gente quiere estar tranquila, solamente en la intranquilidad habrá alguna esperanza para ella.»
Emerson.

No se sabe bien porque aquel día la madre de pronto le dijo: « vos, lesbiana de mierda!», y ella pensó: «entonces esto tiene nombre», e inmediatamente fue a buscar en el diccionario: lesbiana- lesbianismo, y se alivió. Hasta ese momento había pensado que era la única ( pensamiento muy habitual en las de su época).

¿De que se alivió?, ¿que hizo la madre al nombrar esto?

Se alivió de un dolor particular, un dolor con peso específico propio, el de las minorías sexuales.

La madre al nombrarla la introduce en un espacio de significaciones, en un texto, una red que articulando pasado, presente y futuro alivia la herida de soledad histórica.

Años atrás una lesbiana me contó que su padre en la adolescencia le regaló «El pozo de la soledad» de Radclyffe Hall, aquella primer novela lésbica publicada en este siglo.

Un pozo indica una ruptura en una superficie, donde al caer, el sujeto quedaría aislado y sin luz, fuera de la escena del mundo, en una discontinuidad fuera del lugar común, (¿cómo se crea un lugar común?).

Algo semejante ocurría cuando al bajar el telón de Brujas, aquella exitosa obra de teatro donde cinco amigas se reencontraban tras años de no verse, la lesbiana (interpretada por Susana Campos, en una adaptación de un libro de Santiago Moncada), quedaba fuera de escena.

El lesbianismo queda fuera del escenario del mundo, pero si contamos con la palabra lesbiana buscamos y nos encontramos en Lesbos, una isla griega hace 2.500 años, y ya tenemos un pasado remoto en una «isla» y un pasado próximo en un «pozo», y entre la «isla» y el «pozo» una discontinuidad temporal abismal.(«isla»,»pozo» y «abismo» ).Hace unos meses encontré ilustraciones de Raúl Soldi para el libro Las canciones de Bilitis de Pierre Louys, para una edición en francés del año 1944(*). Me llamó la atención lo alejadas del estereotipo heterosexual que eran sus representaciones de parejas lésbicas. ¿A que lesbianas había conocido?, ¿Qué pasaba en la Argentina por aquellos años?, ¿Quién ofreció a Soldi tal encargo?, ¿Quién lo prohibió?.

Gran canarioparatorpes


La historia, las distintas versiones de la historia, no la escriben solo los que ganan sino también los que pierden pero todos resultan ser hombres, y eso quiere decir que hay otras historias.

La mujer es lo diferente para ese cuento androcéntrico desde el cual también nosotras nos pensamos. En ese orden la diferencia es jerarquizada y transformada en inferioridad que luego se naturaliza.

Dentro de ese texto la mujer heterosexual encuentra su lugar (inferior, claro está), y sus correspondientes satisfacciones narcisistas (premios y castigos se reparten según haga quién que). La mujer lesbiana encuentra su «isla « o su «pozo», no hay libreto que la sostenga sobre la escena del mundo.
Para subir a escena hay que disfrazarse de otra, bajo silenciosa amenaza se vive en el « pozo» y se circula disfrazada , de este modo se acepta el mandato paradojal de la cultura heterosexocéntrica: «para existir no me hables», «se tolerante, permíteme que te prive de tu derecho a la palabra», «no conmuevas mis creencias últimas: lo diferente es inferior o no existe», «ve a alojarte a tu subterránea vida»(o a tu isla del Tigre).

La ausencia de libretos lésbicos deseables es interpretada como un castigo, violencia mediante la cual se internaliza el mandato naturalizandose la inexistencia y el fuera de escena en las mismas lesbianas: «mis padres lo saben pero no hablamos de eso, bueno , en realidad creo que lo saben , sí, creo que sí» o »dejo que los demás crean lo que quieran «- o «eludo responder a ciertas preguntas de ese modo me protejo».

El costo de protejernos es una vida en menos, una subterránea vida.

Adormecidas por sutiles domesticaciones ¿cómo podríamos construir una historia si nos es tan difícil reconocer el dolor de nuestras renuncias «adaptativas»?.

La domesticación desorganiza una queja en común y el dolor de unas no resulta ser semejante al de las otras. ¿Qué pasó con el dolor?

La violencia simbólica que opera el amordazamiento cultural de las lesbianas produce una diversidad de relaciones con el dolor: - se lo niega en autosuficiente impostura, - se transforma en distintas modos de autoagresión y maltrato, - se resuelve en masoquista resignación a modo posmoderno. En todos estos casos el dolor se viene encima o se vuelve lastre, sin deshacerse en tensión hacia delante, no logra mutar en esperanza.

En un intento por suturar la herida que lo causa podemos explicarlo desde la cultura que lo parió, produciendo más del mismo dolor al reproducir el contexto creencial desde el cual se explica, o intentamos construir su exilio cultural explorando lo invisible, aquellas creencias que sostienen los textos fijos para las mujeres heterosexuales y un fuera de texto para las lesbianas. Transformación para la que necesitamos aprender a pensar de otros modos…

-perdón, una noticia de último momento acaba de interrumpir mi tarea, me informan que un grupo interdisciplinario de arqueólogos ha hallado en recientes escabaciones un antiguo «pozo de soledades» donde encontraron manuscritos anónimos en varias lenguas. Los arqueólogos aún no han podido precisar el tiempo en que fue realizado el «pozo» pero ya han logrado descifrar las primeras líneas del texto, se trataría de «notas para la construcción de un sol paradojal del pensamiento».

Todo parece indicar que el exilio continuará.

Cecilia Ferrari
Psicóloga y coordinadora de uno de los talleres de reflexión de mujeres de SIGLA.
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LESBOFOBIA INTERNALIZADA


(adaptación de Internalized Opression, de Suzanne Lipsky
Traducción y adaptación: Alejandra Sardá)

Introducción: Se puede encontrar una salida

Un resultado importante de las coaliciones políticas y de los talleres puede ser el de revelar la naturaleza de la lesbofobia internalizada y crear técnicas efectivas para eliminar de entre nosotras este importante obstáculo para nuestra liberación. Si bien cada una de nosotras vive la lesbofobia internalizada de una manera única (porque cada una está oprimida de forma particular) no cabe ninguna duda de que todas y cada una hemos sido lastimadas por esta forma particular de opresión. Ninguna lesbiana en esta sociedad está libre de eso.

La lesbofobia internalizada es la herramienta principal para que perpetuemos y “estemos de acuerdo” con nuestra propia opresión. Es uno de los principales factores que nos impiden que como grupo nos demos cuenta de la enorme inteligencia y el poder que en realidad poseemos y los llevemos a la acción. A nivel personal, es no de los principales ingredientes que componen las relaciones dolorosas e imposibles que a menudo entablamos entre nosotras. ¿Podríamos pensar que ha sido la piedra con la que tropezaron todos los grupos de “liberación lésbica” prometedores y potencialmente fuertes que sin embargo fracasaron en el pasado? Le lesbofobia internalizada limita de manera drástica la efectividad de todos los grupos de lesbianas que existen.

Este es un problema que nadie ha sido capaz de resolver y que ha desesperado a muchas. Algunos rasgos de lesbofobia internalizada nos resultan tan familiares que nosotras mismas los aceptamos como parte de una “cultura lésbica”. Se los atribuimos a “nuestra manera de ser”.

Llegar a un claro entendimiento teórico de este fenómeno puede producir una ruptura en esa situación y lo que es más importante, puede genera técnicas efectivas que nos liberen por completo de este terrible obstáculo para que podamos emerger como personas y liberarnos como grupo. Reconocer el concepto de lesbofobia internalizada es de trascendental importancia y es importante compartir ese reconocimiento con todas las lesbianas.
1. ¿Qué es la Lesbofobia Internalizada?

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Sabemos que todo dolor o todo maltrato que una sufre, si no es descargado (curado) crea en la víctima lo que se llama un “modelo de sufrimiento” (sentimiento o conducta rígidos, destructivos o ineficaces). Este “modelo de sufrimiento”, cuando vuelve a ser estimulado, tiende a empujar a la víctima a volver a vivir la experiencia de dolor o maltrato original, ya sea colocando a otra persona en el lugar de víctima o, cuando esto no es posible, tomándose a una misma como objeto de este modelo de sufrimiento.

La lesbofobia internalizada es una forma de opresión que se ha visto sistemáticamente iniciada, alentada y reforzada por los modelos de sufrimiento de las personas pertenecientes a la cultura mayoritaria (heterosexual) y de sus instituciones. Las lesbianas hemos sido víctimas de variadas formas de maltrato, invalidación, opresión y explotación.

Este maltrato ha instaurado en nosotras modelos de sufrimiento muy fuertes y crónicos, como grupo y como personas. Nosotras no tenemos la culpa de que estos modelos se instales y se inicien. Es claro que históricamente se nos han negado las condiciones necesarias (por ejemplo seguridad) para descargar ese dolor. Es también evidente que nunca hemos estado en una posición en la cual pudiéramos volver a actuar ese sufrimiento, colocando a nuestros opresores en el lugar de oprimidos.

El resultado ha sido que estos modelos de sufrimiento, creados por la opresión y la lesbofobia del exterior, los hemos podido actuar en los únicos dos ámbitos donde nos ha parecido que era “seguro” hacerlo. En primer lugar, con las personas de nuestro mismo grupo, sobre todo aquellas sobre quienes tenemos cierto grado de poder o control (nuestras parejas, las más jóvenes, las más viejas, las que tienen alguna “desventaja” social, etc.) En segundo lugar, sobre nosotras mismas, desvalorizándonos, dudando sobre nuestra capacidades, aislándonos, sintiendo miedo, indefensión o desesperación.

Es importante recordar que algunas de las conductas estereotipadas que con frecuencia reconocemos como parte de las culturas lésbicas las desarrollamos en su momento (o las seguimos desarrollando en los ámbitos más peligrosos para nosotras) como estrategias de supervivencia. Ese fue (es) su valor original. Son testimonios de nuestra fuerza, inventiva y determinación, de nuestra negativa a dejarnos vencer como grupo. Incluso los modelos crónicos de sufrimiento pueden tener el valor de hacer que sigamos vivas, como sea. En la actualidad, (o en los ámbitos donde no corremos peligro) todas es esas respuestas al maltrato están profundamente enraizadas en nuestra cultura, pero ¿cumplen todavía una función útil? ¿Podría ser que estos “elementos de la cultura lésbica” sólo sirvieran para mantenernos encerradas en nuestros roles de víctimas de la opresión?.

La lesbofobia internalizada es producto de volver contra nosotras mismas, nuestra parejas y todas las que son como nosotras los modelos de sufrimiento resultante de la opresión que sufrimos por parte de la mayoría heterosexual. Como parte de nuestro trabajo de liberación, tenemos que explorar la inteligencia, la fuerza, la grandeza, el poder y los triunfos de nuestra gente y de nuestra cultura, y hacer que la atención de nosotras mismas y del mundo se concentre en esos aspectos. También debemos estudiar continuamente aquellos aspectos de nuestra cultura que nos han sido impuestos como respuesta a la lesbofobia y eliminarlos, porque son los que nos mantienen atrapadas en nuestra opresión.
2. ¿ Cómo es y Cómo nos afecta la lesbofobia internalizada?

Los esquemas de lesbofobia internalizada se actualizan de decenas de formas diferentes en cada una de nosotras. Pero hemos llegado a reconocer que hay ciertas formas de lesbofobia internalizada que son experimentados por la mayoría de las lesbianas en nuestra sociedad. Algunas de esas formas son tan universales en nuestras culturas lésbicas que erróneamente se las toma por expresiones “auténticas” de esas culturas.

Estos sentimientos y conductas que nos lastiman y destruyen no son parte de nuestras verdaderas culturas. No son parte de la naturaleza de las lesbianas. Son solamente esquemas crónicos (que actúan todo el tiempo y se malinterpretan como si fueran la realidad) que son producto del maltrato sistemático e institucionalizado.

Comprender esto nos da seguridad para encarar la tarea de identificar todas las formas de lesbofobia internalizada en nosotras mismas y las formas de que otros grupos de personas oprimidas internalizada su propia opresión. Las reconocemos como nuestra enemigas, esquemas crónicos que impiden nuestra liberación. Cada ejemplo que encontramos lo sometemos a juicio y lo re-evaluamos. Veamos como opera la lesbofobia internalizada.

Relaciones individuales
La lesbofobia internalizada nos hace actuar nuestra rabia, miedo, indignación, frustración y sensación de estar indefensas contra las otras lesbianas, a menudo contra los que tenemos más cerca (parejas, amigas).
Somos feroces críticas de las otras lesbianas y buscamos todos sus defectos; somos implacables con las que “dan una mala imagen” (cualquiera sea nuestro concepto de esa imagen), todo lo cual contribuye a que destruyamos la confianza de las otras en sí mismas.
Esto se hace particularmente agudo cuando nos reunimos en grupo para enfrentarnos a algún problema o para encarar un proyecto de liberación. E producto de esa actitud son las divisiones y la desunión, que nos llevan a la desesperanza y a abandonar la lucha.

Relaciones de liderazgo
La lesbofobia internalizada nos hace atacar, criticar o abrigar expectativas irreales frente a cualquiera de nosotras que tenga el coraje de dar un paso adelante y asumir responsabilidades de líder. Esta hace que nuestras líderes carezcan del apoyo que es imprescindible para que emerjan liderazgos efectivos y para que los grupos se fortalezcan. También conduce directamente al fenómeno de “quema” de líderes, que todas hemos presenciado o vivido en carne propia.

Aislamiento de otras lesbianas
La lesbofobia internalizada ha causado las profundas heridas que hemos recibido de nuestras hermanas. A menudo desarrollamos en respuesta modelos defensivos de miedo, desconfianza, retraimiento, o aislamiento frente a otras lesbianas. Y por encima de todo esto a menudo sentimos vergüenza de expresar el miedo que nos producen las otras lesbianas.
El aislamiento que resulta de la lesbofobia internalizada puede volverse tan severo que una lesbiana se puede sentir más segura con personas heterosexuales (o varones gays) y confiar e ellas o ellos más que en otras lesbianas. Esta es una ilusión, una confusión creada por la lesbofobia internalizada, pero una de nosotras puede acomodarse y vivir dentro de esa ilusión porque la hace sentir más “cómoda” y por lo tanto, “funciona” para ella. Si pensamos con claridad, sin embargo, nos damos cuenta que esta solución no es la ideal. Ninguna lesbiana podrá resurgir como tal a menos que encare el aislamiento frente a su propia gente y lo disuelva.
Tengo la seguridad de que cada vez que me siento intolerante, irritada, impaciente, avergonzada, incómoda, “no tan torta como…”, “más lesbiana que…”, mejor que, no tan buena como, temerosa de, en peligro con, aislada de, desconfiando de, descuidada por, incapaz de apoyar a, o sin apoyo por parte de… cualquier otra lesbiana, hay algo de lesbofobia internalizada que está en funcionamiento. Cada vez que encaro una acción o no encaro ninguna acción basándome en cualquiera de esos sentimientos, estoy cediendo frente a mi lesbofobia internalizada, estoy sintiéndome una persona sin poder. Por ejemplo si no pido, demando y organizo para mí el apoyo que necesito recibir de mis hermanas lesbianas, estoy fortaleciendo los efectos de la opresión en todas nosotras. De la misma manera, si no persisto con firmeza en ofrecer y brindar mi apoyo a otra lesbiana que está presa de un modelo adquirido de sufrimiento (aunque tenga que poner en riesgo lo que siento), me estoy creyendo lo que la lesbofobia dice de mí y de mi falta de poder.

Estereotipos internalizados
La lesbofobia internalizada nos ha llevado a aceptar muchas de los estereotipos de lesbianas creados por la mayoría heterosexual. Nos han enseñado a sentir bronca o vergüenza ante cualquier cosa que difiera demasiado del ideal mítico de la clase media de la mayoría heterosexual: modales que son de “camionero”, lesbianas que son “feas” y “gordas”, relaciones que son “promiscuas”, posturas que son “demasiado rígidas”, etc.

Limitación de nuestra cultura lésbica
La lesbofobia internalizada nos lleva a tener una visión limitada y estrecha de lo que es una “auténtica” cultura y conducta lésbica. De nosotras se han burlado, nos han humillado, atacado y aislado por ser “académicas”; por hablar o por no hablar de determinada manera; porque nos gusta el rock o los boleros; porque no bailamos; porque ejercemos una profesión “femenina” o “muy masculina”; porque nos maquillamos o porque jamás lo hacemos; porque nos vestimos “de hombre” o “de minita”, porque fuimos antes heterosexuales o porque nunca lo fuimos etc. De ésas y de muchas otras formas nos han dicho que no éramos lesbianas auténticas, o que no éramos lo suficientemente lesbianas, o que tratábamos de “pasar por héteros”, etc. Todas estas formas de herirnos fueron producidas y aceptadas por lesbianas que estaban actuando su lesbofobia internalizada.

Desconfiar de nuestros propios pensamientos
La lesbofobia institucionalizada y la internalizada que de ella resulta hacen que nosotras dudemos de nuestros propios pensamientos. Dudamos de nuestra propia capacidad de pensar con inteligencia, y de la de otras lesbianas. Aun cuando sí confiamos en nuestra propia capacidad de pensamiento, no podemos convertir nuestro pensamiento en acción debido a las estructuras y prácticas lesbofóbicas y opresivas de la sociedad.

Necesidad de sentirnos bien ahora mismo
La desesperanza y la sensación de indefensión que resultan de nuestra posición invisible en la sociedad, dan como resultado otra característica común entre nosotras que yo llamo el “sentirse bien ahora mismo”. La ideación que la sostiene es la siguiente: “Dado que no sé que hacer (producto del “yo no puedo pensar bien” anterior) o, sabiendo que hacer me veo impedida de hacerlo por la lesbofobia que me rodea, y dado que todo esfuerzo que hagamos las lesbianas está condenado a la derrota a largo plazo (indefensión y desesperanza), tengo que conformarme con sentirme bien ahora mismo “al menos me merezco eso”. Las drogas, el alcohol y otras adicciones; las conductas sexuales compulsivas y dañinas; el consumismo, el uso irracional del dinero; todos los complicados rituales de los bares (o grupos), los juegos, las poses y las mentiras que agotan nuestras energías; todo esto se relaciona directamente con la lesbofobia y la opresión internalizadas.

El aprendizaje y las metas de largo alcance
El aprendizaje y el pensamiento se ven muy afectados por la opresión internalizada. Aquí la lesbofobia real, objetiva, se combina con la internalizada y con sensaciones poderosas de indefensión para hacer que nos sea muy difícil mantener un pensamiento flexible todo el tiempo, o corregir nuestras acciones teniendo en cuenta metas de largo plazo, o hacer esfuerzos cuyos resultados tarden en producirse. Como la sociedad nos impide que actuemos según lo que nuestro pensamiento nos dice que es correcto (con mucha frecuencia nosotras sabemos lo que está mal y cómo se los puede resolver) nos vemos limitadas a actuar según lo que sentimos. Sería difícil encontrar una manera mejor de mantenernos indefensas e ineficientes en cuanto a lograr nuestra liberación.

Supervivencia
La lesbofobia internalizada es uno de los principales factores que influyen para que tengamos conductas de “supervivencia” o de “seguir tirando”. Algunas de estas conductas tuvimos que desarrollarlas cuando era mucho más difícil para nosotras existir (cuando la opresión de las mujeres en general era mucho más visible), como respuesta a la aguda necesidad de sobrevivir en tal situación. Aprender a soportar las humillaciones en silencio, practicando con las otras, es un buen ejemplo de este tipo de conducta. Desarrollar conductas escondedoras, dobles, desconfiadas, o réplicas de la hetero-sexualidad entre nosotras es otro ejemplo. Para sobrevivir también hemos aprendido a no mostrar ni compartir nuestros sentimientos (conductas “frías”) o a disfrazarlos (conductas “duras”), sobre todo nuestros sentimientos de dolor, vulnera-bilidad, amor, bronca. Porque hemos sido víctimas de ataques, humillaciones, invisibilidad, estos esquemas cuando se reactivan nos llevan a desplegar esas mismas conductas con otras lesbianas y a sentir que debemos hacerlos para poder sobrevivir, o al menos para no volver a ser víctimas de esos mismos maltratos.
Esas conductas no sirven para nuestros intereses ni para nuestra liberación; pero así como el esquema de opresión sigue operando aun cuando ya no sirve al propósito explotador para el que en principio se instaló, así nuestras conductas de seudosupervivencia tienen un impulso propio y siguen vivas aun en los ámbitos o situaciones donde no las necesitamos.
Ya no nos sirve contentarnos con sobrevivir. No es suficiente. Parte de nuestra cultura lésbica es ceder a lo peor de nuestra lesbofobia internalizada.

Otras formas de opresión y división entre nosotras.
Los modelos de sufrimiento puestos en acción nos han llevado a introducir, tolerar, reproducir, e internalizar dentro de nuestra sub-cultura lésbica otras opresiones tales como el racismo, el clasismo, la discriminación por edad, el antisemitismo, la discriminación por apariencia física, discapacidad, etc. Esto sólo ha servido para crear mayor desunión y divisiones entre las lesbianas. De esta manera se hace imposible que nos unamos, que juntemos nuestras fuerzas y que nos aliemos con otros grupos oprimidos.

Estas son algunas, de ninguna manera todas, las manifestaciones más comunes de lesbofobia internalizada entre nosotras. Es probable que todas y cada una de las lesbianas hayamos vivido por lo menos uno de estos modelos de sufrimiento pero siempre de manera única, individual. Cada una ha sido oprimida de una forma particular y ha internalizado y vivido esta opresión de una manera única.

Aunque los efectos de estos modelos son devastadores para nosotras, no tenemos que desesperarnos. La primera victoria que podemos obtener contra ellos es darnos cuenta de que estos sentimientos terribles y las conductas destructivas que resultan de ellos son sólo esquemas, esquemas de sufrimiento que nos han impuesto desde afuera. Saber que cada uno y todos ellos pueden ser destruidos si los reevaluamos y los descargamos de manera sistemática y comprometida, también es importante. Podemos reemplazar estos modelos destructivos por una realidad de racionalidad, amor, poder y unidad entre TODAS las lesbianas.

El perpetuar los modelos de sufrimiento internalizados es lo que se interpone en el camino para que no podamos unirnos y decidirnos a terminar con la opresión que se ejerce contra nosotras.
3. ¿Qué podemos hacer?

Tenemos dentro nuestro el conocimiento, las herramientas y el poder para atacar y eliminar la lesbofobia internalizada de entre nosotras y en el mundo en general. No creo que ninguna otra cosa puede contribuir más a nuestra re-emergencia individual y a la liberación de las lesbianas que nuestro firme compromiso con este proyecto.


¿Cómo lo hacemos?

Comprendiendo, perfeccionando y refinando la teoría de la lesbofobia internalizada para hacerla más preciso y más funcional de acuerdo a nuestra propia realidad. Buscando toda información que sea relevante en este sentido.

·Comprometiéndonos cada una a identificar y reconocer la lesbofobia internalizada en una misma y en las otras. Estar alerta ante los rasgos de lesbofobia internalizada que aparecen en las relaciones e interacciones que no funcionan bien y que no se caracterizan por la comprensión, la cooperación, el pensamiento claro y la sensación de estar a salvo.
·
Preguntando y preguntándonos:

¿Qué ha sido lo bueno de ser lesbianas?
¿Qué me hace sentir orgullosa de ser lesbiana?
¿Cómo son de verdad las lesbianas?
¿Qué ha sido lo difícil de ser lesbianas?
¿Qué quiero que las otras lesbianas sepan de mí?
¿Cómo me han lastimado (específicamente) las propias lesbianas?
¿Alguna vez defendí a una lesbiana en una situación donde otra la estaba maltratando?
¿Alguna vez una lesbiana me defendió con firmeza en una situación donde otra lesbiana me estaba atacando?
¿Recuerdo alguna ocasión en la que una lesbiana (con la que yo no tuviera una relación cercana) haya tomado partido por mí?
¿Recuerdo alguna ocasión en la que yo haya actuado a partir de alguna de las manifestaciones de lesbofobia internalizada que se describieron antes?
¿Recuerdo alguna ocasión en la que me haya negado o resistido a actuar a partir de alguna de esas mismas manifestaciones?

Pongámonos todas de acuerdo para dejar de ser víctimas de la lesbofobia internalizada. Veámosla como lo que realmente es: Nada más que un modelo de sufrimiento que porta una víctima que se siente impotente.
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LO IDEAL ES QUE LA HOMOSEXUALIDAD DEJE DE SER UN PROBLEMA PARA LA GENTE


Psicoterapeuta Marina Casteñeda - Por Amparo Jimenez

Hasta hace 20, la homosexualidad era enfocada como una patología mental, luego, las grandes asociaciones profesionales de psiquiatría y psicología la tacharon del campo patológico y surgió la idea de que al homosexual se lo debe tratar como a cualquier otra persona. Sin duda esta es una posición bien intencionada pero creo que es errónea, porque ni el individuo homosexual, ni la pareja homosexual es similar al heterosexual. Hay diferencias profundas, a nivel individual, en su desarrollo, en la forma de relacionarse con los demás, con la pareja, con la familia, con la sociedad, con uno/a mismo/a».
Esta idea de no patología pero sí diferencia, es el concepto central a través del cual se desarrolla el libro «La Experiencia Homosexual - Para Comprender la homosexualidad desde dentro y desde fuera» de la Psicoterapeuta Marina Castañeda, recientemente publicada por Editorial Paidós, ambiciosa e innovadora aportación en la cual abarca temas que van desde la identidad homosexual, la pareja lésbica y homosexual, pasando por la homofobia internalizada, las vicisitudes del closet (encierro en el secreto se ser lesbiana u homosexual), la bisexualidad, hasta los aspectos terapéuticos con individuas/os y parejas.
Aunque el libro está referido tanto a la homosexualidad (masculina) como al lesbianismo, nuestro interés al dialogar con ella está en profundizar algunos aspectos que sobre el lesbianismo y las lesbianas la autora desarrolla en sus textos.

Gran canarioparatorpes

Marina, creo que tu libro es muy completo, muy amplio, alimenta ricamente un campo muy vacío y muy necesitado de este tipo de análisis serios, sin embargo hay algunas cosas que quisiera ampliar. Por ejemplo tu planteas a la homosexualidad y al lesbianismo con rasgos particulares, como una diferencia que hay que asumir y apreciar y a la vez planteas una suerte de necesidad de asimilación que la llegas a manejar como «madurez» y hasta la relacionas a parejas mas estables. Veo aquí algo que siento contradictorio. Incluso la idea de pareja estable me parece una necesidad de la heterosexualidad.
Creo que lo ideal es que la homosexualidad deje de ser un problema para la gente, que ya no sea una barrera, igual que el hecho de ser negro, o ser judío, o de cualquier minoría. Manteniéndose como diferencia, sí, en algunas cosas, pero no una barrera donde a un lado estamos los ´enfermos homosexuales´ y al otro los ´sanos heterosexuales´. Ese tipo de barrera es la que debemos ir desapareciendo. Yo planteo qué para el homosexual maduro, asumido, que ya vive plenamente su vida homosexual, la homosexualidad deja de ser importante. Eso no es más extraordinario que lo que le sucede con la gente heterosexual. Para los adolescentes y jóvenes heterosexuales, el sexo lo es todo y salen con gente, escogen actividades, amistades, la mayoría de sus cosas en función de preocupaciones, deseos y actividades sexuales; cuando ya maduran, la cosa sexual deja de ser tan importante y llega a ser un aspecto de la vida, no el más importante. El problema es que hay muchísimos homosexuales para quien la homosexualidad sigue siendo un conflicto interno toda su vida. Y aún muchos de los más asumidos, tienen de hecho algún conflicto interno con la homosexualidad. Eso es importante reconocerlo, es importante escuchar y trabajar esos problemas en la medida de lo posible.

Al estipular que el homosexual y la lesbiana madura se va alejando del «aislamiento» y se va integrando a la sociedad en general, veo el riesgo de que se diluyan las experiencias. Las lesbianas jóvenes están en su mayoría en el closet y en los bares, las que ya maduraron están integradas y fuera y para peor los modelos del espectáculo son en su mayoría modelos extranjeros.
Por supuesto que estamos hablando en un contexto histórico. Es un proceso histórico que tiene momentos. Evidentemente la marginación entre los homosexuales en México sigue vigente. La homofobia sigue vigente, así como el racismo también. Sin embargo creo que la situación ha mejorado para los jóvenes, de alguna manera la tienen mas fácil que los adolescentes de hace 20 años, 30 años, 50 años. Creo que es un poco menor el estigma, el prejuicio y hay más modelos. Ellos si pueden ver en la vida cultural, en la vida del espectáculo a muchos hombres homosexuales hombres y mujeres que viven públicamente su homosexualidad y que no solo no están enfermos y desgraciados, sino que son sanos, guapos, felices, exitosos, prósperos. Y eso creo que cambia todo. Hay muchos más homosexuales que viven fuera del closet con respecto a sus familias, sus vecinos, sus colegas. Todo eso si se ha abierto mucho. Y eso precisamente abre la posibilidad de una vida menos marginada. De una vida mas ´normal´.
Por otra parte el homosexual tiene -idealmente- la posibilidad, y creo el privilegio de poder vivir en dos mundos: la identidad, la pareja y las amistades gay y al mismo tiempo poder vivir la vida del resto de la sociedad. Estar a la vez adentro y afuera de la sociedad, integrarse adonde quieran. Entonces yo no creo que sea ineluctable esa marginación aislada. Creo que se puede combinar estratégicamente, cautelosamente con una integración a la sociedad en su conjunto.

Otro aspecto: tu dices en el libro, que al estar dos mujeres juntas automáticamente se «descubre la igualdad y reciprocidad desconocida anteriormente». Esto se me hace irreal, dado los temas que aún no se tocan abiertamente como son los conflictos y aún la violencia entre mujeres.
»Bueno, se ha estudiado mucho el estilo de comunicación de las mujeres y se ha encontrado que tiende a ser más igualitario, más recíproco. Una serie de patrones culturales de comunicación promueven una comunicación más fluida entre mujeres que entre dos hombres, o que entre hombre y mujer. Muchas mujeres, dentro de sus relaciones homosexuales encuentran en efecto un estilo de comunicación, una escucha, una reciprocidad bastante especial. Esta comunicación tan fluida, también tiene los riesgos que menciono en el libro, la tendencia a la fusión, casi llegar a creer en una telepatía que puede llevar a una falta de diferenciación, de individuación y que frecuentemente conlleva una declinación de deseo sexual en la pareja.
La violencia entre las mujeres, es normal en un país como el nuestro. Las mujeres lesbianas sufren dos niveles de marginación. Uno por ser mujeres, otro por ser lesbianas. Eso no facilita el hecho de ser lesbiana. Por otra parte las lesbianas en México, de alguna manera implícitamente están renunciando a una serie de apoyos que le da la sociedad mexicana a la mujer. Muchas veces, viven una situación de desprotección, de vulnerabilidad que es en efecto muy grave, y causa muchos, muchos problemas, que pueden incluir el alcoholismo, el abuso de drogas, la violencia. Claro, esos son efectos muy claros de la doble marginación que viven las lesbianas, pero no es inherente a la homosexualidad.

Donde hablas de las parejas de hombres, mencionas que son innovadoras, como modelos de los cuales inclusive se podría aprender. Esto me brinca. ¿No es esto como aceptar que el modelo masculino de sexualidad es el que tiene razón y negar que entre mujeres vivimos la sexualidad como realmente es para las mujeres en la ausencia del hombre?
Creo que hay varias capas en esto. O sea, parece ser que la sexualidad femenina sí es muy diferente de la masculina. Desde la fisiología hasta la naturaleza del deseo socializada de manera diferente, se trata de dos sexualidades diferentes. Pero también hay una dinámica de relación entre mujeres que tiene que ver con la fusión (tema inmenso y complejo; a las que les interese este tema, que lean el libro) y que lleva a que las dos mujeres se acerquen y parezcan cada vez más y eso a veces va afectando, minando el deseo y la relación sexual. Los hombres están más enfocados hacia la sexualidad, socializados para tener más relaciones sexuales, tomar la iniciativa e incluso tener prácticas sexuales más variadas que las mujeres. Mantienen una distancia crítica entre ellos y eso es importante para mantener vivo el deseo. Entonces yo creo que en efecto todos podemos aprender de estas formas de relación alternativas. Hay una gran variedad de formas de relación, que si las vemos sin juicios de valor nos pueden enseñar mucho.
Precisamente la enorme fortaleza de la pareja homosexual es que puede inventar sus propias reglas del juego. Que cada pareja pueda establecer y cultivar el tipo de relación que quiera y luego irla cambiando, adaptando y renegociando continuamente.

Este tema de la baja en la intensidad y frecuencia de las relaciones sexuales es preocupación recurrente en las parejas lésbicas con un cierto tiempo juntas.
Creo que es indispensable para la pareja lésbica desarrollar la diferencia. Contrarrestar la tendencia a la fusión, permitir que cada mujer tenga su desarrollo individual y su diferencia. Creo que esa es la única manera de mantener viva la relación sexual entre dos mujeres. Esto es lo que he observado clínicamente. No viene de ninguna teoría, sino de la observación en realidad. En cuanto más diferenciadas las mujeres, mejor va a ser su relación sexual por ende toda la relación

LOS MATRIMONIOS BOSTONIANOS



A finales del siglo XIX y comienzos del XX en Estados Unidos y Gran Bretaña comenzó a ser relativamente frecuente que algunas mujeres de la alta sociedad, siempre con educación o dinero propio, optaran por no casarse nunca y por vivir en cambio apasionadamente ligadas a otras mujeres. Estas parejas eran estables y admitidas por la sociedad de su tiempo, que no veía nada peligroso en que dos mujeres se entregaran la una a la otra, construyeran un proyecto de vida en común y vivieran exactamente igual que un matrimonio. El sexo lésbico era impensable. No se sabe a ciencia cierta si estas mujeres mantenían entre ellas relaciones sexuales no porque el sexo por entonces no se nombraba, y mucho menos el sexo lésbico, pero parece fuera de toda duda que por lo menos algunas de ellas sí que tuvieron sexo. Se escribían apasionadas cartas de amor en la que se llamaban una a la otra “esposa” y en la que, en muchas ocasiones se hacen veladas referencias al placer sexual; viajaban juntas y pedían cama de matrimonio en los hoteles, pidieron ser enterradas juntas y todo esto no despertaba ninguna suspicacia en aquella sociedad victoriana.

El fenómeno se produjo especialmente en los Estados Unidos, en las zonas universitarias de la Costa Este durante las últimas décadas del siglo XIX. Para que estos “matrimonios” fueran posibles se tenía que dar una condición imprescindible, que las dos, o al menos una de las dos mujeres, fuera independiente económicamente, pues esa circunstancia era la que iba a posibilitar vivir sin un hombre. Y ser independiente económicamente siendo mujer no era entonces muy frecuente, sólo algunas mujeres de familias ricas se lo podían permitir. De hecho, una de las excusas que se daban para renunciar a la vida de mujer casada, a la vida familiar y con hijos, era precisamente el poder trabajar y desarrollar una carrera intelectual, sólo en ese caso la sociedad aceptaba esa situación. La posibilidad de estar casada y trabajar fuera de casa era considerada más despreciable que la de renunciar a la vida familiar por la carrera. De hecho, muchas sufragistas de la época mantuvieron este tipo de matrimonios bostonianos (llamados así por la novela de Henry James, “Las bostonianas”, que relata precisamente la vida de estas mujeres). Muchas de ellas fueron las primeras universitarias de su época, las primeras en ser admitidas en las universidades, las primeras científicas, las primeras feministas.

Aunque es absurdo pretender que ninguna de estas parejas tuvieron relaciones sexuales, lo que sí está fuera de duda es que ellas no se identificaban como lesbianas o como homosexuales. Primero porque tal término no existía o no se usaba nunca, y segundo porque para ellas era más importante el hecho de haber renunciado al único papel social que las mujeres tenían asignado, el de esposa-madre que tener una determinada sexualidad. Además, mientras estas mujeres vivían sus vidas sin preocuparse de lo que los demás pensaran de ellas, los científicos y sobre todo los sexólogos de la época ya estaban interesados definiendo lo que era una lesbiana. Una lesbiana era siempre una mujer de clase trabajadora, normalmente odiaba a los hombres, era un hombre encerrado en un cuerpo de mujer; le gustaba hacer las cosas que les gustaban a los hombres, e incluso hacerse pasar por hombres en muchas ocasiones, fumar, los ejercicios violentos, los modales rudos. Las bostonianas, mujeres distinguidas, elegantes y cultas, no sentían para nada que ellas fueran hombres atrapadas en cuerpos de mujer, se sentían mujeres que habían decidido vivir de otra manera, como mujeres y con otras mujeres. Por eso no se sentían en nada identificadas con esa definición que comenzaba a aparecer de las lesbianas.

Eso permitió a Emma Goldman, famosa reformadora social y luchadora anarquista exclamar acerca de una mujer de la que se supo que acababa de fugarse con otra mujer: “Qué odiosas son las lesbianas. Odian a los hombres y todo lo hacen en contra de ellos”. Estas palabras las dijo cuando ella misma mantenía una relación lésbica con una prostituta a la que ayudó a abandonar la prostitución y con la que se escribía apasionadas cartas de amor. Emma no odiaba a los hombres, luego no se sentía una de ellas. A comienzos del siglo XX la presión de los científicos acabó con esta forma de vida con la que algunas mujeres habían conseguido un espacio de libertad para ellas mismas. Comenzaron a escribirse libros en los que se advertía contra las parejas de mujeres que tenían entre ellas “demasiada intimidad” y, a partir de aquí, cualquier mujer que tuviera relaciones sexuales con otra no podía ya dejar de saber que era una lesbiana, lo que en ese momento era denostado y perseguido socialmente.
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Lesbianismo y vejez: una combinación no demasiado mala


Por Beatriz Gimeno
Presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (FELGT) (España)

Vivimos en una época que ha convertido la vejez en una palabra sucia. La gente gasta mucho dinero, esfuerzo, tiempo, salud, en parecer más joven de lo que es realmente. Operaciones, cosméticos, tratamientos muy costosos y dolorosos en una loca carrera para huir de algo que, indefectiblemente, nos terminará alcanzando. El mito de la juventud se ha instalado definitivamente entre los gays, quienes han creado y sostienen una subcultura en la que se rinde culto a la juventud y en la que se desprecia y se denosta, hasta límites increibles, a los ancianos. He escrito recientemente un artículo referido a la discriminación que los gays ancianos padecen, tanto entre la propia comunidad gay como en la sociedad heterosexual en general; en este artículo hacía referencia a los estudios y a los artículos que se han escrito sobre el tema de la vejez entre los gays en los últimos años. Sin embargo, como siempre, hay muy pocos estudios relativos a la vejez de las lesbianas.


Gran canarioparatorpes

Lo poco que se sabe sobre este tema parece sugerir que, llegadas a la vejez y paradojicamente, las lesbianas pueden vivir una vida en la que disfruten, en algunos aspectos, de una mayor calidad de vida con respecto a los gays y a las mujeres heterosexuales, aunque también señalan la existencia de discriminaciones específicas que hay que conocer y combatir. El problema de la vejez afecta especialmente a las mujeres en una sociedad patriarcal como la nuestra. Al ocupar en esta cultura todavía un lugar eminentemente sexual y reproductor, las mujeres, a lo largo de la historia, sufren de una aun mayor desvalorización en el momento de la menopausia cuando su papel como reproductoras desaparece y su papel sexual, de una manera simbólica también. No son pocas las mujeres heterosexuales que han relatado que llega una edad en la que sienten que se vuelven “invisibles”. En la cultura occidental patriarcal “las brujas” son las ancianas sabias, aquellas que, lejos ya de los imperativos biológicos, se atreven a desafiar los mandatos de su género adquiriendo y transmitiendo conocimientos. Puestas en el lugar al que se dirige la mirada masculina, las mujeres que dependen de esa mirada son las que se sienten “invisibles” y son las que se agrandan y achican los pechos, las que se estiran las arrugas, se quitan la celulitis y las que se angustian cuando esa mirada, que las ha acompañado a lo largo de su vida, valorizándolas, desaparece. En relación a la edad, a la vejez, y con la ventaja anteriormente mencionada sobre las mujeres heterosexuales, las lesbianas se encuentran, como hemos dicho, en una situación un tanto paradójica.


Como lesbianas comparten con los gays todas las discriminaciones que una sociedad homófoba ejerce sobre las personas con una orientación sexual distinta a la de la mayoría: La pobreza, la falta de recursos, la invisibilidad, la discriminación en las instituciones, el heterosexismo dominante, se ceban en los viejos y de éstos siempre en los más débiles, en los más vulnerables, en este caso en aquellos con una orientación sexual homosexual. Pero más vulnerables que los varones más débiles son siempre las mujeres que, aun compartiendo con los ancianos gays muchos o todos de los problemas mencionados, sufrirán, además, una discriminación añadida a su orientación sexual por el hecho de ser mujeres. La pobreza, por ejemplo, que es uno de los problemas más acuciantes para todos los ancianos afecta en proporción mucho mayor a las mujeres que a los hombres, y entre aquellas también a las lesbianas. Los problemas de salud son una de las mayores preocupaciones de las personas mayores en todas las sociedades. Unos servicios de salud no preparados para asumir la homosexualidad de sus clientes pueden provocar la desconfianza de éstos y, debido a este problema, tratamientos erróneos o ineficaces o incluso desprotección frente a las enfermedades.

En su vejez, las lesbianas pueden estar necesitadas de atención sanitaria en mayor aun medida que los gays. Si durante toda su vida las mujeres tienen que prestar una atención especial a las enfermedades relacionadas con la ginecología, en la ancianidad esta necesidad es aun mayor. Pero al estar la medicina ginecológica relacionada con la vida sexual y reproductiva de las mujeres, es un sector de la medicina que está especialmente afectado por los prejuicios y por el sesgo patriarcal que todavía rige todo lo que se refiere a la sexualidad femenina. Así, si la presunción de heterosexualidad está presente en todos los ámbitos de la vida de las lesbianas, aun más enraízada lo está medicina ginecológica que en España continúa indefectiblemente identificando sexualidad con sexualidad heterosexual y aun ésta con penetración. Cuando los ginecólogos preguntan a una paciente si mantiene relaciones sexuales, lo que la están preguntando es si es penetrada habitualmente, pregunta esta que confunde y enmudece a muchas lesbianas. La presunción de heterosexualidad es un factor decisivo en la incomodidad que las mujeres lesbianas declaran sentir ante el ginecólogo que, además, realiza las exploraciones sin ningún cuidado ni delicadeza.


Las lesbianas han declarado en todos las encuestas que se han hecho (en EE.UU por supuesto) que se sienten maltratadas y muchas veces humilladas por los ginecólogos, en quienes no pueden confiar para contarles sus problemas de salud. Esta reticiencia para acudir al especialista es lo que ha convertido el lesbianismo en un factor de riesgo frente a determinadas enfermedades de origen ginecológico, como el cáncer de mama o de cuello de útero, o de ovarios. Esa es la razón principal, hay otras de menor importancia, de que las lesbianas sufran estas enfermedades en mucha mayor medida que las mujeres heterosexuales y de que éstas no sean adecuadamente prevenidas ni combatidas. Las pautas claramente patriarcales y heterosexistas que imperan en la medicina tienen la culpa. Lo dicho hasta ahora es la cara negativa de la vejez de las lesbianas, pero no es la única cara. Según los escasos estudios publicados sobre el tema, las lesbianas viven su vejez en mejores condiciones que los gays y, casi siempre en mejores condiciones también que las mujeres heterosexuales a quienes sus matrimonios impidieron crear o conservar fuertes vínculos con otras mujeres. Respecto a los gays y a las mujeres heterosexuales, las lesbianas tienen la enorme ventaja de que la cultura femenina no ha instaurado la juventud ni la belleza física como valor supremo por el que regirse en sus relaciones con los demás; las mujeres no están socializadas para primar esos factores sobre otros a la hora de buscar pareja o de enamorarse.

No es que las lesbianas no quieran ser también valorizadas y apreciadas por una mirada de deseo; es sólo que la mirada que las lesbianas desean sobre sí, la mirada de otra mujer, será como la mirada que las mujeres heterosexuales dedican a los hombres a los que desean y a los que aman, una mirada que valorará otros aspectos de la personalidad que no los puramente físicos. Las lesbianas, al fin y al cabo, han sido socializadas como todas las mujeres y como ellas aprendemos a mirar y a desear. Esto hace que las mujeres lesbianas puedan enamorarse, encontrar pareja y ser deseadas por otras mujeres hasta edades en las que los gays hace tiempo que dejaron de contar. No es infrecuente que en los grupos de lesbianas existan parejas formadas por mujeres mayores que conviven con mujeres mucho más jóvenes y la discriminación por edad no se produce apenas, al menos no por el momento, en los grupos de lesbianas, donde conviven sin demasiados problemas mujeres de todas las edades. No es infrecuente tampoco que mujeres que pertenecen a diferentes grupos generacionales establezcan fuertes, estrechos y duraderos vínculos de amistad. Amistades femeninas que incluyen el cuidado, la intimidad y la cercanía emocional, lo que, indudablemente, es un factor muy positivo en un momento de la vida en el que está sociedad volcada a la juventud abandona a sus mayores en la soledad y el desamparo.

Las lesbianas no se sienten solas tan a menudo y disponen de más recursos que los gays para vivir esos años. Además, no hay que olvidar que las mujeres viven más que los hombres, por lo que las lesbianas pueden vivir con su pareja y con sus amigas de siempre hasta edades muy avanzadas, hasta edades en las que las mujeres heterosexuales se han quedado viudas y los gays han perdido a su pareja y a sus pares de edad. Por otra parte, la famosa invisibilidad de las lesbianas, que persigue y acompaña a las lesbianas durante toda su vida, puede llegar a convertirse en el factor que permita que dos mujeres vivan juntas en su casa o en una residencia, o que se visiten unas a otras, o que duerman unas en casa de las otras, o que viajen juntas, sin ser por eso sometidas a presión de ningún tipo, y eso en un momento de la vida en que se es especialmente vulnerable a la presión del entorno. Otro factor que incide favorablemente en la calidad de vida de las lesbianas ancianas es que, a lo largo de su vida, las lesbianas, como las mujeres en general, han protegido y cuidado sus vínculos familiares en mayor medida que los gays y en mayor medida también que los hombres heterosexuales, por lo que la soledad y el aislamiento no les afecta de la misma manera. En los últimos años, además, muchas lesbianas están teniendo o adoptando hijos con los que mantendrán relaciones muy cercanas que se mantendrán fuertes en esos años. Todo lo dicho no obsta para que, en los años que vienen no tengamos las personas que trabajamos en contra de la discriminación y de la marginación a que esta sociedad somete a lesbianas y gays, que ocuparnos de la calidad de vida de las lesbianas ancianas, de las nuevas discriminaciones y de las antiguas, de sus necesidades, de sus deseos, de valorar sus vidas, transcurridas en una época en la que ser lesbiana y vivir como tal era algo muy diferente de que lo es ahora; tendremos que escucharlas para que nos enseñen lo que saben, aprender de ellas, mirarnos en ellas, para poder finalmente llegar a ser como ellas. Las lesbianas tendremos que resistirnos a dejarnos llevar por la marea de una sociedad y de una cultura que desprecia e ignora a sus mayores, simplemente porque ese trato es injusto, pero sobre todo porque es suicida: viejas vamos a ser todas.




Margarita Pisano

La historia de la especie humana está demarcada con cuerpos sexuados diferentes, cuerpo-mujer/cuerpo-hombre. Sobre estos cuerpos se construye todo un sistema de significaciones, valores, símbolos, usos y costumbres que normalizan no sólo nuestros cuerpos, sino la sexualidad y, por ende, nuestras vidas, delimi-tán-donos exclusivamente al modelo de la heterosexualidad reproductiva.

La reducción de la sexualidad al espacio reproductivo es fundamental para declarar al cuerpo como objeto para ser dominado, en contrapunto a lo superior: la mente y el espíritu. El hombre superior es aquel que domina su cuerpo, y para el cual el cuerpo es algo molesto pero inevitable. El corte conflicto entre cuerpo y mente es una de las zonas donde se experimenta el dominio, donde se instala la construcción de las carencias y se asignan las capacidades. El crear, pensar, organizar y elaborar valores, es lo que se define como masculino y traduce a su cuerpo en lugar de entrenamiento y desarrollo para el dominio, tal como piensa sus cuerpos culturales (academia, instituciones deportivas, ejércitos, iglesias, etcétera). Cuerpos que se recuperan, se legitiman y admiran dentro de la cultura masculinista.

El cuerpo mujer, por el contrario, es un cuerpo subordinado a su función reproductora. Reducido a sujeto instintivo y/o a objeto de placer, anulado como sujeto pensante, gracias a esta operación cultural de cuerpo supeditado al dominio.

Estos son algunos de los signos con que se construyen las ideas de feminidad y donde la mujer pierde automáticamente la autonomía e independencia, para formar parte de una masculinidad que nos piensa y diseña nuestra subordinación en todos los ámbitos de la cultura, subordinación que es mucho más sutil y profunda de lo que aparentemente pudiéramos apreciar.

La cultura contemporánea no ha hecho sino afinar la sumisión y desligitimación de las mu-jeres, éste ha sido el hecho fundacional del patriarcado que se extiende y perfecciona en la cultura masculinista contemporánea, aunque haga el juego de apariencias democráticas e igualitarias. Detrás, existe una historia de represión donde las mujeres han sido desprovistas de la palabra y de proyectos políticos, lo que hace imposible salirse del lugar asignado. Es en este lugar simbólico donde se usa la sexualidad como un acto de apropiación que conlleva la dominación como idea de construcción cultural.

Para que todo este engranaje de significaciones opere, la historia de las mujeres ha sido focalizada en el ejercicio de amar sobre el pensar. El amor adquiere una dimensión invasiva y prioritaria, correspondiendo de esta manera al mandato cultural: las mujeres aman y los hombres piensan. En este espacio amoroso subordinado, las mujeres ejercen sus pequeños poderes, sus resistencias, sus tretas, sus influencias; único espacio de poder relativo que les pertenece. Contradictoriamente no somos las mujeres las amadas por la cultura, sino más bien, las deseadas, poseídas y temidas. Son los hombres los amados, tanto por las mujeres como por los propios hombres, construyendo así una cultura misógina que ama a los hombres y desprecia a las mujeres.

Se podría desprender entonces, que las mujeres que aman a mujeres, es decir, las les-bianas, no sólo transgreden este mandato histórico de subordinación a lo masculino, sino que, al mismo tiempo, poseen la potencialidad de sanarse de la propia misoginia para resim-bo-lizarse, no en función de otros, sino de sí mismas. Esta socialización contiene una trampa muy potente, pues cuando amamos a una mujer dentro del orden simbólico mascu-li-nista, nos transformamos en sujetos doblemente focalizados hacia el amor, atrapados en los mismos espacios que nos enajenaron de la historia de la humanidad. Dicha erótica contiene la ruptura de los limites de lo femenino y la resistencia al proyecto heterosexual establecido, rompiendo no sólo la misoginia, sino fundamentalmente la fidelidad de amor hacia los hombres.

Los modelos eróticos con que somos socializadas van construyendo y reconstruyendo la simbólica de lo femenino desde los poderes culturales, que son reforzados permanentemente por la iconografía de los medios de comunicación y de grupos culturales que, aunque, aparentemente tengan una posición permisiva o cuestionadora de la sexualidad o de la libertad, en lo medular siguen sosteniendo los viejos valores de la masculinidad.

Para cambiar estos valores se requiere necesariamente de un proceso político cultural civilizatorio que cuestione en lo más profundo los viejos estereotipos de la sociedad patriarcal, que sigue totalmente vigente, aunque se haya travestido de una seudo igualdad en esta masculinidad moderna.

El lesbianismo corresponde a un pensamiento historico-político que tiene características propias y que no son comparables, ni semejantes a la experiencia de las mujeres hetero-sexuales, aunque como mujeres seamos igualmente desvalorizadas.

La especificidad de la problemática de las lesbianas -a medida que el mundo homosexual ha adquirido más visibilidad- queda sumida en una lectura homosexual generalizada, donde priman de la misma manera que en la hetero-sexualidad, los intereses masculinos de un trato igualitario que no nos contiene.

Las feministas radicales y las feministas lesbianas sabemos que con leyes igualitarias no se arreglan nuestros problemas, ni se derrumba la feminidad como construcción cultural, por el contrario, la masculinidad sólo suma a su cultura a los discriminados útiles, allí radica su juego de diversidad.

La aspiración de igualdad que tiene el movimiento homosexual, corresponde a la nostalgia de haber formado parte de lo establecido y de compartir espacios de poder político y económico con el resto de los hombres. Siempre han formado parte del colectivo varón que tiene el poder.
La cultura que produce el mundo homosexual masculino está tanto o más impregnada de misoginia que la heterosexual. Ha sido usada por la cultura neoliberal masculinista para atrapar a las mujeres más que nunca en la secundaridad y la revalorización de objeto útil. El travestido no es otra cosa que la caracterización de la tonta femenina subordinada a los deseos y maltratos de la masculinidad.

Creo que la comunidad homosexual debiera repensar estos tics conservadores y el deseo de acceder a un sistema que los reprueba y persigue. Ya que sin entender la complejidad de la cultura masculinista en la que vivimos y lo funcionales que podemos llegar a ser, es difícil que nuestra opción sexual tenga una dimensión política que altere el sistema. Poco tenemos que hacer con los varones homosexuales, ellos no tienen nuestras experiencias corporales, históricas, ni biográficas de maltrato y sumisión, no son discriminados por sus cuerpos, sino por sus opciones. Forman parte de esta cultura, la reafirman y marcan constantemente.

La lesbo-homosexualidad se piensa desde un lugar fronterizo, entre la homosexualidad y la hetero-sexua-lidad, no forma parte de ninguno de estos dos modelos, aunque contenga algunos de sus tics culturales. Históricamente el pensamiento lesbiano ha sido un lugar de escondite y de exposición de un proyecto distinto de sociedad, donde no se necesita de la tolerancia de los poderes económicos, religiosos, culturales y políticos para existir.
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